Opinión

Cosas del Campo ¿Quién cuidará de tu almárciga?

Cualquiera que conozca a gente del campo sabe que durante muchos años la principal queja que ha venido manifestándose desde el sector era que la producción a pérdida hacía insostenible el mantenimiento de los cultivos. Resultaba tremendamente injusto y frustrante que el kilo de patatas por el que le pagaban al agricultor apenas 10 céntimos terminara costándonos en la frutería 1,10 euros. Resolver ese desfase se convirtió en una cuestión existencial y lo hemos hecho, interviniendo con una ley en los conflictos de intereses que se daban en la Cadena Alimentaria.

Por tanto, las tractoradas no las ha descubierto Abascal al que le mola posar a lomos de un caballo o subido al asiento de un tractor. Todo lo hace siempre desde una perspectiva superior, Abascal mira solo desde arriba. Cuesta creer que la ultraderecha encuentre complicidad entre jornaleros que reconocen y rechazan la figura del señorito andaluz, perfectamente encarnada por estos herederos del franquismo. Tratan de irrumpir en el medio rural andaluz con mentiras sobre la caza cuando de lo que se trata es de proteger la actividadcinegética a través de una afición que practica la clase trabajadora de nuestros pueblos. ¿A quién pretende engañar la ultraderecha en Andalucía?

Los renglones de la historia del pueblo andaluz no se pueden torcer bajo el desvarío del populismo. Mientras en la Meseta el sistema feudal estancaba la economía, aquí los árabes nos legaban los sistemas más avanzados de cultivo y regadío. Un esplendor que siglos más tarde se vería truncado por el reparto desigual de la tierra y los latifundios que tanto han condicionado nuestro desarrollo.

La almárciga, la tierra para quien la trabaja. Esa ha sido la aspiración del pueblo andaluz. Las transformaciones del siglo XX debilitaron al sector primario en todo el país al tiempo que el territorio se hacía cada vez más urbano. Pero en Andalucía resistimos en los pueblos y el verdadero cambio se produce con la llegada de la democracia y sobre todo, la ejecución de fondos europeos que servirán para modernizar la agricultura andaluza en la búsqueda de la convergencia y la fijación de la población al territorio.

Hasta llegar aquí, dos modelos. El de los gobiernos socialistas en la Junta que protegieron a los jornaleros con el antiguo PER, hoy AEPSA, que impulsaron programas de modernización agraria y que empoderaron a las mujeres agricultoras como cotitulares en las explotaciones. Quien hoy es ministro del ramo, Luis Planas, fue antes consejero de Agricultura y Pesca en unos tiempos en los que el campo andaluz viviría una auténtica revolución para llegar a convertir a Andalucía en lo que es hoy: un referente nacional y europeo del sector agroalimentario del que vive un tercio de la población. Un modelo competitivo que creaempleo, sí, y que tiene vocación emprendedora pues representa el 21 por ciento de las exportaciones en España.

El otro modelo es el de Moreno Bonilla y el PP que, escondidos tras la pandemia no han sido capaces de aprobar y ejecutar en estos cuatro años una sola medida que beneficie al campo andaluz o que sirva de incentivo para el relevo generacional, uno de los grandes retos en el sector. Todo lo contrario, le han bajado los impuestos a los más ricos mientras a los agricultores les imponen nuevas tasas por las que nunca antes se había pagado.

Estos cuatro años accidentales del Gobierno de la derecha en Andalucía- con la muletilla de Vox- quedarán relegados como el recuerdo de un mal sueño cuando el PSOE-A vuelva a ganar las elecciones el próximo 19 de junio y regresemos a la Junta de la mano de Juan Espadas. Nuestro candidato, con un amplio bagaje de gestión junto a su equipo de mujeres y hombres entrenados también en la experiencia municipalista, quiere liderar un nuevo proceso de modernización en el sector primario y en el mundo rural, con políticas comprometidas de cohesión y equilibrio territorial.

Con propuestas que van dirigidas a afrontar con garantías de éxito los grandes desafíos: la amenaza del cambio climático y el riesgo de desertización acelerada, garantizar mejores condiciones de vida y laborales para la población rural, el compromiso con la conservación de la naturaleza, la creciente competencia internacional y los bajos precios percibidos en origen, los procesos de transformación verde y digital necesarios, o frenar la tendencia a la despoblación rural que se está produciendo recientemente.

Producimos con calidad y seguridad alimentaria, el paso siguiente es la puesta en marcha de estrategias y acciones de transformación manufacturera industrial y en las de aprovisionamiento de los mercados, con objeto de abarcar toda la cadena y retener en Andalucía todo el valor añadido. El mundo necesita abastecerse de buenos productos, de calidad y con seguridad y trazabilidad, incluida la huella de carbono, la huella hídrica y la social.

La experiencia de otros países de nuestro entorno indica que la mejor vía para lograrlo es progresar en la digitalización del sector y en la apertura de nuevos canales de distribución. Otra de las estrategias claves para lograr los procesos de transformación y de progreso que deseamos es precisamente impulsar la formación y facilitar la incorporación y el relevo de la juventud.

Respecto a la PAC también consideramos que debe continuar contribuyendo a mantener un sistema agroalimentario andaluz diverso, generador de empleo, que fije población manteniendo vivas las zonas rurales, que proporcione alimentos de altos niveles de calidad y sostenibles, fomentando la innovación y la continua adaptación a las nuevas demandas de las personas consumidoras y de la sociedad en general.

Las cooperativas de productores y consumidores de productos ecológicos son clave también en el desarrollo y expansión de la producción ecológica en Andalucía, por lo que deben contar con las necesarias ayudas y apoyo desde las instituciones públicas. Por eso, es fundamental que la Junta de Andalucía, junto a otras administraciones, lidere los trabajos y políticas de uso eficiente del agua, colaborando en la búsqueda de soluciones, investigando con estudios científicos de excelencia y promoviendo aprovechamientos de agua a través de la desalación y el uso de las aguas regeneradas.

Juan Espadas piensa ya en instrumentos como el Foro Andaluz de Innovación Agroalimentaria con la misión de generar conocimiento e innovaciones vinculadas a la actividad primaria y su transferencia al tejido productivo, mediante la interconexión del sector agroalimentario con nuestras universidades, IFAPA, centros de investigación del CSIC, centros tecnológicos, parques científicos-tecnológicos y emprendimiento.

Se trata de darle su sitio al huerto, mimarlo en sus especies autóctonas pero también abrirlo al mundo, garantizar la fertilidad y rentabilidad del esfuerzo colectivo que hace de nuestra tierra un espacio abonado al éxito y a la prosperidad de un pueblo que se siente tolerante, sabio desde sus raíces, solidario y rico en su diversidad. Un pueblo que reacciona y se rebela, que siempre responde.

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