Reyes Magos
Siesos. Por Fernando Santiago
Una de las cosas que más daño ha hecho a Cádiz es el eslogan “La ciudad que sonríe” que venía a abundar en esa idea de la gracia que aquí hay , quizás en el origen está la generación de Chano Lobato, el Beni, el Peña, el Masa y el Carota. De ahí pasamos a la explosión del carnaval, de donde surgieron unos cuantos guionistas de programas de humor y una legión de cantantes profesionales que iban todos los fines de semana expandiendo por los pueblos de Andalucía la idea del gracioso gaditano. No había televisión que no viniese a sacar a algún ocurrente o que buscase por la calle la gracia de Cádiz. Luego han venido una pléyade de aspirantes a cineastas que cada dos por tres sacan alguna película o documental sobre aspectos de la fiesta que inciden en la cansina idea. Nadie baja el balón al pasto, no hay ni uno solo que saque la verdadera realidad : Cádiz es ciudad de siesos. No hace falta poner a nadie un microchip en la oreja porque no solo somos amplia mayoría, sino que cada día somos más. No es necesario un sieso de guardia porque basta con salir a la calle para encontrártelos en cada esquina. Digo más: donde más siesos hay es en el carnaval, por muy graciosos que ellos mismos se crean. No hay un colectivo más intransigente, más intolerante y más picajoso que el del carnaval, ni siquiera el capilleo, mira que son empingorotados y fatuos los capillas, tienen todo el age del mundo comparado con chirigoteros y comparsistas. Para qué hablar de los autores que se creen merecedores del Premio Nóbel de Literatura. No es de extrañar que si este periódico quiere reflejar qué opinan los vecinos de San Juan de Dios sobre las concentraciones de colectivos en demanda de todo tipo de reivindicaciones encuentre un viejo que se queja de que a las 8.30 ya estaban gritando, al pobre le debe gustar dormir la mañana, que para eso está jubilado, ni siquiera cuando la Marea Prostática, digo Pensionista, se reúne se siente concernido. Un camarero se quejaba, y eso que entre col y col , lechuga: seguro que al acabar las reivindicaciones los activistas irían a tomarse un café con churros. La queja es el estado natural de Cádiz, somos una ciudad de pejigueras, le ponemos pega a todo, eso sí, la culpa siempre es de otro. Ayer, sin ir más lejos, se juntaron los capillas en un extraño aquelarre denominado “función votiva”, eufemismo que viene a decir, renovación del voto de la ciudad, que es como se llamaba antiguamente, cosa que Carlos Díaz le encargaba a un vecino, Teófila se lo reservaba para sí, Adrián Martínez de Pinillos nos obsequió un día con su agudo parlamento aunque ahora parece que el Equipo de Gobierno ha abandonado la función, prueba de que el siesismo también está en la política. Fernando Santiago
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