El Rápido, el tren que tardaba diez horas en llegar a Madrid desde Cádiz

La alternativa de unir provisionalmente Cádiz con la capital de España a través dela vía convencional recuerda los tiempos en los que la ciudad tenía tres conexiones diarias, alguna eterna, con Madrid

Cádiz estaba conectada con Madrid a través del Rápido, el Talgo y el Expreso

El mismo tiempo que el viejo Talgo

Uno de los primeros modelos de Talgo que circuló en España. / Archivo

La tragedia ferroviaria ocurrida hace una semana en la localidad cordobesa de Adamuz ha obligado a Renfe a cerrar por un tiempo la línea de alta velocidad entre Madrid y Andalucía y a poner en marcha un plan alternativo que, en unos casos, combina tren de alta velocidad y autobús para salvar la zona donde se produjo el siniestro, y que, en otros, recupera la vía convencional de la red de ferrocarriles para unir diariamente Cádiz y Madrid. Esta recuperación sirve para recordar los tiempos, no tan lejanos si nos remontamos a finales de la década de los 80 e incluso principios de los 90 (el AVE llegó en 1992), en los que había tres trenes diarios hacia Madrid. Uno de ellos, conocido como el ‘Rápido’, tardaba diez horas, y a veces más, en llegar a la capital de España.

Efectivamente. Antes de que la alta velocidad irrumpiera en la escena española coincidiendo con la celebración en Sevilla de la Exposición Universal, Cádiz tenía diariamente tres trenes que conectaban con Madrid: el conocido como Rápido, que salía en torno a las diez de la mañana de la estación de Cádiz para llegar a Atocha sobre las ocho de la tarde; el Talgo que partía sobre la una y alcanzaba destino con unas ocho horas de viaje, y el Expreso, el tren nocturno que partía sobre las diez y media de la noche y llegaba a Madrid a eso de las ocho de la mañana. También desde Madrid y con destino Cádiz salían estos tres trenes, con horarios muy parecidos.

Eran trayectos, pues, de verdadera larga distancia en kilómetros y horas, donde el Talgo se erigía como la opción más ágil y cómoda. Y también, evidentemente, como la más cara frente a la económica alternativa del eterno Rápido.

En el Expreso, el popular Exprés, las posibilidades de viajar eran varias dentro del mismo tren, pues había coches cama, literas con compartimentos para seis personas, vagones de primera clase y vagones de segunda con un habitáculo también para seis viajeros.

Unos más que otros, cada uno de los trenes realizaba un buen número de paradas durante su recorrido. Además de las localidades de la Bahía y la parada en Jerez, los trenes solían parar en Sevilla y Córdoba antes de enfilar hacia Linares-Baeza para cruzar Despeñaperros y alcanzar La Mancha con Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas y Alcázar de San Juan como algunas de las localidades con parada. Y antes de llegar a Madrid, a la vetusta estación de Atocha, parada en Aranjuez.

El tiempo que empleaban los trenes en llegar a Madrid, como ya queda dicho, era variable. El Talgo, la joya ferroviaria de España, no sólo era el tren más veloz, sino que, además, solía tener preferencia de paso en aquellos puntos de la red en los que su paso coincidía con otro convoy de menor rango.

No pasaba esto, desde luego, con el Rápido, un nombre contradictorio para un tren que, como mínimo, tardaba diez horas en cruzar media España y que normalmente acumulaba cierto retraso. En su descargo debe decirse que tenía más paradas que nadie en su recorrido.

Y el Expreso también era una sorpresa. Su condición de tren nocturno le hacía bastante popular, al tiempo que ese horario permitía llegar a la capital de España a primera hora de la mañana, siempre que no sufriera retrasos, lo que también solía ser habitual.

Ahora, de forma provisional tras el accidente de Adamuz, este recorrido por vía convencional se ha recuperado para que Cádiz y Madrid mantengan, la previsión es que hasta el 2 de febrero, una línea que tarda entre siete y ocho horas en llegar a su destino. Casi como hace cerca de 50 años.

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