Cádiz

El escorado imposible del 'Columbus C'

  • El buque con 620 pasajeros chocó en julio de 1984 contra un espigón por el viento y quedó apoyado sobre el cantil del muelle

Ocho de la mañana del domingo 29 de julio de 1984. El Columbus C, un buque con bandera panameña y propiedad de la naviera italiana Costa Line, se dispone a entrar en el puerto de Cádiz procedente de Lisboa. En el puente de mando está el capitán del buque Massimo Percinale y el práctico Tomás Copano. A bordo van 620 pasajeros, en su mayoría alemanes, y 280 tripulantes.

Las condiciones de navegación son complicadas, ya que hay un fuerte viento de Levante con fuerza nueve y con velocidades que llegan a alcanzar los 80 kilómetros por hora.

Cuando está haciendo la maniobra de acceso al muelle choca contra el espigón del dique de levante y se abren tres vías de agua, una de ellas de hasta 3,5 metros de largo.

El barco llega a duras penas hasta el cantil del muelle Reina Sofía y se tiene que sacar aprisa y corriendo a todo el pasaje, que se encontraba preparado para desembarcar y marchar en excursiones para Sevilla y Jerez. Algunos salen casi con lo puesto y otros con todo el equipaje.

Se tuvo que poner una escala provisional porque el barco empezaba a escorarse peligrosamente hasta llegar incluso a alcanzar los 28 grados. Mientras, los remolcadores Sertosa y Valenciana empujaban por la banda de babor para evitar que la nave volcase del todo y se hundiera, ya que sala de máquinas estaba llena de agua.

Todo el mobiliario se fue a la parte de estribor y se llegaron a desenganchar los botes salvavidas para quitar peso y también evitar su caída.

A la labor de ayuda, aparte de los remolcadores, acudieron personal de la Armada y de Astilleros que durante todo el día estuvieron sacando agua del interior de la nave. Mientras tanto, los hombres-rana de Astilleros Españoles, entre ellos el famoso Pantera, procedieron a sellar las tres grietas que se habían abierto en el casco para evitar que siguiera entrando agua al interior.

El pasaje fue trasladado hasta Sevilla, donde comenzó la repatriación de los 541 alemanes, 78 holandeses y el inglés hasta sus países de origen.

Por su parte, el capitán y el resto de oficiales del buque de la naviera italiana permanecieron hasta el último momento en el interior de la nave hasta que bajó apesadumbrado. A los redactores entonces del Diario no quiso hacerle declaraciones porque se encontraba en muy mal estado anímico. Eso sí, con parte de las hamacas que se bajaron del barco, durmió toda la noche al aire libre en el mismo puerto.

Ese día, a pesar de que no había redes sociales sino la mejor de todas, el boca a boca, la gente empezó a acudir al muelle para ver la atracción de un barco prácticamente escorado y apoyado sobre el cantil del muelle.

Esa foto de Bernet ha pasado a a historia de la ciudad y durante muchos años estuvo expuesta en un escaparate de una de las tiendas de Moral.

Al día siguiente el buque, que tenía 169 metros de eslora, pudo ponerse derecho y así permaneció durante ocho meses hasta que salió arrastrado por cinco remolcadores camino de Barcelona para ser desguazado en la Ciudad Condal, previa parada en los astilleros de Cádiz .

El buque fue comprado por 180 millones de pesetas por la empresa de Bilbao Mirak, dedicada al desguace de barcos, debido a que la reparación total salía por 2.000 millones y la naviera no podía afrontarla.

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