Tarifa-Chiclana

Coste: 6,36 euros; Número de viajeros: dieciséis

Pedro Ingelmo

25 de octubre 2008 - 11:57

Llegaremos a la bahía vía Vejer y Conil. No entra en la ruta Barbate, cuya parada se encuentra en otra línea. El pasaje es el siguiente: cinco magrebíes, ocho europeos, dos españoles y un periodista. Los magrebíes vienen de trabajar, los europeos van de ocio. ¿Por qué? Según entran en el autobús, los magrebíes se sumergen en un profundo sueño, de los sueños de agotamiento, no de los sueños de cabezada. Los europeos no paran de maravillarse de este paisaje asturiano de ganado retinto y verdes prados. “It`s very green!”. Hay un momento en que ese color cambia, se vuelve algo más ocre. El punto de inflexión se produce cuando pasamos del ejército de gigantes de aspas que han invadido las lomas próximas a Tahivilla a un campo de setas gigantes, ya cerca de Vejer, que será un futuro parque de captación de energía solar. En La barca de Vejer descienden tres caucasianos y continuamos a cien por hora, cuando la N-340 se ha hecho ya autovía hacia Conil, donde nos introsducimos por el cartel que señala La Lobita y El Colorado, que es como contar Caperucita al revés. Paralelos a los antiguos bosques de Roche, que hoy es una selva de chalés uniformes con miniparcelitas en las que cabe, como mucho, una mesa de ping pong (los que están al lado de la carretera son así en su mayoría) nos plantamos casi de repente en el término de Chiclana para contemplar la dispersa aparición de edificaciones que han arrasado las viñas de la zona. El urbanismo de la periferia de Chiclana vendría a ser como dados lanzados al azar. Hay que recorrer mucho tramo para enc ontrar una cohesión, esto es, una trama urbana.

La parada de autobuses es también parada de taxis y de autobuses urbanos. No hay tiempo para mucho. El autobús de Comes del Consorcio de la bahía, de dos módulos, que te recibe con música de Alejandro Sanz, parte al instante.

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