Mucho más que 50 mil periódicos
historias del diario
Cinco empleados antiguos del Diario cuentan sus vivencias. Algunos de los hombres que formaron la raíz de un negocio que ha perdurado 147 años.
Guillermo, todo el mundo lo sabía, tenía una uña mágica.Con ella arreglaba máquinas y artilugios que no lograban reparar "ni siquiera los alemanes". Antonio (Perea) ascendió casi como nadie en el Diario pero recibió un día una lección de humildad que nunca olvidó. Otro Antonio (Masiá) se resistió a seguir el ejemplo de sus hermanos, pero al final consideró que haber engrosado las filas de los trabajadores de la calle Ceballos fue lo mejor que le ocurrió. A Ildefonso, 'bilaureado' con medallas al trabajo, todo el mundo le llamó siempre Alfonso, "entró de paje con el fundador" y aún no ha salido del Diario. Jesús (Collantes), el eterno joven, no iba para periodista, pero su profesora de Hacienda Pública acertó al profetizar que lo mejor que podía hacer era dedicarse a escribir en los periódicos. Imposible reunir a toda "la gente del Diario",estos cinco nos sirvieron hace unos días para revivir mucho más que 50.000 números.
Antonio Perea recuerda bien que a él lo llamó su tío Alfonso (ya saben ustedes, Ildefonso) un día que salía del colegio, ni con 14 años cumplidos, para decirle que había un puesto de aprendiz de fotograbado en el diario y que si le interesaba. Le dijo que sí, claro. Era el año 56, "recién casado don Federico Joly Höhr".Pronto empezó a compaginar este trabajo con algunos recados en la administración hasta que se fue a la mili en el 62. "Yo salía del fotograbado a las 4 de la mañana y las 10 ya estaba en la oficina, para ir a Correos ¿te acuerdas? a los bancos…".
Poco después de venir de la mili, pasó definitivamente a ser administrativo, fue ascendiendo a cajero y después a administrador. "Y los últimos 30 años pa qué te voy a contar…" concluye, dando por entendido que todos los que le escuchamos sabemos la historia. "Habrá quien ha trabajado igual -señala-, pero quiero resaltar que yo he trabajado con tres generaciones: con don Federico Joly Díez de la Lama, con los Joly Höhr y con los Joly Martínez de Salazar y los Joly Palomino". Collantes salta :"¿y qué epoca te ha gustado más?". Antonio responde rotundamente "¡la primera!", y dos segundos más tarde "… y la segunda", y otros cuatro segundos después, "… y la tercera". Risas cómplices que quizá hacían referencia a otra época más amable, a lo que luego contó Masiá del agradecimiento a cómo se portaron los Joly con su hija enferma, a cómo se ayudaba a muchos operarios en situaciones difíciles, o a la historia de Dionisia, una mujer que trabajaba en casa de los Joly, y que cuenta Ildefonso: "El hijo de Dionisia,El Fandi, era cazador furtivo. Un día lo pilló la Guardia Civil y lo llevó a la prisión del Puerto. Nos lo cuenta y yo, echándole cara, llamo aldirector de la cárcel, le digo que soy del Diario y lo convencí para que lo dejara salir todos los días y fuera a la cárcel sólo a dormir. Así que fíjate, gracias al Diario, El Fandi salió de la cárcel todos los días durante elmes que estuvo en ella". "¡Tantas cosas! Había una humanidad...", dicen casi a coro.
"La verdad es que yo llegué a ser el hombre de confianza de los Joly", se ufana Perea. "Sí, era como en El Padrino: el consigliere, ése que interpretaba Robert Duvall", apunta de nuevo Collantes , que de pronto recuerda que en el Diario también trabajó un Consiglieri, "exactamente Pedro Consiglieri Pérez, vecino mío, precisamente" corrobora Perea, al que todos llamaron siempre Añori.
Lo de los Masiá era una auténtica saga. El abuelo de Antonio, valenciano, ya trabajó en el Diario. Su padre fue linotipista y hacía también información. "Yo fui el último de mis hermanos que entró en el Diario. Ellos me comunicaron, por mediación de Pepe González (el recordado regente de taller), que había una plaza de corrector. Yo tenía 29 años, trabajaba en una empresa de materiales de soldadura.Dudé, pero me decidí y entré de corrector, en el año 74. Don José Joly, que en paz descanse, me hizo la primera entrevista. La recuerdo como si fuera ayer, y a partir de ahí, la corrección me gustó mucho,pese a que eran muchas horas. Y después nos teníamos que quedar a hacer una revisión general una vez salido el diario de la rotativa, vamos, la censura que se le llamaba. Era un poco pesao, después de la jornada echar un par de horas más. Después de 15 años en la corrección,me dijeron que hacía falta un archivero y ese cambio también fue muy bonito,apasionante. Para mí elDiario ha constituido mi vida".
