Las altas miras del tráfico de hachís

Bandas organizadas utilizan avionetas y helicópteros para traer desde Marruecos esta droga El método es más difícil de detectar por los cuerpos de seguridad

Uno de los helicópteros incautados por la Guardia Civil en operaciones contra el narcotráfico aéreo.
Uno de los helicópteros incautados por la Guardia Civil en operaciones contra el narcotráfico aéreo.
Pedro M. Espinosa Cádiz

14 de marzo 2015 - 05:01

La ruta del hachís desde Marruecos hacia Europa a través de la provincia de Cádiz no sólo cruza las aguas del Estrecho. El alto precio de las planeadoras y la fuerte vigilancia en las costas gaditanas está provocando que numerosas bandas de narcotraficantes estén optando por comprar o alquilar avionetas y helicópteros con los que realizar los alijos. La cantidad de fardos que pueden llevar estos aparatos es menor al de una lancha neumática de grandes dimensiones, pero a cambio el narcotráfico aéreo es más difícil de interceptar por parte de la Guardia Civil, que, no obstante, desde el año 2011, ha conseguido desmantelar algunas de estas organizaciones e incautarse de toneladas de hachís.

La droga es recogida habitualmente en una zona situada entre Tánger y Larache (Marruecos) por aeronaves que parten desde España de noche o durante las primeras luces del alba, para evitar ser detectadas. No suelen contar con planes de vuelo, por lo que se guían por las luces de cotas montañosas como el Peñón de Gibraltar, la Sierra de Grazalema o la Serranía de Ronda. Vuelan a cotas muy bajas para evitar los radares y tampoco activan las señales de localización, aunque esto también entraña un serio peligro.

Los primeros helicópteros interceptados por la Benemérita datan del año 2011, uno de los más prolijos en cuanto a incautaciones se refiere. El modus operandi es sencillo. Una vez que los narcos cargan la droga, los aparatos se dirigen a un punto predeterminado diferente al que partieron en territorio español, normalmente fincas forestales, caminos poco transitados o sembrados, por lo que utilizan avionetas tipo Cessna o helicópteros tipo Alouette, ya que por su versatilidad pueden tomar tierra prácticamente en cualquier lugar, sin necesidad de una pista de aterrizaje asfaltada. De hecho, fuentes de la Benemérita confirmaron a este diario que los narcos utilizan a veces una carretera que une la pedanía tarifeña de Facinas con Medina Sidonia, en otras ocasiones un aeródromo situado en Trebujena o bien espacios abiertos en la Sierra de Cádiz, así como en las cercanías de Ronda. También comentaron que la zona de aterrizaje es señalada mediante lanza-destellos de los que se utilizan en las obras y que una vez allí descargan la droga, la cargan en vehículos todoterrenos y la aeronave vuelve al punto de salida, donde suele ser ocultada entre la vegetación y cubierta con lonas de camuflaje.

El negocio es tan lucrativo que entre los detenidos por la Guardia Civil han llegado a encontrarse pilotos de líneas aéreas, que buscaban así un sueldo extra por pocas horas de trabajo. También hay pilotos llegados desde la Europa del Este y de la antigua Yugoslavia.

La Guardia Civil comentó que algunos de los aparatos que utilizan estas redes dedicadas al narcotráfico han tenido un pasado militar y que una vez que son dados de baja del servicio son comprados a bajo precio y reformados para poder desplazar los fardos de hachís. Por ejemplo, un helicóptero de fabricación francesa, Alouette III, diseñado para transporte de pasajeros, enfermos y carga puede transportar hasta 2.250 kilogramos y dispone una autonomía de 605 kilómetros, alcanzando los 220 kilómetros por hora de velocidad de crucero y pudiendo volar a una altura máxima de 3.100 metros. Otros helicópteros son más pequeños, como el monoturbina Robinson, modelo Raven II, de fabricación estadounidense, y que destaca por su vuelo silencioso. Este aparato puede transportar hasta 400 kilos de carga y dispone de una autonomía de 400 millas, alcanzando los 208 km/h de velocidad de crucero.

Una de las operaciones más completas llevada a cabo por agentes de la Guardia Civil en 2011 se denominó Pendrives, que comenzó a raíz de una investigación anterior llamada Operación Azafrán. Agentes de la Benemérita detectaron que tras la entrada en prisión de los principales cabecillas de la organización, otros miembros de la banda se estaban reorganizando y habían iniciado las gestiones para la compra de nuevas avionetas, obteniendo beneficios de más de 20 millones de euros en apenas año y medio. Esta operación tuvo ramificaciones en diferentes provincias españolas, como Gerona, Málaga, Tarragona o Almería.

A lo largo de estos años la Benemérita ha detenido a decenas de personas e incautado miles de kilos de hachís de gran pureza que en el mercado podrían haber alcanzado muchos millones de euros. Hay que tener en cuenta que el kilo de hachís cuesta en Marruecos 600 euros, pero que ya en la provincia de Cádiz puede situarse en los 1.400 euros y una vez que consigue pasar los filtros de las fuerzas de seguridad del Estado y alcanzar Madrid llega hasta los 2.200 euros el kilo.

Teniendo en cuenta que la vigilancia en la provincia gaditana es mayor, estos narcotraficantes aéreos se están aventurando a alcanzar localidades de la provincia de Sevilla, puesto que si llegan a su destino sin que nadie les intercepte tienen el camino mucho más fácil para llegar a través de carretera hasta la zona norte del país.

La lucha contra estas mafias se lleva a cabo con todos los medios al alcanza de la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Agencia Tributaria. Hay que tener en cuenta que el SIVE está dando grandísimos resultados en el Estrecho, pero detectar estos aparatos en el aire es más complicado y hace necesario una vigilancia constante de las zonas más adecuadas para los aterrizajes con las avionetas y helicópteros. La Guardia Civil destaca que para que muchas de estas operaciones lleguen a buen puerto es necesario la cooperación bilateral con la Gendarmería Real de Marruecos, que también está alerta a la hora de comunicar cuando aparatos sospechosos salen de su territorio en dirección a la península ibérica.

Además del delito por narcotráfico, a estos delincuentes se les imputa otros relacionados con la seguridad en el tráfico aéreo, ya que al volar sin plan de vuelo ni señales luminosas no sólo corren el riesgo de sufrir accidentes de consecuencias fatales ellos mismos sino provocar daños irreparables a otros ciudadanos que circulen por las carreteras que utilizan. La zona de La Janda es la preferida por los narcotraficantes aéreos para entrar en la provincia a su regreso de Marruecos con su cargamento, ya que es la más cercana al continente africano.

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