Cádiz CF - Numancia | Ambiente

Pasión, calvario y gloria

  • La afición vibra, sufre y acaba celebrando una victoria que permite poner fin a la mala racha en el Ramón de Carrranza

Manuel Vizcaíno, junto al ministro Grande Marlaska en el palco del Ramón de Carranza este domingo. Manuel Vizcaíno, junto al ministro Grande Marlaska en el palco del Ramón de Carranza este domingo.

Manuel Vizcaíno, junto al ministro Grande Marlaska en el palco del Ramón de Carranza este domingo. / Jesús Marín

Mediodía primaveral para cerrar una Semana Santa ligeramente pasada por agua con un Domingo de Resurrección que permitió al Ramón de Carranza resurgir de entre los muertos después de tres empates consecutivos del Cádiz en la Tacita de Plata ante Lugo, Córdoba y Zaragoza. La afición tenía ganas de fiesta y a fe que celebró el encuentro con el Numancia con pasión. En tiempo de prolongación, cierto, pero más vale tarde que nunca.

Con algo más de público que en anteriores citas, por encima de los 13.000 espectadores, la grada vibró con los suyos desde el pitido inicial. El tempranero gol de Jairo, además, espoleó aún más a la hinchada, que durante toda la primera parte se las prometía feliz por lo que acontecía sobre el tapete verde, las sensaciones que dejaban los pupilos de Álvaro Cervera, que perdonaban alguna que otra opción clara de sentenciar al adversario.

Ni siquiera decayó el ánimo de los cadistas cuando el conjunto soriano devolvió las tablas al marcador en el arranque del segundo acto. Los peores momentos de los amarillos dieron paso a minutos de incertidumbre no exentos de ilusión.

Ni los jugadores ni los seguidores desfallecieron cuando el duelo entraba en su recta definitiva y las cosas pintaban más bien oscuras. Un vía crucis marcado por el calvario temido de encadenar una cuarta jornada sin vencer como local. Que los visitantes se quedaran con uno menos a falta de un suspiro para el 90 se celebró como un medio gol. Los dos minutos que los de López Garai perdieron entre la cartulina roja y el posterior cambio no iban a variar los acontecimientos.

Como si se tratara de un futuro ya escrito, el Cádiz estaba predestinado a reencontrarse con la victoria en casa. Y el milagro se obró con un derechazo de Darwin Machís que llevó el júbilo a los presentes. Las sonrisas de una semana antes en el domingo de Las Palmas por momento se tornaron en semblantes serios y de mucha preocupación. Pero el siguiente domingo trajo finalmente la anhelada gloria de los tres puntos para mantener intacto el sueño del play-off.

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