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Raúl Rosillo: “La aceptación me interesa menos que la coherencia”

Director creativo y visual

Después de una fructífera carrera internacional, Raúl Rosillo vuelve al sur y cuestiona el éxito, la prisa y las reglas del sector creativo mientras lanza su propio estudio

Raúl Rosillo (Algeciras, 1986), director creativo y visual, en el sur de su niñez. / R.R.
Gloria Sánchez-Grande

14 de enero 2026 - 06:59

Durante años vivió adelantado al tiempo, imaginando proyectos, imágenes y futuros que aún no existían. Hasta que entendió que tanta anticipación le estaba robando algo esencial: el presente. Raúl Rosillo habla hoy desde otro lugar, más lento y más consciente. Ha vuelto al sur, ha bajado el volumen del ruido y ha decidido crear sin prisas, pero con intención.

Director creativo y artístico con una trayectoria internacional que lo ha llevado a trabajar en medio mundo, defiende una forma de mirar —y de trabajar— donde la emoción pesa más que la urgencia y la coherencia más que la aceptación. No le interesa encajar, ni responder a moldes ajenos. Le interesa dejar poso. Crear algo que se recuerde. Y, sobre todo, hacerlo desde un lugar honesto.

Pregunta.Dice que durante años vivió en el futuro y que ahora el tiempo ha dejado de existir. ¿En qué momento exacto se le rompió el reloj?

Respuesta. Cuando entendí que anticiparme a todo me estaba robando el presente. Durante años viví proyectando ideas y vidas que aún no existían. El reloj se rompió el día que comprendí que el verdadero lujo creativo es estar aquí, ahora, con tiempo para sentir, observar y crear desde la calma. Desde entonces trabajo sin prisas, pero con intención.

P.Su Ítaca es Algeciras. ¿Qué imagen, olor o escena le devuelve de golpe al niño que fue?

R. El olor a lentisco en invierno, la sal pegada a la piel, el viento de levante golpeando fuerte en las playas de Tarifa y el Atlántico infinito delante mía. Crecer en este sur es aprender que la belleza es salvaje, que nada se puede controlar del todo y que el mar siempre pone las cosas en su sitio.

P.Aquel niño que prefería un pincel a un balón, ¿se siente hoy definitivamente aceptado?

R. No. Y no quiero estarlo. Nunca he buscado encajar ni validación externa. Mi camino ha sido ser diferente y trabajar de forma tan honesta y personal que no necesite permiso. La aceptación me interesa menos que la coherencia.

P.Richard Avedon es uno de sus grandes referentes. Si pudiera retratar hoy a alguien imposible —vivo o muerto—, ¿a quién elegiría?

R. David Bowie, por su capacidad de mutar, adelantarse y convertir la identidad en territorio creativo. Y Gandhi, por todo lo contrario: por demostrar que la verdadera revolución también puede ser silenciosa, ética y profundamente humana.

P.Ha trabajado en medio mundo y ha decidido volver a casa. ¿Qué ha ganado con ese regreso y qué ha tenido que soltar por el camino?

R. He ganado inspiración, raíz y silencio. El sur me ordena por dentro. He soltado el ruido, la prisa constante y cierta idea de éxito impostado. Sigo viajando mucho, pero necesitaba un refugio: campo, mar y tranquilidad.

P.Dice que ha abrazado su oscuridad. ¿Qué ha aprendido de ella?

R. Que no es algo que esconder, sino una fuente de profundidad. Donde hay luz, hay sombra. Los artistas que brillan de verdad son los que se atreven a mirar ahí dentro sin miedo. Mi oscuridad me ha enseñado empatía, verdad y una mirada más compleja del ser humano. Sigo aprendiendo.

P.La pandemia, para usted, fue una liberación. ¿De qué se liberó exactamente?

R. Del piloto automático. De agendas impuestas y de una forma de trabajar que ya no me representaba. Me liberé del “hacer por hacer” y del “tener que demostrar”.

