Cádiz Los mensajeros en la pandemia del coronavirus

  • Los repartidores se han pateado las calles durante la época más dura del confinamiento para que todas las cartas y paquetes llegaran a buen destino a pesar del coronavirus

Un repartidor de MRW provisto de su mascarilla en plena jornada de trabajo. Un repartidor de MRW provisto de su mascarilla en plena jornada de trabajo.

Un repartidor de MRW provisto de su mascarilla en plena jornada de trabajo.

Cuando el presidente del Gobierno hacía sus primeras comparecencias en la televisión para ponernos el interior malo. Cuando aún se anunciaba que lo peor estaba por llegar. Cuando la falta de papel higiénico era una de las principales preocupaciones de la población, ellos estaban por medio. Ellos, al igual que otros muchos servicios que, por su consideración de esencial, se hicieron vitales para que esa anormalidad impuesta por el coronavirus fuera lo más llevadera posible.

Pasaron el Día del Padre, el de la Madre y cientos de cumpleaños y aniversarios en los que los regalos fueron desde ese dibujo del peque de la casa diciéndole a papá o a mamá que todo saldría bien, pasando por el bienaventurado bizcocho de chocolate o la manualidad con los pocos objetos que teníamos en casa durante el confinamiento que ahora desescalamos con este circense faseado.

El ‘Formi’ envió a ‘Diario de Cádiz’ un selfie en el almacén de Seur. El ‘Formi’ envió a ‘Diario de Cádiz’ un selfie en el almacén de Seur.

El ‘Formi’ envió a ‘Diario de Cádiz’ un selfie en el almacén de Seur.

Mientras todo eso ocurría, ellos no faltaban. Han sido los repartidores. Ha llevado medicamentos a los hospitales y a las farmacias o incluso a casas particulares, y hasta “lo más extraño que te puedas imaginar”.

Así lo describía el presidente de la Asociación de Repartidores Gaditanos (ARGA). Si se dice que este señor se llama José Armario Gómez puede sonar a desconocido para la mayoría, pero si decimos que la voz cantante en esta peculiar asociación es el 'Formi', la cosa cambia. Él forma parte de una de las chirigotas más queridas y conocidas en el mundillo del Carnaval, la chirigota del ‘Love’.

De hecho, lo primero que hace es explicar de dónde viene su apodo de 'Formi'. “Tú te acuerdas del Cubano? El pobre ya murió pero era un tío muy largo que salió en varias agrupaciones y algunos cuartetos. Él me puso ese mote”. José Armario reconoce que le dio “tela de coñazo al Cubano” para que éste le dejara tocar su guitarra, a lo que recibía continuos “no es pesao el niño éste”. “Pero un día, ¿te acuerdas de la feria que ponían al lado del Parque Genovés? ¿Te acuerdas que allí ponían los cacharritos? Pues eché dinero en una tómbola y me tocó una guitarra bastante chunga que era como de formica”. Armario, presidente de Arga y trabajador de la empresa Seur, empezó a llevarse a todos los ensayos de la agrupación “esa porquería de guitarra” hasta que el Cubano “me mandó lejos y me regaló el apodo de Formi”.

“Pero dime, ¿tú qué necesitas? Pregúntame”. Ya el Formi se transforma y asume el papel de José Armario para describir cómo ha sido su vivencia como repartidor durante este confinamiento. Ellos han trabajado estos 80 días sin parar desde las siete de la mañana hasta las ocho de la tarde. A Seur, según confiesa el Formi, le ha hecho falta incluso refuerzos pero confiesa que el principio fue, como para casi todo el mundo, un poco desconcertante. Cuenta que llegaron el primer día sin saber si realmente eran considerados como un servicio esencial o no, pero rápidamente nos aclararon que “nuestro trabajo era necesario, así que tocaba remangarse”.

La plantilla ha trabajado al completo porque “como la gente estaba encerrada en sus casas y las tiendas estaban cerradas se encontraron con que la única forma de comprar muchas cosas era por Internet”. Esto les llevó a duplicar el volumen de sus entregas. “Ahora tenemos el volumen de unas navidades o incluso un 50% más aún. Estamos saturados”.

Casi toda su clientela estaba formada por particulares con los que no podían, de ninguna manera, mantener ningún tipo de contacto personal. “Llegábamos –cuenta Formi–, llamábamos al telefonillo o por teléfono si no había telefonillo y bajaban a recoger el paquete. Lo recogían y se iban”.

Eso sí, todo con guantes y con mascarillas y extremando las precauciones, tanto por el cliente como por la seguridad de los compañeros, porque realmente "no sabíamos quién había tocado el paquete y al principio era un liazo". Tenían incluso que ejercer hasta de maestros del confinamiento:

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A pesar del ambiente, el ‘Formi’ admite que era raro el que no le abría la puerta. Pero algún compañero le ha contado que se ha encontrado con algún que otro "pejiguera que nos decía que nos lleváramos otra vez el paquete de vuelta, y entonces le decíamos que para qué lo había pedido si al final no lo iba a coger. Un rollazo, pero eran muy pocos, la verdad".

