Cádiz

Recuerdos del Príncipe Juan Carlos

  • Varios gaditanos de la generación del Rey rememoran cómo tuvieron constancia de su existencia en aquella España de la postguerra Hacen buen balance de sus años de reinado

"De la infancia del Rey sabemos lo mismo que de la de Jesús, nada", comenta socarrón Neno mientras escarba en sus primeros recuerdos de Juan Carlos I. Neno Macías, hijo del gran Macías Retes, corista contestatario, autor cabal y valiente en una etapa en que era difícil ser valiente, es uno de los gaditanos con los que hablamos para conocer cómo supieron de la existencia del nieto de Alfonso XIII. Aquellos niños nacidos en los 40 rondan hoy los 70 años y han tenido el privilegio de vivir episodios históricos, como el abrazo de dos Papas vestidos de blanco en Roma o la abdicación del Rey de España. Su vida también les permitió comprobar como Franco señalaba al hijo de don Juan de Borbón como su sucesor. Neno lo recuerda bien. "En aquella época teníamos pocas noticias suyas. Al principio se ignoraba, no te decían que existían los Borbones. Luego, en el colegio, en los periódicos, empezaron a hablarnos del Príncipe, pero tampoco le echábamos mucha cuenta, bastante preocupados estábamos con encontrar algo que echarnos a la boca como para pensar en monarquías. Aquí lo que importaba en los 50 era el pan con manteca".

Con ese sentido del humor y esa sabiduría caletera, Neno rememora aquel referéndum en el que había que votar "Franco Sí, o Franco Sí, porque mi padre y yo votamos Franco, No y las papeletas debieron extraviarse. Y sin embargo hubieron síes de gente que llevaba muerta años. Los milagros del régimen, qué maravilla", dice mientras se ríe y saluda en la Alameda a Rafael Román y Diego López Garrido, que pasean por ese frente costero gaditano con aroma colonial. Porque Neno siempre ha sido socialista, aunque asegura que no está por la labor de ver una tercera República.

Neno llegó a conocer al Rey en persona la primera vez que vino al Oratorio de San Felipe. "Hubo una recepción en el Atlántico y fuimos unos cuantos trabajadores de Telefónica invitados". El momento está inmortalizado en una foto colgada en el pasillo de su casa.

Reconoce que la abdicación no le ha sorprendido. "La esperaba antes, sobre todo a partir de la movida con los elefantes. Ahí pensé que le iba a dejar el muerto al Príncipe, porque lo que le está dejando no es un trono, es un marrón. Felipe me parece que está bastante preparado, a ver si tiene suerte y sabiduría".

Unos años antes que Neno nació en la calle Ahumada Mari Chari Romero. Nació simpática y así sigue, vital y optimista, sin deseos de abdicar de nada, ni de su papel de madre, ni de la de abuela, ni de la de amiga y compañera, sin deseos de abdicar de una vida que saborea a sorbitos pequeños pero intensos. Fuera las penas. Fuera la tristeza, que es un vicio. Chari tiene dos años menos que el Rey pero una memoria tan grande como la de aquellos elefantes africanos que le costaron un disgusto a don Juan Carlos y que a ella le proporcionó una coartada para salir airosa de una situación que ahora cuenta con age. "Crucé a la Alameda para tirar la basura más temprano de lo habitual y me paró un policía local en moto. Señora, me dijo, no sabe usted que a esta hora no se puede poner la basura. Lo miré y le dije muy amable: Te digo como el Rey. Lo siento, me he equivocado. No volverá a pasar. Aquello me libró de la multa", dice mientras se ríe.

En su memoria también está muy nítida la imagen de un joven don Juan Carlos. "Mis padres siempre me hablaban de Alfonso XIII, Alfonsito, le llamaba mi madre. Y también de su hijo Juan. Cada mañana mi madre desayunaba después de que le trajeran el Diario de Cádiz, y a veces venían noticias del Príncipe. La primera vez que lo vi en fotos yo tenía 14 años y él 16, en Estoril, y me llamó la atención la cara de bondad que tenía, me encantó".

Mari Chari reconoce que para ella los Borbones "significan mucho. Mis padres fueron felices cuando regresaron a España, y creo que Juan Carlos lo ha hecho muy bien durante su reinado, tan bien como lo hará su hijo, porque está muy bien preparado".

Al preguntarle por la abdicación confesó que incluso se le escapó alguna lágrima. "Es un momento histórico, pero también, para los que ya somos más mayores, significa la certeza de que el tiempo avanza y no perdona. Aunque estemos bien en cualquier momento puede empezar el declive, porque el Rey ha empeorado mucho en los últimos años, se le veía muy castigado, por eso no me ha sorprendido del todo que haya abdicado".

Manuel Jones también ronda los 70 años y desde su infancia en San Fernando ha tenido constancia de la monarquía y la dinastía borbónica. Lector empedernido, de libros y prensa, a Manolo le gusta estar informado de todo, siempre le ha gustado, y formarse su propia opinión. Nos cuenta como su padre, Gualterio, conoció a don Juan de Borbón cuando se encontraba en la Escuela Naval de San Fernando, antes de que Franco la trasladara a Ferrol en 1943. "Mi padre iba a hablar con él, que estaba en El Castillito y trabaron cierta amistad. Por eso, cuando tuvieron que marcharse de España tras la proclamación de la 2ª República siguió muy interesado en todo lo que le ocurriera. Podría decirse que mi padre era un monárquico de izquierdas, porque era muy de izquierdas, pero nunca quiso la República". Manolo se acuerda todavía de como su padre le mostraba la correspondencia que llegaba de Lisboa a través del Círculo Monárquico. "Luego seguimos con interés el momento en que don Juan Carlos fue creciendo, en como su padre renunció al trono en su favor". Gualterio, el padre de Manolo, murió en 1986, "así que pudo asistir al regreso de la monarquía al país". Al igual que Neno, Manolo recuerda aquel referéndum. "Yo voté No, pero no sirvió para nada".

Sobre el balance que hace del reinado de don Juan Carlos I dijo que "en general es bueno", y confía en que Felipe VI haga un buen papel. Recuerda que, junto a su esposa Marisa, conoció al futuro Rey en una fiesta de Astilleros. "Nos causó muy buena impresión. Mi mujer incluso consiguió que el Príncipe y sus guardaespaldas se rieran con una ocurrencia de las suyas". En aquella recepción con los ingenieros de Astilleros se le entregó al Príncipe un clavo de oro del velero de la Copa América que se realizó en la factoría gaditana. Su mujer, Marisa Camacho, apunta durante la conversación que "también estuvo la Reina, que nos pareció muy agradable".

Y así, conversando y bromeando sobre reyes y príncipes, como si los conocieran de toda la vida, los cuatro se congratularon de haber visto tanto y tener ánimos para ver más. Hasta que se echó la hora encima y Neno agarró su bicicleta azul para continuar su paseo gaditano, saludando a paisanos a derecha e izquierda mientras pedaleaba con agilidad. Como si fuera el Rey de Cádiz.

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