P.Defiende que la cultura no puede medirse solo en dinero. ¿Cuál ha sido el trabajo que más le ha dado sin pagarle con una transferencia?

R. Proyectos donde lo pasional y lo emocional estaban por encima del presupuesto. En mis comienzos hay piezas que me dieron identidad, credibilidad y una voz propia. Eso no se paga con dinero: se queda para siempre.

P.Habla sin rodeos de la envidia y del individualismo en el sector cultural español. ¿Qué cree que nos falta para hacer más equipo?

R. Generosidad y visión a largo plazo. Entender que compartir no resta, multiplica. Menos ego y más conciencia de colectivo creativo.

P.Cuando está solo, viajando en coche o en avión, ¿en qué suele pensar Raúl Rosillo?

R. En ideas, imágenes, historias y proyectos de futuro. En emocionar sin explicar demasiado. Y muchas veces, en nada. El vacío también es un gran lugar creativo.

P.Tiene varios proyectos audiovisuales esperando en un cajón. ¿Qué le da más miedo: abrirlo o que se quede cerrado?

R. Que se quede cerrado. Las ideas no nacen para dormir, nacen para incomodar y ver la luz. Hay uno, un proyecto para el Ayuntamiento de Sevilla realizado hace dos años, que sigue guardado y es una auténtica maravilla. Confío en que ese cajón se abra: quizá sea aún más emocionante porque habrá evolucionado a oscuras.

P.En enero lanza su propio estudio creativo. ¿Qué quiere que lo diferencie de todo lo anterior que ha hecho?

La libertad absoluta. Raúl Rosillo no es una agencia, es un estudio creativo de autor. Un espacio donde la experiencia, la emoción y el lenguaje cinematográfico están en el centro. Durante años vendí dirección audiovisual y fotografía; hoy creo experiencias. No trabajo por formatos ni disciplinas, sino por sensaciones, relatos y memorias. Da igual el medio o la escala: lo importante es cómo se vive y cómo se recuerda. No ofrezco piezas sueltas, construyo universos coherentes. Hoy no ejecuto encargos: diseño experiencias con sentido.

P.Y mirando ya a 2026: ¿qué proyecto sueña con ver nacer, aunque todavía no sepa muy bien cómo?

Ahora nace el estudio y con él llegarán proyectos muy distintos, de marcas, lugares y personas. Pero conviven ideas que llevan años conmigo y necesitan madurar sin prisa. Tengo escrita una serie y un largometraje. No sé si verán la luz en 2026 o en 2036, y no me preocupa. No responden a calendarios, sino a procesos vitales. También siento la necesidad de volver a lo digital desde un lugar más consciente: compartir pensamiento, imagen y proceso, no como ruido, sino como relato. Al final todo es lo mismo: crear con sentido, dejar poso y construir algo honesto y duradero.

Biografía

Raúl Rosillo (Algeciras, Cádiz, 1986) es creador visual, director creativo y productor audiovisual. Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, completó su formación en Creatividad en Buenos Aires y en Dirección de Arte para Moda en la Saint Martin’s School de Londres. Desde muy temprano orientó su carrera hacia la creación visual y la dirección artística, entendidas como una forma de contar historias y generar experiencias.

Criado en Algeciras desde la infancia, su mirada se ha construido en un territorio fronterizo, marcado por la luz, la memoria y la convivencia entre tradición y cambio.

A lo largo de más de quince años de trayectoria ha trabajado como director creativo y artístico, fotógrafo y director audiovisual, desarrollando proyectos que van desde la fotografía y el cine hasta campañas publicitarias, documentales, fashion films y propuestas experienciales. Ha colaborado con marcas, instituciones y artistas de distintos países en ámbitos como el lujo, la moda, la música, el bienestar y la industria creativa.

Su obra ha sido reconocida en festivales internacionales y difundida por medios culturales y publicaciones especializadas, que han destacado su capacidad para construir universos visuales con una fuerte carga emocional y una identidad reconocible.

En la actualidad trabaja desde su propio estudio, con una proyección clara hacia el cine, las producciones internacionales y la creación de experiencias.

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