homenaje a paco alba

"Lo que Paco Alba hizo ahí está y no sabemos si podrán alcanzar su pedestal"

  • José Martínez Prats afirma que "le debo todo lo que he aprendido del Carnaval"

La comparsa 'Los senadores romanos' con Paco Alba de paisano en el centro. La comparsa 'Los senadores romanos' con Paco Alba de paisano en el centro.

La comparsa 'Los senadores romanos' con Paco Alba de paisano en el centro. / d.c.

José Martínez Prats se convirtió en senador de la comparsa de Paco Alba, haciendo gala al tipo, por decisión de una especie de asamblea de la agrupación, ya que ese año se había completado el cupo de componentes. De todas formas, no podía considerarse un recién llegado, pues era un asiduo a los ensayos de la comparsa, por afición y por vía familiar, ya que es primo de otro de sus miembros, Emilio López Prats. De hecho había cantado con ellos en los ensayos de 'Los beduinos', ya que Jesús Monzón estaba entonces cumpliendo el servicio militar y no sabían si iba a poder cantar con ellos en Carnaval. Al final sí lo hizo y José Martínez tuvo que esperar al año siguiente. El que ya no salió con su agrupación este año de 1968 fue Paco Alba, ni lo haría en lo sucesivo.

No por ello dejó de cuidar hasta el mínimo detalle la opuesta en escena de una de sus agrupaciones más conseguidas, en la que tuvo un papel estelar su carismático postulante, el popularísimo José Rodríguez Rodríguez, 'El Sopa', a pesar de que era un experto en el arte del play back y nunca logró aprender de memoria una estrofa. José Martínez Prats y sus compañeros de agrupación recuerdan con especial cariño a este peculiar personaje, cuyo entusiasmo, cuando actuaban en el teatro, le hacía jalearles -"ole mis niños, mis niños buenos"-mientras Paco Alba se descomponía y murmuraba por lo bajini: "¡A que lo estropea todo!".

Aquel año, El Sopa era el César que presidía la asamblea de 'Los senadores romanos'. En la presentación, aparecía en el centro del escenario, al fondo, mientras aquéllos se acercaban saludándole: "Ave César". José Martínez recuerda que "Paco Alba le había escrito una pequeña respuesta, pero estaba muerto de miedo, porque El Sopa nunca conseguía aprenderse nada y salía por los cerros de Ubeda. Sus temores se cumplieron, porque, en lugar de lo que Paco había preparado, recurrió a su característica espontaneidad y gritó: 'Ni ave César ni ná, a lo que hemos venido es a cantar!'. Gracias a Dios aquello gustó y el público ni se dio cuenta de que se lo acababa de inventar".

"A pesar de estos malos ratos que le hacía pasar, comenta José Martínez Prats, "al igual que nosotros, Paco Alba siempre quiso tener al Sopa en su comparsa, sabía que él disfrutaba mucho con nosotros y siempre le buscábamos algo que hacer. Era parte de ella y la vivía. Además, quiero aprovechar esta oportunidad para destacar que José Rodríguez ha sido uno de los postulantes más honrados que ha tenido el Carnaval gaditano, confiábamos en él plenamente y nunca nos defraudó".

Como hacía siempre que la ocasión lo requería, "Paco aquel año nos explicó en qué consistía el Senado romano y los detalles de esa sociedad a la que aludía en sus letras. Aunque él no iba a salir al escenario, nos enseñó cómo movernos, a adoptar el porte solemne: hablaba con las manos, con los gestos; verlo era todo un espectáculo. Cuando ensayábamos, se iba a unos doce metros de distancia y si algo iba mal gritaba: '¡Fuera, no váis ni al Falla!'. Después del arrebato, se daba cuenta de que a lo mejor se había pasado, se acercaba y nos daba coba para animarnos".

José Martínez Prats, también integrante de la Antología de Paco Alba y padre de uno de nuestros actuales autores 'punteros', Antonio Martínez Ares, afirma que "lo que Paco Alba hizo ahí está y aún no sabemos si los nuevos valores que van saliendo lograrán igualarlo o superarlo, pero mientras tanto sigue en su pedestal, que se ganó a pulso. Sólo nos queda esperar que el futuro sea tan bueno como el pasado". Añade que "Paco Alba era tan sabio que seguro que si estuviera aquí aplaudiría a estos jóvenes buenos, porque él se alegraba de que surgiera gente nueva y siempre intentaba llevarse con él a los mejores". Reconoce que "aparte de cantar, todo lo que he aprendido del Carnaval se lo debo a Paco, incluido el sentido de la disciplina para hacer las cosas bien que nos inculcó y hasta la elegancia en el trato con el público". A este respecto, recuerda cómo "en una de nuestras actuaciones para una tertulia privada uno de nosotros se encontró una pulsera muy valiosa e inmediatamente fue a contárselo a Paco, que la cogió. Cuando terminamos de cantar, comunicó el hallazgo a los asistentes y la entregó a su propietaria, que no se había dado cuenta hasta entonces de la pérdida".

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