Las mascotas, perros y gatos, controlan Cádiz
EL PASEANTE
Un proyecto tan importante como contar con un gran parque urbano peligra por la presión de quienes defienden la colonia de gatos que allí vive, con un alto coste económico para el Ayuntamiento
El coste anual de tener un perro o un gato en Cádiz
ALGO funciona mal en Cádiz si un grupo de gatos es capaz de poner en peligro operaciones urbanísticas en la ciudad. Algo funciona mal en Cádiz cuando desde la propia administración se da vía libre a los perros, y a sus propietarios, a la hora utilizar a sus anchas buena parte de los escasos espacios libres que hay en el término urbano. Algo funciona mal en Cádiz cuando el cuidado y la visión de nuestro patrimonio histórico choca con la presencia descontrolada de perros y gatos, sin que nadie tome medidas para evitar este dislate.
El penúltimo capítulo, que se alarga ya desde hace tiempo, es el problema que el Ayuntamiento se está encontrando a la hora de reurbanizar el viejo cementerio por culpa de una colonia de gatos que se ha hecho fuerte, con el apoyo de un colectivo animalista, en lo que queda del camposanto.
Más allá de la necesidad de cumplir lo expuesto en la Ley de Bienestar Animal de 2023, esta colonia y sus defensores han acabado por presionar al límite a la propia administración local. Tan al límite que han puesto en peligro el propio desarrollo de esta operación urbanística. Y no estamos hablando de un plan especulativo. Estamos hablando de la construcción de una gran zona verde, tan escasas en Cádiz, acompañada de equipamientos públicos y, tal vez, incluso de viviendas de protección oficial.
Es decir, una operación con un gran calado social que se está topando, una vez sí y otra también, con la presión de un grupo de animalistas, que dicen defender la norma estatal. Ante ello el Ayuntamiento ha respondido cumpliendo lo expuesto por la Ley de Bienestar Animal, aunque pueda parecer ridículo en algunas de sus cuestiones.
Para ello, ha buscado un espacio urbano sin uso (también tan escaso) para reubicar a esta colonia, con un coste de más de 50.000 euros: una parcela en la zona de Cortadura.
¡50.000 euros! ¡La de proyectos sociales que podrían financiarse desde el Ayuntamiento con este dinero! Pues aun así, este colectivo ciudadano acusa a la administración de “traslado ilegal” de estos gatos, casi a escondidas, con vehículos camuflados como en una película de serie B.
Al final, como no se ponga coto a esta cuestión, la ciudad perderá una gran zona verde, aunque ganará más de 10.000 metros cuadrados para sus gatos.
Curso de formación para tener una mascota
Asumiendo que las obligaciones impuestas por la Ley de Bienestar Animal hay que cumplirlas, como todas las leyes, (por cierto, obliga a que todos los animales tengan un microchip, y a que los propietarios de perros cuenten con un seguro de responsabilidad civil, ¿lo tienen?; y hagan un curso de formación para tener una mascota, ¿lo hacen?), el Ayuntamiento debe adoptar decisiones para evitar este caos, que no se ve en otras ciudades.
A finales de 2025 se cuantificaban 257 gatos en 19 colonias repartidas por toda la ciudad, incluidas las que están en los bloques del Campo del Sur, con la suciedad que provocan; igualmente hay censados unos 14.000 perros. Perros que cuentan con parques caninos situados en espacios tan inimaginables como el foso de la Puerta de Tierra (imaginemos un parque similar a pie de la muralla de Ávila), o ocupando todo el parque arqueológico en Varela (sin control municipal, pues sus dueños incumplen la norma de pasearlos con la correspondiente cuerda).
Y no hablemos de la suciedad viaria de las mascotas, a lo que se le une el vía libre para los perros y sus dueños, en todas las playas de la ciudad, cualquier día de la semana y a cualquier hora de la jornada.
No entramos en la importancia que tiene para muchas personas la presencia de un perro o un gato, pero antes que ello no se puede entrar en conflicto con la prioridad de un bien común de la ciudad.
Falta una tasa municipal a los propietarios de estos miles de mascotas. Serviría para financiar el alto coste que supone limpiar el rastro que van dejando por la vía pública, por mucho cuidado que tengan algunos propietarios.
Hay varias actuaciones urbanísticas en la ciudad, a desarrollar a corto y medio plazo, que si no se tiene cuidado podrían verse afectadas por esta dominación animalista. La culminación de la reforma del parque Genovés o la posibilidad de construir viviendas sociales y de renta libre en los terrenos del polígono exterior de la Zona Franca, podrían toparse con los mismos inconvenientes que Cádiz se está topando con la operación de desalojo y construcción de una gran zona verde en el viejo cementerio de la ciudad.
Y un plus: la necesidad de actuar sobre una población excesiva de palomas. En décadas y años pasados se actuaba para limitar su número. Dañan a los monumentos, a los edificios públicos y privados y especialmente al sector hostelero de la ciudad.
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