Sanidad

La delgada línea que separa el aplauso del olvido a los sanitarios gaditanos

  • Médicos y enfermeros, muchos en su primer año de profesión, asumen una inmensa carga de trabajo provocada por la falta de medios humanos en la sanidad pública

Sanitarios del Puerta del Mar, respondiendo al aplauso ciudadano el pasado mes de abril.

Sanitarios del Puerta del Mar, respondiendo al aplauso ciudadano el pasado mes de abril. / Julio González

En el pico de la primera ola de la pandemia, miles de gaditanos salían a sus balcones, terrazas, azoteas o se asomaban a sus ventanas para aplaudir a los sanitarios que se estaban volcando en la lucha contra el coronavirus, enfermando en muchos casos, y algunos dejando su vida.

Como otras tantas cosas que pasan en este país, el aplauso y el reconocimiento por el esfuerzo se esfumó a la vez que la pandemia parecía que se había vencido, o por lo menos relajado.

La gente volvió a salir a la calle. Muchos lo hicieron sin cumplir las mínimas medidas sanitarias, ignorando el uso de las mascarillas, llenando terrazas, plazas, playas, sin control alguno. Era el viva la vida tras tres meses de duro confinamiento, que la gran mayoría se pasó en casa, mientras que los profesionales sanitarios luchaban, sin los medios más básicos, en hospitales abarrotados.

La segunda ola llegó a España antes que en ninguna parte. En el intermedio todos, incluso una parte de la clase política, se lamentaron de cómo los recortes de la última década, con la firma de derecha e izquierda, había mermado, en medios y en personal, la sanidad pública española, andaluza y gaditana.

En este intermedio no se aprovechó para tomar medidas ante la segunda ola, que se sabía que llegaría. No se reforzaron plantillas aunque se dijese lo contrario, no se hizo reserva alguna de material de protección, no se prepararon de forma adecuada los centros de salud como primera línea de fuego. No se adelantó la entrada en el sistema sanitario de los nuevos médicos y enfermeros residentes, para al menos prepararles con relativa tranquilidad ante lo que se esperaba. No se planificó el más evidente sistema de seguimiento de los contagiados.

Ahora estamos pendiente de la efectividad de las primeras vacunas que se anuncian contra el Covid-19. Ya se adelanta que será necesario contar con un dispositivo sanitario potente en número de personas y en planificación para cuando se inicien las vacunaciones. Lo dicen los expertos. Sólo queda que los políticos de todas las administraciones tomen nota y se pongan ya a la tarea de preparar el sistema para evitar el colapso de las vacunaciones.

Mientras tanto, médicos y enfermeros sí seguirán colapsados de trabajo, en hospitales y en centros de salud. A veces sin las mascarillas adecuadas, restringiendo el uso de los productos de limpieza de las manos y otras barbaridades del fracaso del sistema. Los residentes de primer año, aquellos que aprobaron el último examen MIR y EIR el pasado febrero, entraron a trabajar el pasado mes de septiembre, en plena segunda ola de la pandemia.

Su primer año, especialmente para los nuevos médicos, debía centrarse en su formación. Sin embargo, en muchos centros sanitarios de Andalucía, entre los que están también los de la provincia de Cádiz, se les ha puesto en la primera línea de fuego, atendiendo a pacientes sin apenas apoyo, mientras que los médicos e interinos están de baja o con el preceptivo descanso sin personal disponible para su sustitución.

Es una indecencia más del desprecio hacia la sanidad pública, que ahora se multiplica con una norma que permite, entre otros ataques a los derechos de los trabajadores, eliminar días de descanso, en una profesión tan estresante como la sanitaria, con guardias de al menos 24 horas y con sueldos ínfimos.

Después, se les aplaudirá, se les pondrán medallas, se reconocerá su trabajo en discursos políticos, se nominarán con sus nombres a calles y avenidas. Hoy, se olvidan de todas y todos.

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