Social Una consecuencia más de la crisis

"El alcohol me ha llevado a perder la familia, la vivienda y todo"

  • Testimonio en primera persona de un gaditano a quien el desempleo llevó al alcoholismo · Ahora está luchando contra su enfermedad con la ayuda de ARCA

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"Empecé a trabajar de chiquitito. Lo único que he hecho en mi vida es trabajar y cuando me quedé en paro, se me acabó el mundo. Empecé a parar en las peñas para evadirme de los problemas y del cansancio de estar todo el día buscando trabajo. El tiempo en las peñas cada vez se alargaba más y empecé a buscar trabajo, en vez de para comer, para pagar el fiado de las peñas". Este es el testimonio de un gaditano que el desempleo le llevó al alcoholismo.

Según datos aportados recientemente por la Asociación de Autoayuda e Información Sobre el Síndrome de Dependencia Alcohólica, ARCA, el número de primeras atenciones en esta asociación creció un 39% durante el primer trimestre de 2012, a un ritmo de 12 casos nuevos al mes de media. De ellos, la mitad se corresponde con personas que están sin trabajo.

Raúl -nombre ficticio del afectado- lleva varios meses acudiendo a ARCA y asegura sentirse "un hombre renovado". Ha dejado de beber pero dice que tiene miedo de volver a caer. "Como pruebes una copa, ya no paras y el alcohol te va degradando día a día, parece que la vejez se te acelera", expresa este gaditano, que cuenta que lo ha pasado muy mal.

"El alcohol me ha llevado a perder la familia, la vivienda y todo. He estado durmiendo en la calle. Un día me dio un coma etílico y una pandilla de chavales del botellón me metieron metadona y pastillas, y se agravó la situación. Me cortaron la ropa con una cuchilla de afeitar y me dejaron en calzoncillos tirado en un charco, hasta que alguien llamó a la Policía Local y ésta avisó a una ambulancia. Me llevaron al hospital y un médico me dijo que si seguía bebiendo, me moría". Pero él no hizo caso. "No le hacía caso a nadie. Perdí las ganas de vivir por culpa del alcohol, que me estaba afectando al cerebro. Estuve a punto de suicidarme varias veces, pero siempre alguien me paró".

Afirma que ahora se da cuenta de "que era el coco. El cerebro no reaccionaba, se estaba quedando como dormido y lo que me pedía era más alcohol. Los problemas ya me daban igual".

Señala que en algunos momentos se ha sentido despreciado, "rechazado como un animal". "Antes, en el barrio no me saludaban, porque iba tirado por la calle, ciego todo el día. Pero ahora están viendo el cambio que he dado y me dicen que hay que tener huevos para salir de esto, porque es muy duro", comenta con la voz entrecortada.

Considera que comenzar a beber es fácil, porque la primera sensación es de bienestar "pero después te da el bajón y, para superarlo, bebes otra vez, y cada vez algo más fuerte hasta que terminas enfermo". Ahora está esperando entrar en un centro de rehabilitación "para salir preparado para enfrentarme a esta sociedad y buscar un trabajo y una casa. Y cuando me vea capacitado, ofrecerme para ayudar a otras personas que estén en la misma situación que estoy yo ahora. Porque hay muchas criaturas que se refugian en esto y no merece la pena, es una enfermedad que te destruye".

Se siente afortunado de haberse dado cuenta de su problema y de tener voluntad para salir de él. Está muy agradecido a Menchu y Victoria, del centro social Luz y Sal, donde acude cada día, y a Alberto de ARCA. "Ellos son los que me han hecho darme cuenta del problema que tengo y de querer curarme".

Está preocupado sobre todo por los jóvenes, ya que considera que hay muy poca información sobre las consecuencias del alcohol. "Es una doga legalizada a la que muchos no están preparados para decir que no", afirma.

Ahora ve todo en positivo. Dice que ha aprendido a apreciar las pequeñas cosas. "La vida es muy bonita. Me miro por las mañanas al espejo, me asomo al Campo del Sur y veo cada nuevo día como un triunfo. Todavía tengo mucho por vivir y ahora que estoy despierto me siento como un niño chico. Valoro más las pequeñas cosas del día a día que me dan una fuerza tremenda: los colores, el cielo, el sol, el aire que te da en la cara... Cada mañana recuerdo la canción de Serrat Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así...". Es consciente que todavía le queda "un buen trecho, pero he comenzado el camino y lo voy a conseguir".

Se emociona recordando a su familia, a la que le gustaría recuperar. Y califica lo que ha vivido como "una aventura muy peligrosa y dañina, que te hace acabar en un banco, congelado en la calle, pidiendo para beber y quedarte dormido cuanto antes para que se te pase más rápido la noche, dejar de notar el frío y olvidar la vergüenza de estar en la calle, haciéndote viejo de forma prematura".

Ahora se siente fuerte, pero sabe que no puede dejar de luchar. Tiene miedo de que le coja "un día bajo" y vuelva a caer. No quiere perder "lo único que nos queda a los pobres, que es la dignidad para seguir luchando".

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