Los familiares de la víctima huyeron a El Puerto por "miedo" a represalias

El viudo y una hermana de la fallecida reconocieron al acusado como el autor del crimen

Imagen de la calle donde falleció la mujer en El Puerto en septiembre de 2011.
Imagen de la calle donde falleció la mujer en El Puerto en septiembre de 2011.
Julia Alarcón Cádiz

17 de junio 2015 - 05:01

La Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Cádiz acogió ayer la segunda sesión del juicio por el asesinato de Bernardina Montoya, una joven de 27 años perteneciente al clan de etnia gitana de los Celestinos que murió supuestamente a manos de un sicario, Julio Balader, contratado por otro clan gitano, los Merino, tras un enfrentamiento entre ambos bandos.

Ayer prestaron declaración ante la Sala -protegidos por un biombo- dos familiares de la víctima, una hermana y su esposo. Éste se mostró especialmente afectado durante su testimonio, ofreciendo incluso una versión distinta a la aportada en instrucción. El viudo dijo que el día de los hechos llegó con Bernardina a su domicilio tras realizar la compra cuando vio en un descampado cercano a un hombre que recogía caracoles, entablando incluso conversación con él para preguntarle qué hacía allí. Acto seguido -afirmó- le dieron la espalda a este sujeto y fue entonces cuando el mismo disparó contra su mujer causándole la muerte. El esposo de Bernardina aseguró que "podría reconocerlo si lo volviera a ver, imposible olvidarlo" y así lo hizo tras la mampara protectora. No obstante, hay que resaltar que el viudo no pudo identificar a Julio Balader en su primera declaración ante la policía porque, según explicó, "tenía mucho miedo y estaba mal de la cabeza".

La hermana de la víctima, por su parte, explicó el leitmotiv del enfrentamiento entre clanes. Según su versión, otra hermana Montoya se casó con un hijo de Josefa Vargas 'La Argentina', matriarca del clan de los Merino (también conocido como los Vargas-Vargas). La pareja tuvo varios desencuentros y acabó separándose. A raíz del divorcio, los clanes entraron en trifulcas y amenazas, "hasta que hubo un tiroteo en el barrio de San Lázaro de Mérida, donde murieron dos Merino", confesó. Esta hermana mencionó que los Vargas "tenían dinero" y "conocían a mucha gente para no mancharse las manos" con objeto de que la pelea entre clanes "no quedara así". Por eso, dijo, huyeron a El Puerto.

Al igual que hiciera su cuñado, la hermana identificó a Julio Balader como el autor del crimen tras un biombo.

Fue especialmente relevante la declaración del jefe del Grupo de Delincuencia Especializada de la Policía Nacional encargado de la investigación. Éste aseguró que el día del crimen todos los familiares de los Celestinos hacían alusión al "miedo por posibles represalias", pues decían tener claro que se trataba de "una muerte por venganza".

Como instructor declaró ante el plenario que ningún grupo de investigación de El Puerto conocía a Julio Balader hasta que sucedió el crimen. Argumentó también que las pesquisas policiales se fueron cerrando a partir de las tomas de contacto con los equipos de investigación de Mérida y Barcelona, que confirmaron que el acusado había sido detenido por varios delitos (tráfico y tenencia de armas) y que había sido procesado por otro crimen por encargo del que quedó absuelto.

El jefe de la Policía Nacional ofreció detalles sobre una identificación fotográfica que tuvo lugar en Madrid 132 días después de los hechos por parte de un testigo protegido, el cual "reconoció a Balader de inmediato" como autor del crimen. Según explicó el policía, la rueda de reconocimiento tuvo lugar en la capital española "por petición expresa de la familia de la víctima, que tenía mucho miedo y solicitó realizarla fuera de El Puerto".

Finalmente este testigo apostilló que "nunca" encontraron pruebas sobre la presencia de Balader en El Puerto a través de la geolocalización de su móvil. No obstante, declaró que en el registro del domicilio del acusado hallaron varias tarjetas de prepago vírgenes.

Por último, otro Policía Nacional, en este caso coordinador de servicios, volvió a recalcar "el miedo" de los familiares de la víctima, que llegaron incluso a pedir protección aduciendo que "sabían que esto iba a pasar". Estuvieron custodiados hasta el día siguiente, que se marcharon a Sevilla.

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