“En los talleres de Sevilla no hay atajo que valga”
El periodista especializado en arquitectura y diseño publica, junto a Ramón Vergara, un libro bilingüe sobre los oficios relacionados con la Semana Santa
"Hoy se construye y se urbaniza con muy poca gracia"
Txema Ybarra (Bilbao, 1974) es un periodista con una larga carrera especializada en arquitectura y diseño. Es el autor, junto con el sevillano Ramón Vergara, de Arte Sacro. Sacred Arte (editorial Oficio), el libro bilingüe que reúne por primera vez, en una edición de lujo, todos los oficios vinculados a la Semana Santa. Para el trabajo de documentación, se han basado, en parte, en la serie El Aprendiz que publica cada cuaresma Diario de Sevilla.
Como precedente de esta obra se encuentra el libro que escribió hace diez años, Artesanos. El buen hacer español.
Con él charlamos, cuando faltan poco más de dos meses para el Domingo de Ramos, con los talleres de arte sacro a pleno rendimiento.
Pregunta.¿Se puede decir que Sevilla es la gran escuela de arte sacro que queda en España?
Respuesta.Sin duda. Málaga o Lorca, por el bordado, son también grandes escuelas, pero no de la misma entidad. Permíteme incluso que vaya más allá: es en realidad la escuela más importante de artesanía de Europa, porque en ningún lugar encuentras tantos talleres de tanta calidad juntos. Por supuesto que en Francia e Italia hay excelentes talleres, o en Galicia y Cataluña, pero no tantos bajo el paraguas de una misma tradición y con un compromiso tan firme por la excelencia (y aún con tanto futuro).
P.¿La globalización juega en contra de estos oficios?
R.Antes fue la industrialización, esto es, la producción en serie, y en función del grado de industrialización de cada región se puede medir muy bien la pervivencia de la artesanía tradicional en ella. Ahora es el turno de la globalización, que no es sino un avatar de lo anterior y que impone que todo sea igual, sin alma. Eso sí, márketing que no falte.
P.De todos los talleres y trabajos conocidos, ¿cuál es el que más le ha sorprendido?
R.Todos por distintos motivos. Me encantó ver la disposición de las velas simulando los tubos de un órgano en un taller de cerería, o a niños jugando en un taller de bordado, lo que remite a una atmósfera de trabajo ya muy lejana. La infinidad de tratamientos que sufre la madera antes de que el ebanista se aplique con la gubia, un trabajo de una destreza asombrosa, también me dejó muy sorprendido. La pasión y la concentración con la que trabajan todos es una maravilla. En los talleres de Sevilla no hay atajos que valgan.
P.¿Supone una verdadera amenaza los productos que vienen de Pakistán para este gremio o todo es efecto de las nuevas tendencias de compra, donde se prima la cantidad a la calidad?
R.El fervor cofradiero que hay en Sevilla es lo que empuja todo este fenómeno de excelencia artesana y, mientras se mantenga, mientras que entre las hermandades se “pelee” por tener el paso más bonito y la Virgen mejor vestida, quiero pensar que las imitaciones baratas entrarán de forma muy limitada. Cuesta mucho para quien es de fuera entender la calidad de todo lo que se ve durante una procesión de Semana Santa, pero a un sevillano no se las cuelas tan fácil.
P.Las fotografías, de Javier Callejas, son también un tributo a lo mejor del barroco...
R.Ya en la primera conversación le pedimos que se inspirara al tomar las fotos en la escuela sevillana de pintura barroca. Hablamos de El aguador de Sevilla y de La fragua de Vulcano, del claroscuro de Caravaggio… Y para muestra de que recogió el guante, la portada, que es puro Zurbarán. También supo interpretar que, en vez de fotos muy técnicas y limpias, hacían falta enfoques (a través del desenfoque) que retrataran esa atmósfera íntima propia de un taller, con el movimiento constante que supone el oficio del artesano. Al no ser un producto en serie, hay “fallo”, y ahí está la perfección de la imperfección de la artesanía, con tantísimo encanto. Pues bien, con las fotos se ha tratado de que no sean perfectas para reflejar esa “humanidad” en los oficios.
P.¿Ha tenido que documentarse bastante o ya contaba con sus fuentes sevillanas para este cometido?
R.Entre Ramón Vergara, coeditor del libro, y yo creo que hemos formado un buen equipo, por ser complementarios. Él, sevillano, tiene el espíritu cofrade y el conocimiento del quién es quién en este mundo; no en vano, Ramón organizó la última gran exposición sobre el arte sacro, hace un año en el Castillo de San Jorge. Yo llego como un “paracaidista”, con la visión desde fuera, más analítica, y con el bagaje de haber escrito y publicado sobre artesanía y diseño de muchas partes del mundo. Es decir, Ramón había hecho los deberes por mí antes de entrar yo en los talleres. Dicho esto, sí ha habido un trabajo de documentación muy importante, porque es un libro, dentro un tono divulgativo, muy exhaustivo desde un punto de visto tanto histórico como técnico. Porque si bien hay oficios muy documentados –pensemos en el trabajo del imaginero–, no ocurre lo mismo con otros y eso ha obligado a ser muy insistente al preguntar por procesos y herramientas.
R.Resaltar que hemos querido que se entienda el arte sacro por sí mismo. Hay que conocer la simbología de la Semana Santa sevillana para comprender este tipo de artesanía, pero a su vez es un mundo muy particular, con valores propios que trascienden la propia Semana Santa. No por nada, lo hemos editado a la vez en castellano e inglés. Creemos que es el momento de exportar esta belleza fuera de Sevilla porque hay un público fuera que lo va a saber apreciar.
P.Como experto en arquitectura y diseño, ¿ha observado también en Sevilla ese contagio por la uniformidad en la arquitectura y el diseño que sufren ahora muchas ciudades?
R.Hablabas de la globalización… Hoy se construye y se urbaniza con muy poca gracia, en busca de una supuesta eficiencia máxima que no atiende en absoluto a la sabia tradición. Así, el resultado es que todo parece igual, y lo mismo da que estés en Sevilla, que en Bilbao, de donde vengo, que en Varsovia. Cierto que siempre hay excepciones de buena arquitectura, pero son eso: excepciones. Y es verdad que Sevilla cuenta con un centro histórico de grandes proporciones que sabe resistir al invasor y que de alguna manera irradia una identidad propia más allá de su perímetro, pero la señal se apaga según te alejas de él.
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