Cádiz CF

Reforzado pese a la derrota

  • El equipo amarillo acaba la excelente racha con la sensación de estar capacitado para competir con los mejores si es capaz de mantener su línea de solidez y no es perjudicado por los arbitrajes

Garrido busca el balón en pugna con el malaguista Dani Pacheco. Garrido busca el balón en pugna con el malaguista Dani Pacheco.

Garrido busca el balón en pugna con el malaguista Dani Pacheco. / Marilu Báez

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La prolongada dinámica victoriosa del Cádiz CF duró 43 días desde aquel triunfo redentor en el campo del Lugo el 27 de octubre, que supuso el comienzo de la dulce luna de miel, hasta el que consiguió en casa ante el Rayo Majadahonda el pasado 9 de diciembre. Un mes y medio con la sonrisa imperturbable de oreja a oreja gracias a nada menos que siete victorias consecutivas que quizás –con toda probabilidad- ya no repita en lo que resta de temporada.

Ganar una y otra vez sin respiro en un campeonato caracterizado por el extremo equilibrio es digno de aplauso ahora que el conjunto entrenado por Álvaro Cervera muestra su lado más humano con el regreso al casillero de una derrota que tenía que llegar tarde o temprano. Sucedió en Málaga.

En la digestión de la decepción que siempre va aparejada a toda derrota es cuando hay que realzar el valor de lo realizado por la escuadra gaditana. Los 21 puntos concatenados que se embolsó antes de chocar con la auténtica realidad del torneo son los que le han metido de lleno en la batalla en la zona alta de la clasificación, los que ahora le dan margen para afrontar tropezones que forman parte de la cotidianidad.

No hay un solo rival que sea invencible. Tampoco el Cádiz aunque lo llegase a parecer durante ese periodo glorioso de consumo compulsivo de triunfos en una muestra de lo que es capaz de hacer este equipo. Hay que quedarse con el tiempo de disfrute que alimenta la esperanza para lo que se avecina.

Perder en La Rosaleda es algo tan normal como comprar el pan. Allí han caído ocho de los nueve visitantes. Un pequeño frenazo y nada más en un largo camino. Hay mucho por sumar en adelante. No se puede ganar siempre y pocos pueden discutir que hasta entraba dentro de los límites de la lógica volver de vacío.

El varapalo no abre una sola grieta en los sólidos cimientos de un equipo que tuteó sin complejos al potente Málaga, el adversario más poderoso de la categoría de plata, el que maneja el tope salarial más elevado –más de 25 millones de euros, más del triple que la entidad cadista-.

La derrota no resquebraja ni el modelo de juego ni la autoestima. Todo lo contrario. El Cádiz CF sale reforzado después de ofrecer un recital de consistencia en la primera mitad y llegar hasta el pitido final del partido con opciones de puntuar en el campo más complicado de Segunda División A. Eso sí, cuando le tocó llevar la iniciativa, con el marcador en contra, mostró las dificultades que encuentra en ataque estático frente a un rival pertrechado en su terreno que también sabe defender.

En cualquier caso, el Cádiz CF no mereció perder en un duelo igualado resuelto con un solo gol. El Málaga aprovechó sus mejores momentos y el cuadro amarillo no lo hizo, y además se vio perjudicado por el colegiado Trujillo Suárez.

Cuando un partido resulta tan igualado, un penalti no señalado se convierte en una jugada clave

En un encuentro de máxima igualdad, cualquier detalle puede inclinar la balanza hacia un lado u otro. Y es que el árbitro se comió un penalti de libro. Lo vio todo el mundo menos él. Fue la clave del partido. En la mejor jugada del Cádiz, pocos minutos antes del intermedio, Álex Fernández dibujó una pared perfecta con Manu Vallejo, se plantó dentro del área con el balón controlado y su disparo, fuerte y colocado, lo desvió el defensa Pau Torres con un codo.

La infracción fue tan clamorosa que no cabía otra decisión que no fuese el dedo señalado al punto ubicado a once metros de la portería. Pero el árbitro desvió su extremidad hacia el córner ante la incredulidad de los jugadores amarillos.

Con su decisión, Trujillo Suárez favoreció al grande y perjudicó gravemente al menos grande. Si hubiese señalado el claro penalti y de haberlo transformado Álex Fernández –el encargado de lanzar las penas máximas-, el Cádiz, con ventaja en el marcador, no hubiese perdido el encuentro casi con toda seguridad y quién sabe si hasta hubiese conjugado el verbo vencer. Le fue cercenada esa posibilidad y el enfado en el vestuario cadista era de aúpa.

Más allá de las circunstancias adversas y del reencuentro con la derrota -63 días después de la última, sufrida en el campo del Extremadura-, la principal conclusión de la cita del viernes en la Costa del Sol es que el Cádiz demostró que es capaz de competir con los mejores. Pese a perder, dejó la sensación de que puede pelear en la noble de la clasificación si mantiene la línea trazada y además acierta con los refuerzos en el mercado de invierno. Urge al menos un delantero.

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