Cádiz CF

Lo concreto frente a los rodeos

  • El equipo amarillo ahoga a sus rivales con un armazón defensivo irrompible

  • Los de Cervera hicieron estéril el alto porcentaje de posesión del balón del Girona

Foto de familia en el vestuario del Cádiz tras la victoria ante el Girona. Foto de familia en el vestuario del Cádiz tras la victoria ante el Girona.

Foto de familia en el vestuario del Cádiz tras la victoria ante el Girona.

La victoria sobre el Girona, uno de los indiscutibles favoritos al ascenso, confirma el estado de permanente felicidad en el que se instala un Cádiz CF que se empeña en mostrarse intratable en el esprint de salida de la temporada 2019/20. Esta vez no doblegó a un recién ascendido como en semanas anteriores (Racing de Santander, Mirandés, Ponferradina), sino al conjunto con más poder económico que procede de Primera División A y tiene una plantilla que asusta.

Pero el que mete miedo sobre el césped, al menos de momento, es el Cádiz CF con un repóquer de triunfos en los cinco capítulos iniciales del campeonato. Un hito inalcanzabke para el resto. Es el único equipo de las dos principales categorías del fútbol español que gana todos los partidos tras la derrota del Atlético de Madrid frente a la Real Sociedad.

¿Por qué el Cádiz CF hace un pleno y se desenvuelve como un rival intratable? Ante el Girona lo demostró como pocas veces lo había hecho. Con contundencia. Juega a no dejar jugar al contrario. Es su mayor virtud y lo que sabe hacer lo realiza a la perfección.

El cuadro catalán, fabricado a golpe de talonario y en el que militan futbolistas desequilibrantes como Samu Sáiz, Borja García, Álex Gallar, Jairo (qué bien le hubiese venido al Cádiz su continuidad), Stuani… apenas generó ocasiones de verdadero peligro, no logró conectar un remate en condiciones dentro del área. No pasó más allá de inquietar con combinaciones con brotes de calidad que murieron en la zona de tres cuartos gracias a la fortaleza edificada por los locales con cimientos inquebrantables.

Los amarillos aburren a todo el que se pone enfrente. Tienen interiorizada la máxima de que los partidos se ganan desde la destrucción de las cualidades del contrario. En ello están con una elevada eficacia. Apenas conceden ocasiones a su adversario en las primeras cinco jornadas de Liga. Cada oponente siempre tiene pegado como una lapa al menos a un gaditano. Así es imposible maniobrar.

El encuentro contra el Girona fue el reflejo diáfano de que en Segunda A no basta sólo con la calidad si no está acompañada de la intensidad que requiere la categoría. El Cádiz conoce el paño de sobra y sale con el cuchillo entre los dientes.

El equipo de Álvaro Cervera no negocia la lucha. Se entrega a tope en cada acción, los jugadores no pierden el orden y después llega todo lo demás. El entrenador explicaba en la previa de último duelo que su método se basa en la concreción en busca del resultado sin importarle tener el balón más o menos tiempo. No encontró mejor día su equipo para ofrecer el mejor ejemplo. Esfuerzo, defensa, oficio y además definición. Qué más se puede pedir.

Lo que cuenta es ganar. Da igual quién tenga el esférico. De hecho, el Cádiz CF no lo necesitó para quedarse con los tres puntos en su feudo. Rayó la perfección en la labor defensa y golpeó cuando tuvo la ocasión de hacerlo. El balón fue propiedad del equipo de Juan Carlos Unzué, que acreditó casi un 64 por ciento de posesión del todo estéril. Casi ni tiró a puerta. El que marcó dos goles fue el que apenas superó el 36 por ciento de tenencia del cuero.

Con una estructura defensiva de acero inoxidable y una pegada descomunal, la consecuencia no puede ser otra que el pico más alto de la clasificación con todos los puntos en el bolsillo. El Cádiz CF es el equipo más goleador de la Liga con 11 tantos. No hay partido que no haga como mínimo dos goles y ello pese a las habituales dificultades en ataque.

Los de Cervera explotan sus cualidades y el pleno de victorias alimenta la ilusión. Es una etapa de alegría aunque no hay que perder de vista la dureza de una competición compuesta por 42 jornadas. Quedan 37 nada menos. Hablar de ascenso en pleno mes de septiembre es una osadía que añade una presión innecesaria con todo lo que hay por delante.

La autoestima en el vestuario es tan alta como el puesto de la clasificación, pero nada de euforia desmedida. Todos saben que han empezado bien pero que todo está por hacer en una mezcla de humildad y ambición.

Se trata de disfrutar del momento con una sonrisa de oreja a oreja y caminar paso a paso, centrado en cada partido, que siempre es el más difícil. Y lo que tenga que ser, será.

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