Las compras por Internet le dieron mucha vidilla pero el cierre de los establecimientos de la ciudad les quitó parte de su actividad habitual. “Al final nos quedábamos con las farmacias, los supermercados, algunos almacenes de barrio...”.

En principio la orden era entregar sólo mercancía esencial, “pero date cuenta de que el paquete iba cerrado y uno no sabía casi nunca lo que llevaba dentro así que lo entregaba y listo. Incluso había veces, por ejemplo, me acuerdo de un paquete que venía sin caja y que se veía su contenido: eran unas brochas para pintar. Entonces te preguntas, ¿será esto esencial o no lo será? Pero, ¿y si el pobre que lo ha pedido está aburrido y le ha dado por pintar como a muchos gaditanos les ha pasado? Yo lo entregué y me quedé tranquilo. No quería dejar a nadie desaviado”.

Con la llegada de las fases del desconfinamento, la cosa se ha ido normalizando y la gente ya va saliendo. A pesar de ello, el presidente de Arga reconoce que aún siguen evitando el contacto directo con los clientes y siguen dejando la mercancía en los patios o ascensores. Y no lo habrán hecho muy mal porque no ha habido ningún contagiado, al menos, entre sus compañeros de Seur.

MRW

Otros que no han podido estar confinados han sido los trabajadores de la empresa MRW. Su responsable en Cádiz, Miguel Pérez Díaz, cuenta también que no han faltado ni un día a su cita con sus clientes. Incluso la semana antes de la entrada en el Estado de Alarma, ya estaba organizando a su personal y ya hablaban de teletrabajo.

De hecho, buena parte de su personal, sobre todo el administrativo sigue trabajando desde sus casas, con la única intención de no aglomerarse en las oficinas y seguir manteniendo las medidas de seguridad a pesar de que las cifras de contagios y fallecidos van dando un respiro a todos. “Siempre hemos tenido claro que extremar las precauciones era una obligación por pura responsabilidad, tanto por nosotros mismos, como por nuestros clientes y familiares”.

Miguel Pérez tiene 54 años y lleva 32 en el mundo del reparto así que, puede que no sea presidente de ninguna asociación de repartidores como el ‘Formi’, pero su voz representa también a la perfección al sector del reparto a domicilio. De hecho, en Cádiz lo que regenta es una franquicia de MRW, precisamente la empresa que representa fue la primera red de franquicias que se montó en España.

Su empresa está ahora mismo compuesta por 20 trabajadores y cuenta con una flota de 10 vehículos, pero nunca me olvido que “la primera línea de batalla ha sido la de nuestros mensajeros”.

Miguel siempre ha velado en persona por “aleccionar mucho a sus trabajadores sobre el tema de la higiene, las mascarillas: cuanto menos contacto, mejor”.

Pero no todo es tan fácil en este mundo del reparto a domicilio, ya que “una de las cosas que más contagia son las tablets y los teléfonos. Así que cada uno se hizo cargo de su propio terminal y se ocupaba de su higiene y su mantenimiento".

Evidentemente, los clientes no podían tocar esos terminales. “Siempre han firmado en la tablet pero ahora no. Nos cerciorábamos de que se trataba de la persona destinataria, con el DNI a una distancia prudencial".

Entre los clientes afirma también que se han encontrado con un poco de todo. Algunos les pedían que le dejaran el paquete en la puerta. “Eso era como un intercambio, retírese usted, le pongo el paquete en el felpudo, ahora me echo yo para detrás... y así era todo”.

Por suerte, entre los empleados de MRW de Cádiz tampoco se ha dado ningún caso de contagio, lo que también dice mucho a favor de Miguel Pérez y de su personal dedicado al tema de prevención laboral. De hecho, cuenta el responsable de MRW, estos días pasados sometieron a un test aleatorio a uno de sus trabajadores y a sus familiares y todo dio negativo.

En las instalaciones de recepción y recogida de paquetes también han desplegado medidas especiales: "Hemos hecho una separación del mostrador de un par de metros, se ha dedicado un sitio donde el cliente deja su paquete, el personal administrativo lo coge, le toma los datos y luego se abona... y, de inmediato, un limpiadito a todo para evitar lo evitable”.

En cuanto al nivel de actividad durante el confinamiento, Miguel admite que la primera semana fue “un poco caos”. Después, todo se fue colocando en su sitio, el volumen del tráfico procedente de las tiendas que habían tenido que cerrar por el Estado de Alarma cayó de manera fulgurante y sólo les fue quedando la clientela particular que, desde el confinamiento, hacía compras por Internet. Esto sin olvidar el gran número de servicios que MRW presta a hospitales y centros sanitarios de extrema urgencia, servicios que se convierten en prioritarios ya que en esos casos el minuto es crucial.

