La situación en el Cádiz CF es insoportable: es necesario un relevo en el banquillo
La horrible dinámica y la derrota ante un débil colista meten al equipo en un laberinto de difícil salida y obligan a actuar a la directiva
La afición del Cádiz CF se harta y señala a los culpables
El quizás peor Real Zaragoza de la historia confirmó el viernes 6 de marzo en el rebautizado JP Financial Estadio que la crisis del Cádiz CF, lejos de ser pasajera, se cronifica hasta tal punto que requiere decisiones inmediatas por parte del presidente. El 0-1 resume el estado depresivo de los amarillos, camino del abismo sin que nadie haga nada por evitarlo.
Manuel Vizcaíno no puede seguir bajo el escudo de un entrenador agotado que ha tocado todas las teclas sin resultado. La responabilidad recae al cien por cien en el máximo responsable del club, a quien sólo le basta con aplicar un poco de sentido común para hacer lo que hay que hacer en estos casos. No es plato de buen gusto tener que adoptar medidas drásticas que además suponen un desembolso económico (quién sabe si es es la clave de la inacción de la directiva), pero no queda otra salida en esta tesitura tan delicada. No es el momento de vender historias no deportivas, sino de atajar una crisis que no tiene fin.
Gaizka Garitano trabaja de sol a sol. Su entrega y profesionalidad están fuera de toda duda, pero está quemado y llega un momento en que el club debe dar un golpe de timón en busca de una solución. No caben excusas. Un relevo en el banquillo no garantiza nada, pero a estas alturas del curso no puede haber otro movimiento que no pase por un nuevo técnico con suficiente experiencia para tratar de enderezar el rumbo antes de que el equipo se estrelle del todo. La temporada 2025-26 ya es un fracaso (lejos de la lucha por la fase de ascenso y en peligro de descenso) fruto de una pésima planificación cuya responsabilidad es del club, aunque ahora la cuestión es evitar la catástrofe que supondría la caída a la tercera categoría.
Al Cádiz CF se le esá poniendo cara de descenso. Lo ve cualquiera. Siete derrotas en ocho partidos, un punto de 24, cada más cerca de la 19ª posición y una tendencia a la baja a la vista de todos. La somanta de varapalos que está sufriendo un equipo moribundo sobre el césped exige una respuesta que no admite más demora. Y la decisión sólo la puede tomar el presidente. Está tardando en actuar mientras el equipo se desangra.
La situación se hace insoportable. Como no es posible echar a tantos jugadores en plena competición, no hay otra salida que no pase por un cambio de entrenador. Hasta el propio Garitano podría entender la decisión y quizás se sentiría aliviado ante el desbordamiento que supone una derrota tras otra. Lo que no se entiende es la falta de respuesta por parte de la dirección del club.
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