Música tras los espejos

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Un par de divas misteriosas con una singular forma de entender la música publican hoy álbum. Mónica Naranjo desvela el contenido de su ópera rock y Sia recicla en su voz temas para otras artistas

Julio Sampalo

29 de enero 2016 - 06:45

El espectáculo que refleja la música es un juego de espejos que muestran un velado perfil de la verdadera imagen de sus ejecutantes. Artistas que deslumbran a las audiencias y oyentes que buscan descubrir en la superficie de melodías vidriadas una grieta que destape el alma de las relaciones de sus ídolos con la vida, el amor y el dolor. Dos de esas singulares figuras publican hoy sendos esperados álbumes.

Hay que remontarse a 1997 para encontrar en nuestro país un artista tan aparentemente temerario como para abandonar el cómodo colchón del pop y envolverse en la imponente textura del lírico. José María Cano, exintegrante de Mecano, presentaba entonces Luna, una ópera avalada por nombres como Plácido Domingo que lo dejó al borde de la quiebra económica y psicológica, a tenor de las reacciones de la crítica.

Ese mismo año una joven catalana de explosiva apariencia y similar espíritu aventurero llegaba desde México para comerse con patatas el mercado discográfico patrio. Cual hija pródiga de la música española, en dos décadas a Mónica Naranjo le dio tiempo a reventar las pistas de baile, recuperar a la italiana Mina, postularse como la nueva diva de la escena internacional en un proyecto fallido, acabar harta de la industria que la encumbró como superventas y renacer, como ave fénix, reivindicando de nuevo y esta vez para siempre que ella vive y canta en libertad. Ahora lanza Lubna (con B, nada que ver con la anterior), una ópera rock que, como toda su producción, no dejará indiferente a nadie casi ocho años después de su último material. Una monumental obra rodeada desde su génesis por la atracción y el misterio tan ligados siempre a la voz de una artista donde persona y personaje conviven sin tocarse.

Grabada con la Orquesta Sinfónica de Elche, bajo la atenta batuta de Pepe Herrero -que ya colaboró con Naranjo en su anterior aproximación al clásico, la gira Adagio- y con colaboraciones tan singulares como las de los flamencos Marina y Jaime Heredia 'El Parrón', con Lubna la cantante y compositora se mira en el espejo de un personaje que representa "la justicia divina", según sus palabras y, seguramente, también encarna la obra cumbre de su irregular aunque contundente trayectoria.

Mónica Naranjo sigue haciendo gala de una buscada ambigüedad -la diva desgarrada y la mujer cercana conviven en equilibrio, de nuevo el eterno jugar a la multiplicación de reflejos- e interpreta con garra conceptos como la ambición, la maldad, la soberbia, la esperanza y el amor terrenal y espiritual desde la independencia creativa y la serenidad personal.

También hoy se pone a la venta This is acting, lo nuevo de la cantante y compositora australiana Sia, otro prodigio del misterio bien explotado. Con varios álbumes que jalonan su trayectoria, fue su colaboración con el productor David Guetta en el sencillo Titanium quien la puso en el punto de mira de audiencias más nutridas, al tiempo que ella desandaba el camino inverso de la popularidad.

Porque en 2014, la escritora de pelotazos como Diamonds de Rihanna optó por vender sólo su garganta y dejar que una serie de bailarines, entre los que destacaba el talento de la joven Maddie Ziegler, vistieran sus temas en el escenario. Era el reflejo ajeno de la idiosincrasia de una artista que desde entonces actúa de espaldas al público o ataviada con las más variopintas pelucas para ocultar su rostro. Preservar a la persona frente a una fama que devora más allá del talento parece ser la razón de esa ocultación que ha resultado ser su rasgo más identificativo.

Sia presenta en 2016 una colección de doce canciones que reflejan cual espejo lo que otras artistas interpretarían a partir de su pluma. This is acting se compone de retales elegidos a medida para Demi Lovato, Beyoncé , Katy Perry, Shakira o Rihanna, que dejó escapar un temazo como Cheap thrills. También Alive, primer sencillo de este álbum, hubiera sido un digno regreso para Adele, a la altura de su canción Hello, que ésta rechazó en el último momento. Reflejo o no de un meditado escape de sí misma, Sia pone al servicio de estas bien construidas composiciones una voz a la par dulce y rasgada para un lanzamiento que, ya sin misterio alguno, suena a éxito.

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