La situación política no debería afectar a la economía tanto como se piensa

Mariano Rajoy, ex presidente del Gobierno, tras una rueda de prensa
Mariano Rajoy, ex presidente del Gobierno, tras una rueda de prensa / Archivo
Gumersindo Ruiz
- Economista

26 de agosto 2023 - 05:06

Uno de los temas que más frecuentemente se plantean es el efecto negativo sobre la economía de la dificultad de formar gobierno en España. Pero la lectura del libro Fiscalidad y crisis económico-financiera. Un análisis de las políticas de austeridad frente a la Gran Recesión, del profesor de la Universidad de Málaga Antonio Roldán Ruiz, lleva a ver esta cuestión de la política desde otro punto de vista.

El libro, editado por Laborum Ediciones (2023), es fruto de su tesis doctoral y versa sobre la inoportunidad de las políticas fiscales restrictivas tras la crisis.

El trabajo de Antonio Roldán añade valor a lo que conocemos sobre el tema, al realizar un análisis exhaustivo de la política fiscal en España entre 2009 y 2015. Prologado por el profesor Juan José Hinojosa, director de la tesis, cuenta con el aval de investigadores tan prestigiosos como los profesores Martín Delgado, Agulló Agüero, Eseverri Martínez, de Villota Gil-Escoin, y González Fajardo, que formaron el tribunal de tesis.

Sacamos tres ideas principales de las tres partes en que se divide el libro. La primera es la inestabilidad consustancial a la economía, aunque haya estabilidad política, como en 2011 con gobiernos con mayorías absolutas o casi, pero que no enfrentan las consecuencias de una sobreproducción inmobiliaria y un fuerte endeudamiento privado, no público; a lo que se añade la sobredimensión del sistema financiero, y quiebra de entidades financieras y no financieras. Surge una crisis sin posibilidad de corrección y vuelta natural a un equilibrio, pero gobiernos e instituciones fuertes toman decisiones que deterioraron aún más la situación, provocando un daño histórico con secuelas que persisten. Para el autor, esta crisis cuestiona de raíz la idea de que los mercados dejados a su libre albedrío proporcionan prosperidad y crecimiento.

Y, añadimos, no es cuestión de estabilidad política, pues un gobierno fuerte puede dañar una economía por tomar medidas inadecuadas.

La parte segunda del libro se dedica a la política fiscal y la política económica, destacando la distribución de la renta y la riqueza, así como exterior y tipo de cambio, en los que influyen los equilibrios presupuestarios. Especial relevancia tenía la reducción de la pobreza y exclusión social, dentro de la complejidad de la actividad económica y el empleo.

El análisis de Antonio Roldán sobre las funciones del Estado es, desde luego, más completo y complejo, y no se limita a la intervención en las crisis. Por ejemplo, el énfasis en reducir la dimensión del sector público, sus ingresos y gastos, ha entrado secularmente en contradicción con exigencias de regulación, desregulación, y favorecimiento de posiciones de oligopolio y dominio del mercado, en condiciones de acceso no siempre competitivo al capital y al conocimiento.

Las reformas fiscales durante la crisis y sus efectos se analizan en la parte tercera del libro, considerando todos los impuestos. Es muy interesante lo que ocurre entre 2009 y 2010, con un intento de reacción por parte del Gobierno, que encuentra una fuerte oposición interna, y la insensibilidad de las instituciones europeas. Los gráficos y tablas que dan soporte a los argumentos son contundentes, y muestran cómo se ignoró una política fiscal práctica que hiciera frente a la situación de la demanda y las empresas. La presión fiscal española era de las más bajas de Europa, y se reduce aún más el papel de lo público que pasa del puesto séptimo al dieciocho en Europa. El mayor ajuste se da entre 2011 y 2014, tal como se detalla, en salud, educación, medio ambiente, vivienda, y recortes en las prestaciones por desempleo, con aumento de la desigualdad y de la pobreza. Una reducción del gasto refuerza la caída de la demanda, del PIB, quiebran empresas, aumenta el paro, a lo que contribuyen medidas de liberalización, se reduce la recaudación fiscal, y aumenta la deuda pública. En este caso la deuda pública no era un problema, pues como se recoge en el libro, en 2004 la deuda era el 47,6% del PIB, y el nuevo gobierno la reduce a 35,5% en 2007; en 2010 la deuda pasa a 60,1%, y en 2014 a un 99,3%. Pero además, el encogimiento del sector público no se ve compensando por una economía privada pujante, sino al contrario; la crisis sólo la solventaría el BCE en el verano de 2012 con las expectativas de un programa de compra de deuda, como efectivamente hizo. Todo esto sirve para argumentar que la política fiscal ante una crisis pasa por una adaptación inteligente a sus característica, al entorno, y a las respuestas que se pretenden obtener de oferta y demanda.

En las propuestas de política económica, con las que finaliza el libro, hay rasgos de medidas adoptadas por el gobierno de coalición ante la crisis que empieza en 2020 con la pandemia, y continúa con la guerra, que es la principal incertidumbre económica. Aunque se ha criticado el endeudamiento como salida a la crisis, y la búsqueda de equilibrios mediante impuestos específicos –banca, energía–, estas políticas han conseguido mantener el crecimiento, el, empleo, y atender asuntos sociales, salarios mínimos, pensiones, con una deuda pública importante, pero que se relativiza al crecer el PIB, y sin efectos apreciables de prima de riesgo. Nuestra conclusión es, pues, que en los próximos meses, independientemente de la situación política, con nuevos presupuestos o prorrogados, con techos fiscales o no, el marco de las normas aprobadas en estos años continuará impulsando la economía, pues es una política económica que ha ampliado la base de consumo y apoyado la demanda, y con la inflación más baja de la Unión Europea. Tenemos que agradecer a Antonio Roldán que nos haya proporcionado este valioso libro, que ilumina el pensamiento sobre lo que puede ser y lo que no, una buena fiscalidad y política económica.

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