La inversión pública en Cádiz

Los edificios más inútiles de Cádiz

  • En las últimas décadas las administraciones públicas han gastado millones en equipamientos que o bien siguen vacíos o apenas tienen un uso ciudadano

Los edificios más inútiles de Cádiz Los edificios más inútiles de Cádiz

Los edificios más inútiles de Cádiz / D. C.

El urbanismo marca, en un porcentaje muy importante, la evolución de las ciudades. Basta una buena organización urbana, diseñada con la cabeza y con visión de futuro, para contar con un hábitat sostenible. En el tiempo hay proyectos que se han constatado como adecuados para su entorno, como el diseño del ensanche barcelonés o el barrio de Salamanca madrileño.

Aquí, en Cádiz, hace más de un siglo se dieron pasos para una urbanización lógica, para la época, de los territorios de extramuros, entonces llenos de villas, granjas y pequeños barrios sin apenas servicios. Los planes de ordenación urbana que se fueron elaborando tras la explosión de 1947 no sirvieron, sin embargo. para diseñar el Cádiz de la modernidad, ya fuera por la poca relevancia de lo redactado como, sobre todo, por el nulo cumplimiento de las normas por parte de las administraciones de la época, en tiempos de la dictadura militar.

Así las cosas, los planes elaborados tras la llegada de los ayuntamientos democráticos en 1979, se vieron constreñidos por la necesidad de arreglar cuanto pudieron los desastres de épocas pasadas, aunque con el tiempo se pusieron sobre la mesa actuaciones hasta entonces inimaginables (soterramiento de la vía férrea, terrenos ociosos de Astilleros, polígono exterior de la Zona Franca, antigua terminal de contenedores) que, de diseñarse de la forma adecuada, con cabeza y con visión de futuro, nos habrían dado una mejor oportunidad de la lograda a la hora de vivir en una ciudad sostenible en todos los sentidos del término.

Es cierto que, en parte de este artículos, nos adelantamos en el tiempo, porque hay operaciones que aún están en fase de estudio, fase que por norma en Cádiz se alarga en el tiempo más de los deseado, pero por lo visto en lo ya ejecutado y por otras actuaciones realizadas en la trama urbana en las últimas décadas, tal vez sería necesario que la sociedad hiciese un paréntesis antes de afrontar nuevos retos, reflexionase sobre lo que necesitamos como ciudad, sus costes, sus prioridades y sus diseños. Tal vez de esta forma nos ahorraríamos errores en el diseño urbano que hasta hora nos han costado mucho dinero y que, hoy ya, son difíciles de solventar.

Esta es una guía, y como tal incompleta y muy personal, sobre elementos urbanos mal concebidos y que con una buena planificación tal vez tendrían un mejor uso.

Estación de la Segunda Aguada Estación de la Segunda Aguada

Estación de la Segunda Aguada / Joaquín Pino

El ferrocarril

El soterramiento de la vía férrea ha sido una de las grandes obras urbanas. Necesaria al romper el muro que partía en dos la ciudad y bien ejecutada, pues desde que se planteó, por el gobierno de Teófila Martínez, hasta que se inauguró, apenas transcurrieron pocos años, cumplió el calendario y, sobre todo, el coste de las obras.

El diseño del soterramiento, en manos del entonces Ministerio de Fomento, incluyó una serie de equipamientos hoy claramente excesivos: las estaciones de Cercanías ubicadas en San Severiano, Segunda Aguada y Estadio. Las tres se ubican sobre edificios inmensos, casi faraónicos para el número de pasajeros que siempre han tenido. Las dos últimas, además, se ubicaron cortando el trayecto natural, en una línea recta perfecta, de la avenida de Juan Carlos I.

Lo lógico en las tres estaciones hubiera sido, al estilo de las ciudades por las que el tren pasa por su subsuelo, abrir bocas de metros, con los servicios bajo tierra. El dinero que se habría ahorrado Fomento con esta fórmula tal vez hubiera permitido alargar el soterramiento hasta la entrada de la ciudad, que es lo que en su momento pretendía el Ayuntamiento, pero que prefirió obviar antes de perder la oportunidad de ejecutar este proyecto.

Directamente relacionado con el soterramiento está el complejo ferroviario en la plaza de Sevilla. Sin entrar en lo acertado o no del diseño de las instalaciones ya construidas, sí ha quedado en evidencia el gigantismo del edificio destinado para el vestíbulo de la terminal. Construido hace cerca de quince años, nunca ha entrado en funcionamiento. La inmensa sala destinada a taquillas, tiendas y sala de espera ha sido sustituida estos años por dependencias anexas a la sala de las vías del tren que han cumplido sin problemas de espacio la función del vestíbulo cerrado, y sin necesidad de grandes inversiones.

