Lo zafio tiene espinas
PITO DE COÑA
EN esta zona del sur, al congrio se le llama zafio, a veces safio. Cocinar este pescado es complicado, pues primero hay que limpiarlo concienzudamente para tratar de que sus múltiples y traicioneras espinas no molesten más de la cuenta al comensal. Pocos bares de Cádiz, por cierto, se atreven con esta especie de anguila y que serpentea con rapidez por los fondos marinos, y que si alguna vez llega a la cazuela lo hace para enriquecer caldos, como buen pescado de roca que es.
En el carnaval, en el concurso, lo zafio también tiene espinas que hacen pinchar a un repertorio. Hace años, hace muchos años, el Falla no toleraba lo zafio, lo ordinario, y el público, según cuentan los antiguos, pedía el telonazo como el que reclama la oreja para un torero.
Hoy en día no se pide que baje el telón, pero tampoco se penaliza desde el patio de butacas a la agrupación que, por carecer de ingenio, echa mano de lo zafio para rematar un cuplé o para escenificar una situación cuartetera. Y parece que hasta hace gracia, que el público se ríe y celebra el chiste sin apenas exigencia.
Cada cual, evidentemente, es muy libre de medir a las agrupaciones por el rasero que prefiera, incluso es libre de preferir el golpe zafio y ordinario, pero puede parecer lógico que si el doble sentido y el humor grueso pero tamizado con el ingenio es una cualidad de las agrupaciones gaditanas, haríamos bien en defender esta seña de identidad.
Como el pescado, lo zafio debe pinchar en la garganta del aficionado, debe herir la sensibilidad carnavalesca y debe hacer pensar a los autores que echan mano de este recurso en demasía si es posible darle la vuelta a la idea, para decir lo mismo con otras palabras. Incluso con más gracia. Se llama ingenio.
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