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Coronavirus en Cádiz

Atún en tiempos de virus

  • Como cada primavera, los atunes rojos han iniciado su migración para desovar en el Mediterréneo, ajenos a cuanto ocurre tierra adentro

  • Diario de Cádiz asistió el pasado domingo a la tercera ‘levantá’ que llevó a cabo la almadraba de Barbate y comprobó que hasta los atunes se pescan con mascarillas en esta nueva normalidad

Ni en tiempo de coronavirus la costa de Cádiz pierde su belleza. Contemplar el perfil de la Breña y el parque del Estrecho dibujándose en una mañana clara es un regalo para los sentidos. Para comprobarlo basta con embarcarse y poner rumbo a la almadraba de Barbate. Allí, tres millas mar adentro, el tiempo se ha detenido. Podríamos ser fenicios o romanos y los atunes rojos no lo notarían. Ellos han iniciado ya su peregrinar anual hacia el Mare Nostrum desde el océano para perpetuar la especie y han caído en el laberinto de redes que los humanos han tendido en sus dominios. Rabera de fuera, rabera de tierra, buche, cámara, bordonal, copo y zas, te cogí. Pum. Pum. El sonido sordo de las luparas al disparar las balas huecas rompe el silencio de la costa jandeña. La lucha cuerpo a cuerpo ha quedado atrás. Los copejeadores ya no se lanzan a las aguas transparentes para besar a los atunes antes de que sean izados a la testa. El sistema ha cambiado. Ahora es menos estresante para los atunes, que mueren de un disparo en la cabeza en vez de ahogados luchando por cada bocanada de agua. Podría decirse que ya no se pescan, que ahora se cazan. Como si fueran corzos. Pum. Pum. Pero no por eso deja de impresionar la escena. Ni siquiera en una era llena de incertidumbres por culpa de este virus malage.

Diario de Cádiz acompañó este pasado domingo a los trabajadores de la almadraba de Barbate en su tercera levantá de la temporada. Toneladas de bichos plateados con aletas amarillas se baten frenéticos ante la amenaza. Apenas si nos hemos colocado en posición cuando se inicia la danza. El agua se tiñe de rojo en un momento, como si Charlton Heston acabara de introducir su báculo en el Nilo para maldecir a Egipto con una de las siete plagas en una escena de ‘Los diez mandamientos’.

Atunes siendo izados a la 'testa' tras ser capturados. Atunes siendo izados a la 'testa' tras ser capturados.

Atunes siendo izados a la 'testa' tras ser capturados. / Julio González

En esta ocasión ni siquiera ha sido necesario levantar el copo. Las circunstancias permiten capturarlos en la recámara después de solicitar todos los permisos pertinentes. “Las levantás en el copo están sujetas a las mareas. Como aquí lo que queremos es aprovechar el tiempo al máximo estamos haciéndolas en la recámara, que nos permite matar más atunes en jornadas más extensas”, dice Pedro Muñoz, gerente de Petaca Chico, empresa que tiene la concesión de la almadraba barbateña a medias con la empresa Ricardo Fuentes. Pedro dirige las operaciones. Como siempre. Gorra del revés. Rostro moreno. Mirada decidida. Lo mismo coge un bichero que la manguera para echar agua a las piezas recién capturadas. No es un patrón cualquiera. Nada diferencia esta levantá de otras a las que hemos asistido si no miramos a la boca de sus protagonistas, cubiertas con mascarillas. Como las nuestras. Y eso sí, hay que mantener las distancias. El virus cabrón no deja ni un islote de normalidad.

La almadraba de Barbate podrá pescar este año casi 1.150 toneladas

En la sacá, donde los hombres habitualmente se apelotonan para tirar de las redes, esta vez hay más espacio. La almadraba de Barbate ha colocado poleas en el barco para facilitar una maniobra que de otra manera necesitaría de una veintena de hombres. Así, entre los dos metros de separación y las mascarillas, se mantiene a raya al virus. Y eso que Barbate ha sido un bastión inexpugnable para el Covid-19. “Con este sistema ocho hombres pueden hacerse cargo de las maniobras”, dice Muñoz.