El edificio del vestíbulo tuvo un coste de 11 millones de euros.

Un tramo de la pérgola del Parque Genovés Un tramo de la pérgola del Parque Genovés

Un tramo de la pérgola del Parque Genovés / Julio González

La pérgola del Parque Genovés

La pérgola del parque Genovés es, sin lugar a dudas, el equipamiento más polémico de la ciudad desde que se terminó hace cinco años, tras una inversión cercana a los dos millones de euros, en su mayor parte con fondos europeos.

Lo que se pretendía como un muro liviano para proteger al parque Genovés de los vientos marinos (algo que no parece necesario en otros parques costeros del norte del país, por ejemplo) se transformó de forma inmediata en el edificio más criticado de la ciudad, denostado incluso por parte del gobierno municipal, del PP, que aprobó su construcción.

Además de impedir la visión del mar desde el parque, la pérgola se asentó como una peculiar muralla rompiendo la visión de esta parte de la ciudad desde el propio mar.

Al diseño elegido, impropio de una zona con un valor histórico evidente, la pasarela que por su altura impedía la visión de la Bahía para la altura media de la población, y los numerosos defectos en su construcción, ha sido siempre objeto de críticas, y más desde que lo que en su día iban a ser locales para la hostelería y pequeñas tiendas se convirtieron en peculiar hospedaje para indigentes. Y todo ello, sin mencionar el espacio abierto hasta la balaustrada, cercana a un desierto.

La próxima, se supone, reutilización por parte de la Universidad permitirá dar un uso a este equipamiento, y mejorar su mantenimiento, pero no dejará de ser una mancha indigna en el casco histórico de Cádiz.

El puente, con su plataforma para el tranvía El puente, con su plataforma para el tranvía

El puente, con su plataforma para el tranvía / Julio González

Plataforma del tranvía en el segundo puente

Cuando se aprobó la construcción del segundo puente sobre la Bahía de Cádiz, la Junta pidió la habilitación de una plataforma extra para que, en su día, pasase por ella la segunda línea del tranvía metropolitano, entre la capital y Jerez de la Frontera.

En aquel momento ya estaba en construcción la primera línea entre Cádiz y Chiclana. El tranvía era la gran apuesta por el transporte público de la Junta en la Bahía.

El puente, todos lo sabemos, tardó en construirse. Esta plataforma extra, además de un gálibo de la infraestructura que permitiese el paso del buque escuela Juan Sebastián de Elcano y la instalación de un tramo móvil por si algún día el astillero de Puerto Real construyese buques de más de 70 metros de altura, dispararon los costes y ralentizaron las obras.

Aunque aún no se ha podido saber el coste final del puente de la Constitución de 1812, siempre se ha manejado la cifra de 60 millones como extra para el paso del tranvía, paso que hoy apenas es utilizado por los autobuses de la línea interurbana entre Cádiz y Puerto Real. Todo un lujo.

Teniendo en cuenta que la primera línea del tranvía sigue sin funcionar, tras una inversión de más de 200 millones de euros, la lógica nos hace suponer que la segunda no lo hará nunca y que esta plataforma extra y estos 60 millones de euros no habrán servido para nada.

Una parte del que fuera Centro Tecnológico Una parte del que fuera Centro Tecnológico

Una parte del que fuera Centro Tecnológico / D.C.

Centro Tecnológico

Al poco de entrar en el gobierno de la ciudad, Teófila Martínez logró una fuerte inversión estatal, cifrada en más de 3.000 millones de pesetas de la época, lo que era un buen pico, para la construcción del Centro Tecnológico, el CENTI, junto al antiguo Hospital Real.

Iba a ser el centro de referencia para el desarrollo tecnológico de la provincia; un centro de formación de alto nivel, puntero en todo el país. El primer uso de tan complejo y costoso edificio fue la celebración de cursos para el personal que iba a trabajar en el nuevo centro de El Corte Inglés.

A partir de ahí, el fracaso. Se barajó incluso su uso para Bodas, Bautizos y Comuniones. Se reconvirtió en un popurrí de oficinas de todo tipo hasta que, al final, acabó en manos de la Universidad de Cádiz. Del uso para el que estaba previsto y para el que se aportó tanto dinero público nada. Afortunadamente a Madrid no le dio por reclamar la inversión gastada.

La proyección histórica ya eliminada en el Oratorio La proyección histórica ya eliminada en el Oratorio

La proyección histórica ya eliminada en el Oratorio / Jesús Marín

Los equipamientos para el Bicentenario

¡Cuántos artículos se han publicado en estas páginas sobre proyectos frustrados relacionados con el Bicentenario de la Constitución de 1812! Si la ciudad, y sus rectores, hubieran tenido claro eso que se llama "modelo de ciudad", todo debería de haber salido adelante y, seguro, ahora viviríamos en una capital mejor preparada para el turismo de calidad y para la cultura.

