Reyes Magos
Los herejes de Casas Viejas en el blog Historias de Casas Viejas
Una productora andaluza está realizando un documental sobre los sucesos de Casas Viejas de una hora de duración para Canal Sur. Por lo que sé tiene muy buena pinta. Su director, Jose Luis (Pepelu) Hernández me entrevistó durante bastantes horas –luego obviamente se convertirán en pocos minutos en la película-. Una de las cuestiones planteadas fue qué si quedaban cosas por esclarecer sobre los sucesos, yo le contesté que sí.
Le puse varios ejemplos, como lo que pasó en la pensión de San Rafael de cuatro a siete de la mañana cuando se decide la razia y el papel de la oligarquía local en esa decisión y en los sucesos en general. También le dije que había cierta polémica historiográfica sobre el papel del gobierno, de los anarquistas o de los socialistas o sobre los hechos concretos del asalto al casarón de Seisdedos. Y vino la pregunta del millón. ¿Por qué no se entregaron los que estaban dentro del casarón? Le contesté con la teoría de Mintz. Cuando llegaron al casaron Artal y sus hombres, dos de ellos pretendieron entrar en el casaron para detener a Pedro y Francisco Cruz Jiménez como participantes en el asalto al cuartel. Ello se saldó con la muerte de Ignacio Martín Díaz, mientras que Fidel Madrás quedó herido en la corraleta. Entonces Artal envió a Manuel Quijada al interior de la vivienda para convencerlos de que se entregaran pero produjo el efecto contrario al observar estos la paliza que había sufrido por los guardias de asalto. La paliza a Quijada no sería nada comparado con lo que le pasaría a ellos si se entregaban, debieron pensar los que se parapetaron en el casarón.
Casarón de Seisdedos. Foto Serrano. 13-1-1933 “Pero si sabían que las fuerzas de orden eran infinitamente más poderosas que ellos porque no se rindieron”, me insistió Pepelu. Le conteste que había otra versión, la de de Tano Ramos. Según él concluye de las declaraciones al Juez Ramos, Artal no manda a Quijada a parlamentar con la familia de Seisdedos, si no que es este quien se escapa y al seguirlo dos guardias de asalto (Díaz y Fidel Madras) el primero cae muerto y el segundo herido. “…Así empezó a torcerse todo en Casas Viejas. De ese modo los de dentro se vieron empujados a resistir. Estaban convencidos de que aunque se entregasen, los iban a matar allí mismo en represalia por la muerte de los guardias de asalto”. Pero Pepelu, con la bendita curiosidad de un niño pequeño sigue insistiendo. “No entiendo esa actitud si sabían que no tenían escapatoria”. Yo me intento escapar diciendo que ahora transcurridos los hechos sabemos la atrocidad con la que actuaron las fuerzas del orden, pero a lo mejor ellos pensaban que no se atreverían a tanto. Pasamos a otra pregunta, tras el acuerdo de tácito de que la cuestión no estaba resuelta. Se me quedó clavada como una espinita. ¿Por qué, sabiendo en las condiciones en las que se encontraban, los de dentro no se rindieron, no se entregaron, no claudicaron…?
Estado en el que quedó el casarón de Seisdedos tras el incendio. Foto Serrano. 13-1-1933 Hace pocos días vi en el Facebook la viñeta que acompaña esta entrada. La compartí, la reflexioné y me trajo a esta pregunta que me martillea desde hace tiempo. Empecé a sentir cierta alegría porque veía algunas cosas un poco, no del todo, más claras. Se podría empezar planteando la cuestión al contrario ¿Por qué quemaron el casarón con 11 personas indefensas dentro? La correlación de fuerzas era muy desigual. Por la parte de las fuerzas del orden: granadas, una ametralladora, armas de todo tipo y cerca de 100 guardias preparados para sitiar una choza con tan solo nueve ocupantes. En el interior las nueve personas contaban con dos fusiles como armas para la defensa.
Parece claro que con el antecedente de Castilblanco de los Arroyos o Arnedo y el contexto tan convulso en el que se desarrolló la Segunda República el ataque al cuartel con dos heridos mortales no iba a quedar impune. El escarmiento debía ser ejemplar. Pero además, aunque Artal y Castrillón habían decidido dejar el asedio del casarón para la mañana siguiente, cuando a las doce de la noche del día 11 de enero llegó Rojas este decidió el asalto definitivo. Y para ello utilizó el arma más arrojadiza de todas las existentes; el fuego. Los que había dentro eran herejes, que habían atacado al poder constituido.
Ilustración de Saenz de Tejada El fuego (dicen que junto a la rueda e internet) constituye uno de los más relevantes inventos de la historia. Nos humanizó, nos alimentó, nos defendió, nos socializó… y también pronto fue utilizado como elemento de castigo para perpetuar el poder. Todo aquel (o aquella, es muy ejemplarizante el caso de las brujas medievales) que no aceptara el dogma político, ya fuera religioso o civil podía terminar pasto de las llamas. Ejemplos de ellos fueron la Inquisición europea o los Gulag soviéticos. Era también una forma de eliminar a un enemigo o apropiarse de sus riquezas, como hizo el rey francés con los bienes de los templarios. El fuego siempre ha tenido un simbolismo purificador, por ello es el elemento característico del infierno cristiano. Nicolás Aymerich, el inquisidor aragonés establece muy claro que el fuego es el mejor castigo para el hereje porque purifica a los buenos y reduce a ceniza a los malos. Nosotros somos los buenos, ellos son los malos. Pasa en todos los linchamientos, también en los cada vez más frecuentes en las redes sociales.
Casarón y corraleta de Seisdedos. Foto Serrano Por eso cuando he visto esta viñeta del Facebook me he acordado de la quema del casarón de Seisdedos. Se confirma ese carácter purificador y destructor del fuego sabiendo que Rojas terminada la razia le entregó un mechero a Artal para que quemara las viviendas de todos los herejes de Casas Viejas. Pero este con la ayuda del delegado del gobernador Fernando Arrigunaga y Martín Barbadillo lo convenció de que el escarmiento y la purificación ya habían sido suficientes. Que eran herejes también me lo confirma el hecho de que dos días después (y diez los quemados) fueron enterrados en zona profana, lejos de la parte sacra en el cementerio católico de Casas Viejas.
Ilustración de Joaquín Valverde Por el Facebook me entero que hereje viene del griego Hairetikós y que significa “el que es libre de elegir”. Y sabiendo la causa por la que quemaron como herejes a los que estaban dentro del casarón, puedo intuir que a lo mejor la decisión de no entregarse, de resistir, de no rendirse fue un acto de libertad de unas personas que llevaban mucho tiempo aplastados por un poder político y económico que no los dejaba vivir dignamente. Al igual que todos los herejes, “el que es libre de elegir” tomó un matiz peyorativo que persiste en la actualidad. Al que disiente, al que se opone frontalmente al dogma establecido –de cualquier tipo- se le condena a vivir perpetuamente en el fuego eterno.
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