Collantes siempre fue el moderno de la Redacción. Llegó al Diario por su afición a la música. "En un concierto conocí a Paco Perea, el hermano de Antonio Perea, hablamos. Yo ya lo conocía a él, había leído las cosas que escribía, él tenía referencias de que a mí me gustaba la música… Total, que hice unas colaboraciones externas, y yo me iba a casa de Paco, encima del periódico, él ya trabajaba en el Diario... Hasta que pasé a hacer otras cosas… incluso he hecho un montón de dibujos para el periódico, cuando había una tragedia aérea, don Federico que tenía un carácter muy dulce gritaba: "Dónde está Collantes? A ver, hazme un dibujo… me llevé hasta el Atlas que yo tenía de bachiller, y eso me servía, yo le ponía los titulares… Fui el primero en la Redacción en el tránsito de las nuevas tecnologías, con los suplementos en tabloide que hacíamos en la calle Hércules... ".
"En esos suplementos colaboraba Fernando Quiñones", tercia ahora Ildefonso… y Jesús: "¡Yo con Fernando Quiñones he tenido unas discusiones…! Porque siempre quería cambiar las cosas a última hora… y yo le decía no, ven más tempranito...".
- "Ese que tienes ahí con cara de galgo", le soltó un día a Federico refiriéndose a ti, le dice Ildefonso.
-¡Con lo descuidado que era Quiñones¡ Yo le podía haber dicho de to porque era el más desaliñado del mundo…
- Tú le dijiste que era un gangster de la literatura.
-Sí, seguramente le diría algo en consonancia con las cosas que él me decía. Mira, yo fui un día a casa de Quiñones con Agustín Merello, y dice "queréis comer algo". Y yo, en casa de Quiñones y de manos de él, dije que no, y Agustín tampoco. Pero él dijo, "pues yo voy a comer algo". Y de la gaveta de una cómoda, la gaveta es un cajón que parece que no lo es, de ahí sacó un plato con unas acedías que estaban ya abarquilladas, les podía haber puesto una butaca en lo alto y para dormir niños hubieran sido del carajo". Con Collantes es imposible parar de reír.
Jesús no recuerda el año en que empezó en el Diario. Pero relata detalladamente que hizo la carrera de Mercantil,y cómo su profesora Carmen Rodríguez ("que no veas cómo era") le dijo un día que él debería dedicarse a escribir en los periódicos. "Y si no, te vas a equivocar", le advirtió. Cuando acabó la carrera, un día se cruzó con ella por la calle y le dijo: "Doña Carmen, estoy escribiendo unas cositas para el Diario" Y la profesora le dio un abrazo a la vez que le decía "¿Ves como yo no me equivocaba?".
Decir Ildefonso Marqués en Cádiz es decir el Diario. Igual que en su persona se define una característica común a estos 'antiguos': su versatilidad. Desde que entró en el año 50, en el fotograbado, en el puesto que luego le dejó a su sobrino Antonio, pasando por su etapa en el Instituto Hidrográfico aprendiendo fórmulas para impresionar y revelar planchas, hasta que de vuelta en el Diario Conchita (Concepción Grela), la administrativa, le dijo "Alfonsito ¿tú te quieres buscar unas horas?, Yo sí, dije enseguida, y empecé en la oficina, y la simultaneaba con el fotograbado. muchísimas horas. Después fui corrector también, y luego entré en la sección de Publicidad. Don José nos mandó a Navarra a hacer cursos de marketing, hasta que llegué a ser director comercial de Diario de Cádiz, Diario de Jerez y Europa Sur, los tres a la vez". Pocas líneas para contar tantas cosas y tanta carrera. "Yo vine de paje con el fundador", resume.
Guillermo de la Vega puede hablar con mucha dificultad después de algunos graves problemas de salud, pero sus compañeros hacen de portavoces. Dice Perea que Guillermo estaba trabajando en la Instaladora Eléctrica, que se encargaba de arreglar los problemas de esta índole al Diario. "Pero venían tantas veces, y siempre mandaban a Guillermo, que nos dijimos: vamos a contratarlo. Y allí vino con su magnífica uña". La uña de Guillermo era la metafórica extremidad humana con la que "lo arreglaba todo", según Antonio . "Como anécdota diré que un día se estropeó la rotativa y se llamó a unos alemanes, pero al final el que la arregló fue Guillermo de la Vega Vázquez... ¡con la uña! Y lo mismo hacía la instalación para todos los ordenadores, las ampliaciones del Diario, que lo mejor lo llamaba doña Rosa (la madre de Federico y José Joly) y le arreglaba el molinillo. "Una cosa que me encantaba de él -cuenta Collantes- es que se atrevía con todo. Muchas veces me llamaba para que le tradujera los manuales de las máquinas que venían en inglés, pero era un inglés técnico y tenía palabras o expresiones que podían variar mucho, es decir que yo no sabía si hablaba de fusible o transformador. Pero él era muy osado, muy valiente,le echaba cojones a todo". "Y la mayoría de las veces cortaba oreja y rabo", confirma Perea.
Si Ildefonso empieza un razonamiento: "Y cuando vino la informática..." Collantes le para: "Tú hablas mucho de la informática, pero estaban ya las pantallas funcionando en el periódico y tú le tenías un cariño al 'libro grande' que no había manera de quitártelo. Tú siempre 'el libro', a mí me dejas de tonterías". "Es que yo tenía que seguir vendiendo mientras los otros aprendían informática -se defiende el decano- Yo me quedé con las palomas mensajeras". Imagínense ahora a estos seres humanos discutiendo sobre el futuro del papel enla prensa. Una vez más, Collantes fue el más moderno.
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