Miguel Pérez habla de pérdidas, tantas como de un 60% de salidas menos de lo habitual y un 10% menos de llegadas. Internet se ha convertido en esa tienda virtual por la que se han paseado todos los gaditanos desde el sofá.

En cuanto al comportamiento de su clientela, indica Miguel que ha resultado ejemplar en general, “aunque ha habido un poco de todo. La gente mayor que nos pedía que le pusiéramos el paquete en el ascensor o en la puerta, el que nos lo hacía dejar bajo el felpudo.... Todo el mundo ha sido muy comprensivo y creo que en general el gaditano se ha portado muy bien”, sentencia Miguel Pérez, de MRW.

CORREOS

Y cómo hablar de repartidores sin hablar del mítico cartero de Correos. Hace tiempo que deberían haber cambiado de denominación. Ya no llevan cartera. Ya portan sus cartas y paquetes en carritos de la compra de los de toda la vida. Sus hombros lo ha agradecido porque nadie duda que la salud es lo primero.

En nombre de los carteros, habla para Diario de Cádiz Nicolás Díaz. Pertenece a la zona de Puertatierra, y su día a día es el barrio de Astilleros.

Carteros de Cádiz recogiendo mascarillas en Navantia para llevar a Sevilla. Carteros de Cádiz recogiendo mascarillas en Navantia para llevar a Sevilla.

Carteros de Cádiz recogiendo mascarillas en Navantia para llevar a Sevilla.

Correos actuó con celeridad y el primer lunes después de decretarse la alarma notificó a todos sus empleados que trabajarían un día sí y un día no. Por turnos. Al estar numerados, los pares un día y los impares otro. Lo fundamental era ejercer como servicio esencial y, además, hacerlo con las máximas medidas de seguridad e higiene para evitar contagios.

Nicolás Díaz cuenta con orgullo que no conoce de ningún caso de ningún compañero que se haya contagiado así que, una vez más, se demuestra que los gaditanos han sido ejemplares en la lucha contra el coronavirus. Entraron en lo que ellos llaman estado de correos de reparto del servicio postal universal, de manera que el reparto queda restringido a envíos cuya recepción resulte básico: cartas, certificados nacionales e internacionales, burofax, telegramas. Así desde el minuto uno del primer día. Era evidente que la publicidad directa quedaba a un lado y ahora más, que las empresas tenían que echar la baraja durante un tiempo por culpa del coronavirus.

La zona de Puertatierra cuenta con una veintena de carteros, de manera que trabajaban un día diez y otro día otros diez, y algo parecido en la zona del casco antiguo.

En el mundo del "carterismo" no existe la posibilidad de teletrabajar. Lo bueno de todo esto es que han trabajado menos días y cobrando lo mismo, por lo que Nicolás Díaz nada más que tiene palabras de halago para su empresa.

Cuando le tocaba trabajar hacía su zona habitual y el resto de zonas se las repartían entre los compañeros para que a nadie le faltaran, al menos, los documentos esenciales. Pero a pesar su horario, desde las siete de la mañana hasta las tres de la tarde, no siempre se podía entregar todo y se dejaba algo para el día siguiente.

Y como el resto de repartidores, no faltaron ni faltan los guantes y las mascarillas. “En esa cuestión estamos muy bien servidos porque nosotros entramos a las 7.30, nos vamos al despacho del jefe y cogemos tres pares de guantes, que es lo que necesitamos durante una jornada, la mascarilla y el gel hidroalcohólico”. Aparte le daban unas toallitas especiales por si tenían que limpiar el móvil o lo que se terciara: “Dese cuenta de que estamos todo el día en la calle y lo mismo tocamos un telefonillo, que un ascensor, que un pomo de una puerta...”.

Eso sí, “todo el mundo tenía el chip y el cliente te recibe con las mismas precauciones. Se echan para atrás, la distancia que no falte. Llamo al telefonillo, le pido que se identifique con el DNI, le dejo en mano el envío o se lo dejo donde me diga y listo”.

Nicolás recuerda con cierta preocupación el caso de una señora mayor que no quería abrirle la puerta y que parecía asustada

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La jornada terminaba y tocaba deshacerse de todo el material de seguridad. Lo mismo que al salir por la mañana, ahora tenían que depositar guantes, mascarillas y toallitas en un contenedor preparado al efecto. Y en casa, más de lo mismo. Cuenta Nicolás que en la puerta de su casa se descalza y que tiene una percha en la que deposita su ropa inmediatamente. Allí le aguarda su pareja y sus dos hijos, uno con tres años y otro de seis meses que poco recordará de todo esto que ocurrió en este 2020.

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