Equipamiento cultural

El Museo de Cádiz lleva 30 años esperando su ampliación definitiva

  • El edificio debe crecer por la sede de la Escuela de Artes para ser el referente cultural de la provincia

  • La Junta y el Estado mantienen paralizados el proyecto

La proyectada entrada al Museo por el Callejón del Tinte La proyectada entrada al Museo por el Callejón del Tinte

La proyectada entrada al Museo por el Callejón del Tinte / D.C.

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La necesidad de apuntalar buena parte de las dependencias de la antigua Escuela de Artes en Cádiz vuelve a sacar de nuevo a la luz el fracaso de uno de los grandes proyectos culturales y turísticos de la ciudad: la ampliación definitiva del Museo de Cádiz y su conversión en el gran referente museístico de la provincia. El abandono del edificio pone en riesgo su propia integridad y puede afectar también a la Academia de Bellas Artes, ubicada en unas de las dependencias del edificio del Callejón del Tinte.

La situación de riesgo no es, sin embargo, nueva. Desde que la Escuela de Artes se marchó a las nuevas dependencias junto a El Corte Inglés, se asumía el riesgo de deterioro de todo el conjunto si en el mismo no se actuaba con rapidez. De eso hace siete años y las dos administraciones implicadas en esta operación, el Ministerio de Cultura y la Consejería de Cultura, siguen sin ponerse de acuerdo para ejecutar la tercera fase de la ampliación del Museo, centrada en la antigua Escuela de Artes. Por el momento no hay perspectivas de contar con fondos en los presupuestos públicos para afrontar el proyecto.

A esta situación de paralización absoluta llegamos cuando se van a cumplir 30 años de la presentación del Plan Director del Museo de Cádiz, en 1980. Las dos primeras tardaron en ejecutarse varios años, pero la tercera ha batido ya récord de espera.

Por lo pronto, el documento se presentó públicamente en en mayo de 2007, cuando la segunda fase ya se había terminado más de diez años antes. La idea era tener terminada la ampliación en 2012 ya que la intención de las administraciones era que el Museo fuese uno de los referentes culturales de la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812, algo que evidentemente no se cumplió.

El proyecto era ambicioso. Con más de 350 páginas suponía una total revolución en el funcionamiento interno de la institución, de la forma de presentar sus contenidos e incluso de su diseño arquitectónico.

Así, se articulaba un espacio abierto a la ciudad volcado hacia el callejón del tinte, que se convertía en su gran puerta de acceso, incluyendo tienda y cafetería y completándolo con salas para exposiciones temporales y un auditorio. Todo ello complementado con la Casa Pinillos, que sí se rehabilitó pero que nunca ha asumido su función dentro del Museo.

En aquel momento, hablamos de 2007, la Junta afirmó que del diseño previsto tanto por el Estado como por la propia administración regional "surge un museo moderno que cubrirá todas las necesidades de la ciudad y no sólo será un contenedor más amplio de estos grandes bienes patrimoniales, sino un foco cultural abierto a otras formas de expresión: danza, música, literatura".

El mar y el comercio, esencial en los tres mil años de historia de Cádiz, iban a ser entonces el hilo conductor del proyecto museístico que también contaría con un espacio para relatar la vida en la ciudad burguesa volcada en el comercio con ultramar.

Las páginas de este documento deben estar ya amarillentas. Desde entonces, las dos administraciones han mirado hacia otro lado cuando se les ha preguntado sobre el futuro del Museo de Cádiz. Como en otras actuaciones relacionadas con el patrimonio y la cultura de Cádiz, el Teatro Romano, el legado del Bicentenario, las fortificaciones, la prioridad en las inversiones ha mirado a otras provincias de la región.

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