Carnaval de Cádiz | Chirigota 'Los Yayoflauta' El curioso caso de los chavales del 11006

  • La chirigota de Roberto Gómez se transforma en unos abuelos "muy reivindicativos" para revalidar la buena impronta del pasado año 

Uno de los integrantes de la chirigota 'Los Yayoflauta', durante su transformación. Uno de los integrantes de la chirigota 'Los Yayoflauta', durante su transformación.

Uno de los integrantes de la chirigota 'Los Yayoflauta', durante su transformación. / Julio González

En el Club de Tenis tiene lugar una suerte de El curioso caso de Benjamin Button. Los jóvenes chirigoteros del barrio de Santa María, los chavales del 11006, envejecen en cuestión de minutos. No se asusten, no es un suceso de genética invertida, es la transformación natural de los que fueron ‘Las del Convento de Santa María la Yerbabuena’ a ‘Los Yayoflauta’.

Roberto Gómez, sonrisa perenne, mirada inteligente y manga corta desafiando al biruji, (“a mí con los nervios me entran calores”), todavía conserva su aspecto juvenil mientras que sus compañeros de grupo van mutando la piel (gracias al trabajo de Pinceladas) en señores mayores pertenecientes a diferentes tribus urbanas, del rockero al hippie, pero con un nexo común: “las ganas de luchar porque estos yayos son muy reivindicativos”.

Tanto que para el letrista –que comparte staff con Juan Pérez Casado y José Juan Pastrana– este poso “de crítica social” que tiene su chirigota este año es “la gran diferencia” con respecto a su apuesta del pasado año.

“Mira, yo creo que a veces hay que hacer autocrítica y yo tengo la suerte de que tengo a mi padre y él me dijo el año pasado, la chirigota está muy bien, pero el Carnaval es crítica social y eso lo tienen que tener la agrupaciones siempre”, acepta el hijo de Pepe el de los Pabellones que recoge, con buen criterio, el consejo de su padre para montar este año (de la mano de Artifex) “una acampada en San Juan de Dios, al estilo del 15-M pero con los mayores como protagonistas”.

Así, Gómez precisa que la intención de su grupo (un grupo “limpio” de obsesiones y negruras propias de la competición) “no es ridiculizar a los mayores”. “En mi opinión –reflexiona– eso sería más fácil, hacer chistes sobre las pastillas o sobre ir lento a los sitios, pero lo que hemos querido es hablar, digamos, desde ellos y que sean ellos los que ridiculicen la situación que estamos viviendo”, explica el chirigotero que confiesa que “con mucho corte” se presentó ante la Marea de Pensionistas de Cádiz para contarles la idea la chirigota y que salió “muy contento y agradecido” con el recibimiento.

Poco a poco los cabellos se vuelven canos, las arrugas quiebran la lozanía de los rostros y el tiempo pasa, rápido, en el club de tenis.

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