Enfoque de Domingo: Palomas urbanas “No son un problema de salud pública”

  • Ni a la Consejería ni a los veterinarios les consta ningún motivo de alerta sanitaria, pero recuerdan que las poblaciones no controladas y con animales enfermos y viejos pueden llegar a generar casos de parasitosis y alergias

Pese a las molestias evidentes que causan a los hosteleros en dos o tres plazas de la capital y a algunos vecinos en momentos puntuales, ni a la Consejería de Salud ni a los veterinarios de que asisten a los servicios de Salud Pública de los Ayuntamientos de la provincia les constan alertas sanitarias provocadas por las palomas urbanas. De hecho, la Consejería de Salud ni siquiera tiene tipificada ninguna alerta por este motivo, aseguran a este periódico desde la Delegación Territorial de Cádiz.

Ahora bien, los problemas pueden surgir –o no– en poblaciones no controladas adecuadamente en cantidad y en salud en las que haya ejemplares enfermos o viejos que padezcan algún tipo de parasitosis. O a causa de la alergia que puedan producir las acumulaciones de plumas en personas específicamente sensibles a los ácaros que pueden portar estas aves.

Jesús Fernández Pascual, secretario general del Colegio de Veterinarios de Cádiz y experto en Salud Pública, confirma que la institución no tiene constancia de ningún problema sanitario generado a las personas por las palomas urbanas. 70 de los más de 690 colegiados en ejercicio en la provincia trabajan directamente para la Consejería de Salud. Y el colegio, además, colabora con una asociación de veterinarios municipales, permanentemente informados de cualquier incidencia. En cualquier caso, recalca que “el control de las palomas urbanas es una competencia que recae en los municipios”.

“La Consejería de Salud no nos ha comunicado nada, ni los Ayuntamientos, tampoco”, insiste el veterinario. “Lo normal es que las poblaciones no den problemas si no hay un descontrol excesivo. Para que lo den, tiene que haber animales enfermos y viejos que tengan las defensas bajas. Si un Ayuntamiento está encima para que la población no pase de lo soportable, se mantiene sana”.

“Pero si la población aumenta, la comida baja y cohabitan con animales enfermos en tránsito, puede haber problemas de enfermedades y parasitosis entre las propias palomas. Y entonces sí que podría haber un problema de contaminación y de salud pública. Actualmente no tenemos conocimiento de que los haya y nos consta que los Ayuntamientos están siempre pendientes de este asunto y tienen métodos para mermar la población mediante capturas”.

No obstante el veterinario aclara que “hay enfermedades que padecen las palomas que son contagiosas y otras que no. Y las primeras pueden representar un peligro para la salud humana”. Entre ellas cita las parasitosis producidas por piojos de las aves. Además existen otras patologías alérgicas que se pueden desencadenar por el ácaro de las plumas, si en algún lugar las hay en exceso. “Como ni las palomas ni sus huevos se comen hoy en día y están fuera de la cadena trófica, está descartado un contagio de salmonela”, asegura.

“Los Ayuntamientos deben tener un censo, un registro de dónde están los nidos y un sitio donde darles de comer, porque si todo el mundo lo hace, no se puede controlar y sanear la población”, advierte Fernández Pascual. “La comida se utiliza para administrar la medicación y para que no haya una reproducción excesiva”. En este punto entiende que lo correcto es que “el Ayuntamiento prohiba alimentar a los animales y que instale unos comederos específicos”.

El veterinario considera que los anticonceptivos controlados de manera que no sean consumidos por otros animales protegidos, como los vencejos, pueden ser útiles. Pero cree que los más efectivos son los métodos tradicionales de capturas con trampas y redes y el sacrificio de los ejemplares.

Es el Ayuntamiento el que tiene que controlar a los animales que no tienen dueño. Y debe garantizar el bienestar animal y generar confort a los ciudadanos. Lo más difícil es convencer a ese apasionado de los animales que no puede reprimir su instinto de darles de comer. Nos hemos criado así. Hay que concienciar a la gente de que es lo mejor”.

El Colegio de Veterinarios prepara unas jornadas sobre fauna y flora urbanas para el próximo otoño.

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