Eso sí, repartamos las culpas, porque aquí fue el Ayuntamiento el que más intentó sacar adelante actuaciones con sus escasos medios, frente a la inoperancia y el desprecio para con la ciudad por parte de la Junta y el Estado, y la ignorancia ante la relevancia del evento a celebrar desde la iniciativa privada.

Evitemos repetirnos con las cosas que no se hicieron y ahora lo estamos pagando (ahí está la joya del castillo de San Sebastián, cerrado para la vergüenza de todos). Para esta peculiar guía centrémonos en un proyecto que se ejecutó a medias, que costó mucho dinero y que, en buena parte, ha fracasado respecto a las previsiones iniciales: el Centro de Doce, unido al centro de interpretación y el Oratorio de San Felipe Neri.

Es cierto, también, que tanto el centro de interpretación como el Oratorio están abierto, pero lejos queda el proyecto de hacer un gran complejo dedicado al estudio, la reflexión y la promoción de lo que fue Cádiz en 1812 y su conexión con el constitucionalismo.

El ambicioso proyecto auspiciado por la Junta, uniendo en un mismo centro al Oratorio, su edificio anexo, el Museo Iconográfico y el pequeño colegio púbico de San Felipe, chocó pronto con la incapacidad de colectivos e instituciones gaditanas a la hora de ver la importancia que para el futuro mas inmediato de la ciudad tenía el Doce. La Junta, y el obispado de la época (en su intento de dar al Oratorio un uso más civil), no tuvieron fuerzas suficientes, o ganas, de luchar contra la caverna gaditana.

Al final, nos gastamos 7 millones de euros en evitar la ruina del Oratorio, pero éste, con el cambio en la diócesis, quedó pronto desgajado del centro de interpretación aún siendo la parte esencial del mismo. El colegio y el Museo Iconográfico siguieron cada uno por su lado, con sus carencias y con la falta de ambición.

La tribuna del estadio, parcialmente vacía La tribuna del estadio, parcialmente vacía

La tribuna del estadio, parcialmente vacía / Fito Carreto

Nuevos estadio Ramón de Carranza

Dice mucho de una ciudad que una de las obras más costosas afrontadas en los últimos años haya sido la construcción de un campo de fútbol con una inversión de unos 70 millones de euros, que todavía no han podido ser recuperado por la ciudadanía.

Un estadio desmesurado, incapaz de llenarse cada quince días, y con la mitad de sus dependencias, esas que con su venta iban a recuperar la inversión realizado, vacías. Más allá de la importancia que cada uno le dé en su vida al fútbol, lo cierto es que el Nuevo Estadio Carranza encabeza el listado de inversiones exageradas en nuestra ciudad.

Una de las antorchas fallidas Una de las antorchas fallidas

Una de las antorchas fallidas / D.C.

Las antorchas de la libertad

Pero si hay un ejemplo de inutilidad y de despilfarro del dinero público en la ciudad son las ‘Antorchas de la libertad’, popularmente conocidas como el Queco y la Queca.

Levantadas en las plazas de Sevilla y de la Hispanidad, se suponía que eran un homenaje a la Constitución. Un homenaje que nos costó cerca de un millón de años. El diseño, desafortunado para una mayoría de la ciudadanía, tampoco gustó mucho al Ayuntamiento promotor, del PP, pero la cosa se quedó. Con los mensajes que se lanzaban desde sus pantallas silenciados desde hace meses, el elevado coste necesario para su desmantelamiento está retrasando la necesaria eliminación de este parche en plena puerta de entrada al casco histórico de Cádiz.

Concursos arquitectónicos

Algunas de las actuaciones referidas en este artículo nacieron de concursos organizados por el Ayuntamiento en colaboración, muchos, con el Colegio de Arquitectos. Cerramos el listado con otros concursos que, centrados en el desarrollo urbanístico de diversas zonas de la ciudad, salieron adelante con sus correspondientes premios en metálico, muchos sustanciosos para la época, pero que no sirvieron de nada pues no pasaron del papel.

La reordenación de los terrenos de Varela, el rediseño de las fachadas de la avenida de la avenida de Juan Carlos I, la plaza de la Telegrafía sin Hilos, el complejo de oficinas de la Subdelegación del Gobierno, el Hospital Regional de Cádiz, la Ciudad de la Justicia en San Severiano, el Museo del Carnaval en la plaza de la Reina y en el solar del cine Terraza, el nuevo pabellón Portillo, la Facultad de Medicina en Loreto… Como la vida misma.

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