Entre los ranas que se encargan de cazar los atunes, algunos de más de 300 kilos, está Javi Portela, una institución si se habla de submarinismo en Cádiz. 35 años lleva sumergiéndose en el Estrecho para atrapar a los reyes de nuestras aguas, sin perder esa risa contagiosa, casi juvenil a pesar de tener ya dos nietos en el mundo.

Javi Portela preparado para sumergirse en la recámara de la almadraba. Javi Portela preparado para sumergirse en la recámara de la almadraba.

Javi Portela preparado para sumergirse en la recámara de la almadraba. / Julio González

Es la gran familia almadrabera. Una estirpe que lucha por su supervivencia en una campaña que se presenta dura. “Luchando por los míos”, reza el estado de whatsapp de Pedro Muñoz. Y ese mantra lo lleva a rajatabla. “Llevamos meses trabajando mucho para preparar esta campaña que se ha iniciado con incertidumbre pero con el ánimo alto”, nos dice. “Poco a poco van a ir abriendo los restaurantes y esperemos que nuestro producto, un producto muy apreciado por su altísima calidad, siga siendo demandado. Los atunes no entienden de virus, ellos pasan por el Estrecho cuando pasan, y si no los pescas ahora ya no los pescas. Así que vamos a pescarlos”.

A media milla de las boyas de la almadraba está situado un barco congelador con tripulación japonesa que ha pasado una cuarentena antes de llegar a Cádiz para evitar problemas con el coronavirus. Tan escrupulosos son que nadie que no sea de la dotación puede subir al barco en esta ocasión. Toda precaución es poca para evitar contagios que pueden arruinar la campaña. Hasta esta factoría flotante son llevados los atunes inmediatamente después de ser capturados para ser ultracongelados a -60 grados, conservando de este modo todas sus propiedades. Una vez llenas sus bodegas con unas 300 toneladas de atún rojo pondrá rumbo hacia las instalaciones que Petaca Chico tiene en el muelle de la Zona Franca y desde allí ser distribuido al mercado nacional.

Este año Barbate tiene 408 toneladas asignadas de las 1.479 que se reparten las cuatro almadrabas gaditanas. Además, después de comprar cuota en el País Vasco y Cantabria, ha elevado esa cantidad hasta las 1.150 toneladas. El resto de atunes que caigan en las redes de la almadraba serán introducidos en las piscinas de engorde, donde empezarán a ser sacrificados entre septiembre y octubre, prolongando así la campaña unos meses vitales para dar empleo a centenares de personas en la comarca.

“Los atunes pasan cuando pasan, y hay que pescarlos”, dice Pedro Muñoz

A pesar de las mascarillas y de que se han extremado todavía más las medidas de seguridad, el buen ambiente habitual de las levantás no se ha perdido. Hay bromas y cargas entre los marineros y los ranas. Incluso los que esperan a que finalice la levantá en solitario en alguno de los barcos que cierra el cerco lucen sus protecciones antivirus. La mayoría de las caras nos son conocidas. Gente que lleva décadas trabajando en la almadraba, que ha pasado por los momentos más duros y que espera que el coronavirus no eche por tierra la recuperación del sector. La duda es saber si esta vez habrá demanda en el mercado que haga rentables las piscinas como años atrás. “Antes –recuerda Javi Portela– la campaña duraba sólo unos meses, pero en los últimos tiempos estamos prácticamente trabajando todo el año. No sabemos qué ocurrirá esta vez. Esperemos que poco a poco vaya mejorando la situación”.

De momento, la campaña ha arrancado. Con mascarillas, geles hidroalcohólicos y pantallas, con espacio de seguridad y menos hombres en los barcos, pero con la ilusión intacta y las mismas miradas brillantes al reflejarse en la piel plateada de los atunes rojos.

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