La labor de los centros de salud

La sanidad pública se ahoga en plena expansión de la pandemia en Cádiz

Pruebas PCR en un centro de salud de Cádiz. Pruebas PCR en un centro de salud de Cádiz.

Pruebas PCR en un centro de salud de Cádiz. / Jesús Marín

Decían los expertos que la segunda ola iba a llegar en el otoño, que en verano los contagios iban a disminuir de forma destacada y más en Cádiz, por aquello del calor, de la playa y del viento.

Decían los políticos que ya estábamos preparados; que tras sorprendernos el virus desprevenidos en el inicio de la pandemia allá por el mes de marzo, ahora ya se contaba con material sanitario suficiente a la vez que se había reforzado a todo el personal.

Decían, también, que se apoyaba de forma decidida al sistema público de salud, aquel que era orgullo de España, copiado por otras naciones y que se demostró con pies de barro por culpa del virus. La gente, siempre a las ocho de la tarde, aplaudía a este colectivo (entre otros) mientras que algunos prometían nominar avenidas con su nombre, como si eso fuera lo más urgente y necesario.

Estamos entrando en el mes de septiembre, a un pie del otoño, y con la segunda ola de la pandemia entre nosotros. En pleno verano, con el calor y el viento a nuestro favor.

Los contagios se disparan, además, en una ciudad y en una provincia donde hasta ahora se habían contenido y las perspectivas no son nada halagüeñas.

La atención primaria, a través de los centros de salud, iba a ser la primera línea de defensa una vez iniciada la desescalada y a la espera de la segunda ola en otoño.

Sin embargo, quienes tendrían que haber aprendido la lección no lo hicieron y todo el personal, médicos, enfermeros, bedeles, administrativos, que trabajan en estos centros se han topado de lleno con la pandemia.

Y se han topado, la gran mayoría, sin haber reforzado los medios humanos y técnicos. Más aún, sufriendo la reducción del personal habitual de cada verano que se suponía que en este tiempo tan especial se iba a evitar.

No ha sido así, no es así.

"Estamos trabajando con la mitad de los médicos habituales. A los que estaban en el turno de vacaciones se les ha unido los que están de bajas", denuncian algunos médicos. Y todo ello conlleva que en algunas jornadas los facultativos no hayan podido atender a todos los pacientes previstos dentro del cupo de llamadas telefónicas, algo nada habitual.

Pero hay más. En la atención primaria se denuncia también el escaso, o nulo, control en el acceso a los centros. "Hay más limitaciones a la hora de entrar en un comercio que en un centro de salud", se lamentan. Salvo en contadas ocasiones el triaje ni funciona ni existe. "De pronto, abrimos la puerta de nuestra consulta y nos encontramos con la sala de espera totalmente llena", sin cumplir las medidas de distancia y más en un equipamiento sanitario.

Falta personal de enfermería para cumplir con este trabajo tan esencial, porque garantiza seguridad y porque agiliza el funcionamiento del complejo, hasta el punto que a veces tienen que asumir este papel los bedeles.

Por si fuera poco, a la falta de personal se le une una evidente falta de medios que, en determinados momentos, han sido alarmantes y por ello vergonzosos. Así, en el inicio de la pandemia en algunos centros el personal tenía que buscarse sus propias mascarillas, mientras que los trajes de protección se rifaban cada vez que había que salir para realizar una atención domiciliaria. Sin olvidarse de suficientes batas para todo el personal.

La avalancha de pacientes en determinados días, ante la falta de médicos para atenderlos todos en tiempo y forma, llega a provocar también, afirman los galenos, que sean imposible limpiar la consulta y también la sala de espera cada vez que se atiende a un enfermo.

Y ahora, a la vuelta de la esquina, llega el otoño.

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