Ellas también saben jugar
Nettie Honeyball funda en 1894 el British Ladies, primer club femenino de la historia, y durante la I Guerra Mundial se produce el 'boom' del balompié entre las damas con la aparación del histórico Dick Kerr's
Siempre se ha dicho: las niñas no pueden jugar al fútbol. Y las que se atreven, despiertan recelos respecto a su feminidad. Porque patear una pelota no es propio de mujeres. Asunto exclusivamente masculino, 'cosa de hombres', los prejuicios sociales han reprimido desde sus inicios cualquier tipo de entusiasmo de las féminas por este deporte. Considerado inapropiado para ellas, algunos galenos han sostenido incluso que resultaba perjudicial para su estructura corporal.
El desarrollo del fútbol femenino va a estar ligado a las luchas por los derechos de la mujer. En 1892, en la ciudad Glasgow, se registró su primer partido. Al año siguiente, se dictaron unas normas para evitar la violencia en el juego y que fuera socialmente aceptable para las damas. Fue en 1894 cuando una activista femenina, Nettie Honeyball, funda el primer club deportivo, el British Ladies FC, con el fin de demostrar que la mujer podía ocupar un lugar importante en la sociedad.
A comienzos del siglo XX la variante femenina del fútbol no gozaba de mucha práctica. La I Guerra Mundial lo cambió todo y resultó decisiva en el proceso de emancipación. La mayoría de los hombres tuvieron que dejar sus empleos para combatir en el frente y, con objeto de no detener la producción industrial y proveer de suministros bélicos a las fuerzas armadas, las fábricas decidieron contratar a mujeres. El trabajo resultaba muy duro y, para favorecer el descanso, Salud y Asistencia Social dispuso una serie de actividades. Junto con el baile y la natación, el fútbol fue una de las modalidades preferidas por las jóvenes obreras en sus ratos libres.
Pronto se organizaron competiciones entre las distintas fábricas y ciudades. Una de ellas era la escocesa Dick, Kerr & Co. con sede en Preston, vinculada a la fabricación de componentes para ferrocarriles. Al administrador Alfred Frankland, viendo a sus empleadas jugar al fútbol, se le ocurrió organizar para la Navidad de 1917 un partido a beneficio de los soldados heridos. Le comentó su idea a la encargada de montar esos encuentros, Grace Sibbert, cuyo marido estaba prisionero, y aceptó la propuesta. Nacía el Dick Kerr's Ladies FC. Frankland alquiló Deepdale, el estadio del Preston North End, club titular de la ciudad, y resultó un acierto. Miles de espectadores vieron al Dick Kerr's ganar 4-0 al Arundel Coulthard Foundry. El Diary Post destacó que las damas "no sufrieron el pánico escénico".
Gracias al éxito de su presentación en sociedad, y con el apoyo del dueño de la fábrica, continuaron jugando. Su popularidad iba en aumento. Varios de los estadios más históricos de Inglaterra figuran en su lista de visitas: Anfield Road, Old Trafford, Saint James Park y Goodisson Park. Sus hazañas empezaron a ser conocidas más allá del Canal de la Mancha y la Federación Francesa envió un combinado para disputarle una serie de partidos. En el último, celebrado en Standford Bridge, las galas se impusieron por 2-1, resultado que supuso un shock para las robustas inglesas, derrotadas por "estudiantes universitarias, esbeltas, y que caminaban al ritmo de la Marsellesa".
La Football Association se sintió amenazada por un equipo que, en ocasiones, atraía más espectadores que los hombres y, tal vez por temor a que un grupo de señoritas movilizaran multitudes, en su sesión de 1921 expresó "con determinación que el fútbol es completamente inadecuado para las mujeres". Basándose en argumento biológicos, desaconsejaron su práctica presentando supuestos estudios médicos que demostraban los peligros físicos que conllevaba, incluso para su fertilidad, y prohibieron a sus clubes afiliados la cesión de instalaciones para las mujeres.
La solución al boicot de la FA fue salir a competir al exterior. Como revancha de la derrota en Londres, el Dick Kerr's acudió a una gira por Francia y venció los 4 amistosos que disputó. Llegaba el turno de cruzar el Atlántico, para jugar en Estados Unidos y Canadá. Ante equipos formados por hombres, muchos de los cuales eran inmigrantes británicos que habían militado en la Premier, las representantes del sexo débil, de 9 partidos ganaron 3 y empataron 3. "Éramos los campeones nacionales y tuvimos que pasar un infierno para derrotarlas", recuerda un defensor que las padeció.
Durante la II Guerra Mundial su actividad quedó suspendida. Retornó en 1946 con otro nombre, Preston Ladies FC, ya que los nuevos dueños de la compañía les retiraron su apoyo. En 1965, finalmente, desapareció. Pero habían dejado plantada la semilla: ya no se podía contener el deseo de muchas jóvenes de jugar al fútbol. Las nuevas generaciones fundan clubes por todo el mundo y en 1969 se forma la Women's Football Association. La FA decide, por fin, incorporarlas y en 1971 les levanta el veto que pesaba desde hacía medio siglo. Ante su espectacular avance, se propuso crear una Federación Internacional de Fútbol Femenino. Pero 'papá grande' nunca ha tolerado que ningún organismo compita con él en su ámbito y, para poder controlarlas, la FIFA terminó por claudicar y dio cobijo bajo su paraguas al fútbol practicado por mujeres. En 1991 China acogió el primer World Championship for Women's Football y desde entonces se viene celebrando, siempre un año después del Mundial masculino.
Todo gracias al empeño de unas pioneras que, desde una fábrica y por el afán de divertirse, cuestionaron las convenciones sociales de su época. La mujer ha sido un elemento importante en el desarrollo y evolución del fútbol. Aún a la sombra del masculino, su número de clubes no cesa de aumentar. En palabras de Blatter, presidente de la FIFA, "el futuro del fútbol es de las mujeres". Hoy el balompié femenino es muy popular en el norte de Europa, Estados Unidos y Japón, países donde existen políticas oficiales para su desarrollo y promoción. En nuestro país se encuentra muy lejos de esos parámetros.
¿Las mujeres juegan al fútbol igual que los hombres? Una mujer posee idénticas condiciones para hacer con una pelota lo mismo que un hombre. Desde el punto de vista técnico no se aprecian diferencias, éstas vienen por el apartado físico (peso y envergadura). Dejando a un lado supuestas deficiencias atléticas (juego menos fuerte y rápido) y valoraciones frívolas sobre su sensualidad, lo que resulta indiscutible son las actitudes hacia el árbitro y el equipo contrario: ellas cometen menos faltas graves, no protestan tanto al colegiado y tratan con más respeto a sus oponentes que los varones. Mucho más leales que sus compañeros, la explicación podría estar en que es un fútbol menos profesionalizado, mueve menos cantidad de dinero y conserva el espíritu de sus inicios, cuando era más deporte que negocio.
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