Los once millones de euros peor gastados en la ciudad de Cádiz

EL PASEANTE

El vestíbulo de la estación, cerrado durante 20 años, abre a medias y con mucho espacio de sobra

El tesoro oculto de la estación de Cádiz

Tras la cristalera, una de las grandes salas del vestíbulo de la estación donde deberían de ir los locales comerciales.
Tras la cristalera, una de las grandes salas del vestíbulo de la estación donde deberían de ir los locales comerciales. / Julio González

HACE poco más de un cuarto de siglo la ciudad de Cádiz experimentó una profunda transformación urbanística gracias al soterramiento de la vía del tren.

Junto a la desaparición del paso del tren que partía en dos partes el Cádiz de extramuros, el proyecto incluyó la construcción de un nueva terminal ferroviaria y la construcción, también, de cuatro apeaderos de Cercanías a lo largo del trazado hasta salir del término urbano.

Este ambicioso proyecto, ejecutado en tiempo y forma, lo que ya es un milagro hablando de obras públicas en Cádiz, nació cuando aún disfrutaba el país de una cierta bonanza económica; cuando los diseños de las infraestructuras públicas se diseñaban a la grande; cuando había dinero para gastar en obras visualmente desmesuradas.

Así nació el nuevo complejo ferroviario, en sustitución de la ridícula estación abierta en los años 60 del pasado siglo.

Más allá de la inmensa nave de llegada y salida de los trenes, el skyline en este tramo de la ciudad se rompe con un poderoso edificio que, a modo de cubo, se asienta con fuerza en la entrada al casco histórico de la ciudad.

Sobre el mismo, además, se levantarán algún día seis plantas más para un nuevo hotel. El impacto visual está asegurado, aunque cuenta con el visto bueno de la Comisión de Patrimonio, al ser un entorno BIC por la vecindad con la muralla de la ciudad.

Este edificio se diseñó como el gran vestíbulo de la terminal ferroviaria. El inmueble se terminó de construir hace más de dos décadas, con una inversión de 11 millones de euros.

Durante estas décadas el vestíbulo ha permanecido cerrado, sin uso, deteriorándose como todo lo que no se utiliza. Mientras, se habilitó un acceso provisional a la estación, que como todo lo provisional en esta ciudad acaba haciéndose permanente.

Una elevada inversión

Once millones de euros no es una cifra a despreciar. Por ejemplo, es algo más de la tercera parte de la inversión en vivienda del actual Ayuntamiento.

Hace unas semanas se abrió el edificio. No se cortó cinta alguna ni vino el ministro del ramo para hacerse foto en un momento del acto. Era lógico, porque fue, y sigue siendo, una apertura a medias.

Las dos inmensas salas de este equipamiento público, con una planta de 2.500 metros cuadrados de superficie, apenas si sirven de conexión peatonal entre el nuevo aparcamiento de la estación y la zona de vías. Una de las salas, sí, se ha llenado de bancos en los que poder sentarse mientras se espera la salida o llegada del tren. La otra sigue vacía.

De las tiendas que iban a llenar este espacio, como las tienen las terminales de Sevilla, Córdoba o Málaga, ni están ni se le espera. Adif dice que por el momento no hay previsión de hacer un concurso para montar estos negocios. Lo mismo pasa con la zona de taquillas, construida hace veinte años pero que Renfe no utiliza.

Visto lo visto, el edificio del vestíbulo, y sus 11 millones de inversión, es desmesurado en su tamaño para las necesidades de la terminal gaditana, que bien se podría haber apañado con un equipamiento más reducido, y barato.

Ha pasado igual con las estaciones de Cercanías de San Severiano, Segunda Aguada, Estado y Cortadura, que ocupan igualmente edificios desmesurados para el nivel de uso que tienen. Edificios fríos donde se llegaron a cerrar las taquillas para cambiarlas por máquinas.

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