Fútbol | Segunda División B

Victoria como bálsamo para el San Fernando

  • El equipo azulino, que ofrece muy poco en la primera mitad y mejora en la segunda, se deshace del Tamaraceite con un enorme gol de Francis Ferrón desde casi el centro del campo

Lolo González y un jugador del Tamaraceite caen ante un balón dividido. Lolo González y un jugador del Tamaraceite caen ante un balón dividido.

Lolo González y un jugador del Tamaraceite caen ante un balón dividido. / J.A.

Había que ganar. Por lo civil o por lo criminal. Pero había que ganar. Y se ganó. El San Fernando, con mucho que mejorar, salió de la crisis en la que le había sumergido el CD Marino hace una semana y se reencontró con una victoria (1-0 sobre el Tamaraceite) que le da toda la moral del mundo, que lo coloca en la tercera posición de la tabla clasificatoria, situación privilegiada que arrebata a su rival, y que eleva muchos enteros las posibilidades isleñas de terminar la primera fase de la competición con las tareas realizadas, es decir, terminar entre los equipos que dan opción a disputar la fase de ascenso a Segunda División B y que se aseguran su participación, la próxima temporada, en la Primera División de la RFEF, antaño Segunda B Pro.

El partido era a vida o muerte, y así fue durante su desarrollo. Principalmente por la dosis de ansiedad que tenían los de Jovan Stankovic, no salía nada bien. El técnico serbio realizó pocos cambios con respecto a lo que nos tiene acostumbrado y las novedades del once inicial azulino se centraban en el debut de Varela en el lateral izquierdo, en detrimento del joven Manu Moreno, y en la presencia en el once titular de Verge en lugar de Pepe Bernal buscando, posiblemente, más presencia en la zona de ataque. Eso dejaba solos en el centro del campo dos hombres de corte defensivo, Lolo González y Raúl Palma, y a los isleños con poca capacidad de creación.

Y el primer tiempo transcurrió con más pena que gloria. Todo fue, quizás, demasiado plano y ambos equipos se esmeraban en tener el control, evitar peligro en los alrededores de sus porterías, y mandar sobre el campo. Pero ni unos, ni los otros, lo hacían salvo a retazos. Los isleños comenzaron bien, con ímpetu y muchas ganas, pero se fueron diluyendo con el encuentro. Y los canarios, pues esperaban sin impaciencia en su campo, mostraban un trato de balón exquisito, pero poca profundidad de cara al marco contrario.

Esto se tradujo en contadas, muy contadas, ocasiones de gol, reseñable, por supuesto, la que tuvo Francis Ferrón a la salida de un córner en el minuto siete. Su remate de cabeza parecía inapelable, pero se encontró con un Nauzet agrandado que evitó que el curso de esta primera parte cambiase con una enorme intervención. Fue lo más reseñable de una primera mitad espesa, en ocasiones cansina y con poco que contar.

Todo cambió tras la reanudación. Los isleños salieron con muchos más bríos y conscientes de la importancia de adelantarse en el marcador, no en vano tal y como se había puesto el encuentro el que marcase primero tendría, sin duda alguna, mucho más posibilidades de alzarse con la victoria.

Y así fue, Francis Ferrón se sacó de la chistera el gol de la jornada. Tras un robo de balón de la zaga azulina, el algecireño apreció a Nauzet lejos de su marco y no se cortó un pelo en lanzar, desde cincuenta metros, una vaselina que, irremediablemente, se fue colando en una portería a la que intentaba tapar el cancerbero canario a toda costa. El tanto, para enmarcar.

A raíz de ese momento, el partido cambió radicalmente. En primer lugar porque el Tamaraceite necesitaba reaccionar y, con ello, abrió directamente sus líneas para que los isleños tuviesen mucho más espacio, sobre todo con los robos de balón para buscar rápidas contras que terminasen de cerrar el envite.

Eso sí, el dominio correspondió a los canarios que, fruto de ese exquisito juego con el balón en los pies confirmaba que su posición en la tabla clasificatoria no era mera casualidad y que el tener el esférico era la mejor manera de defenderse de su rival. En el 61’, un disparo Samuel Casais obligó a Perales a meter los puños para rechazar y en el 65’ una internada de Biabiany terminó con un disparo de Gabi Ramos ajustado a la base del poste que no entró por muy poco.

El encuentro tenía mucho más dinamismo y todo era mucho más entretenido, hasta el punto que, en el minuto 71, los isleños contaron con la más clara ocasión para aumentar su ventaja en el marcador y terminar de liquidar el choque. En una contra azulina, el debutante Varela puso un centro medido al omnipresente Francis Ferrón que remató con violencia al poste de un batido Nauzet. Podría haber sido la jugada definitiva, porque los canarios, que respondieron un minuto después con un disparo de Robaina que atajó Perales, se quedaron con diez efectivos en el campo cuando Carlos Cid se dobló la rodilla en el campo y tuvo que salir en ambulancia.

En los minutos finales, el Tamaraceite fue a la desesperada, sin mucho orden ni concierto, en busca de un empate que no llegaría, a pesar del remate de Jonathan Quintero que repelió Perales y a pesar de tener mucho más el balón que los azulinos. La suerte ya estaba decantada de parte del equipo de Stankovic que supo nadar y guardar la ropa a pesar de los ocho minutos de prolongación que se le dieron al encuentro.

Victoria que vale su peso en oro para los isleños. Triunfo que coloca al San Fernando en la tercera posición en la tabla a solamente a dos del Sanluqueño, ese que será dentro de 15 días el nuevo inquilino en el Iberoamericano de Bahía Sur. Los de La Isla abren un cielo que estaba lleno de nubarrones, rompen la maldición de los canarios, ante los que no había ganado desde que comenzó el curso y ven el futuro con mucho más optimismo que hace tan solo siete días. Y es que así es el fútbol que una derrota te condena y un triunfo te abre las puertas de la esperanza de par en par.

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