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Fallece otra persona sin hogar en la avenida Ramón de Carranza

  • Unos viandantes dieron el aviso. El hombre, de unos 50 años, habría muerto por causas naturales, a falta de que se le practique la auptosia

La Policía investiga el lugar en el que se ha hallado el cuerpo. /

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La calle se cobró ayer una nueva víctima. Otra muesca en el revólver de la soledad, otro fracaso de una sociedad que se autodenomina civilizada pero cuyos miembros pasan durante horas junto a un cadáver cubierto por una manta como si fuera invisible. Muerte natural, dictaminó en principio el forense, a expensas de que se le realice la autopsia. Muerte natural no parece. Porque lo natural debiera ser despedirse de este mundo rodeado de tu familia, o al menos en la intimidad que dan cuatro paredes, y no en la avenida Ramón de Carranza, frente a un muelle donde cada año llegan decenas de miles de cruceristas del primer mundo, de ese que sigue impasible ante el drama más cotidiano, el de la muerte de una persona sin hogar, sin familia, sin amigos, alguien a quien ni siquiera los que también viven en la calle son capaces de darle un nombre, alguien que tuvo unos padres, una familia, quizá pareja e hijos, pero que cada vez que lanzó la moneda al aire vio como salía cruz.

Ayer otro soldado desconocido de la calle murió solo en el portal de una sucursal bancaria donde solía pernoctar mientras decenas de pies apretaban el paso por si acaso la enfermedad de los desheredados fuera contagiosa, para evitar el hedor a podredumbre, a miseria, a derrota. Todos somos culpables. Del primero al último. Porque una cosa es elegir voluntariamente una vida bohemia en la misma calle y otra muy distinta que no se les preste la ayuda suficiente para subsistir.

La Policía informó que se trata de una persona de unos 50 años de edad de quien aún no se conoce su identidad. Agentes de la científica acudieron con rapidez para tomar huellas del lugar, si bien a primera hora de la tarde fuentes policiales aseguraron que se descartaba la participación de terceros en el fallecimiento.Fueron unos viandantes quienes alertaron de que algo podría ocurrir debajo de ese bulto inmóvil tapado con una manta desde hacía horas. O que algo no pasaba. Que un corazón se había parado. Quizá por enfermedad. Quizá por pena. Por puro cansancio de una vida que no es vida.

Y sólo en ese momento el invisible se hace visible a los ojos de sus semejantes. ¿Quién es? ¿Lo conocéis?, preguntamos a otros compañeros de fatigas, inquilinos eternos de los bancos de la plaza de las Tortugas. Pero ni siquiera ellos son capaces de ubicarlo. Estaba a veces en ese portal callejero pero no era un asiduo. Lo mismo cuentan voluntarios de Calor en la Noche o de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, cuyos voluntarios se acercaron rápidamente al lugar de los hechos para comprobar si se trataba de uno de los suyos. Pero no lo es. Es doblemente invisible. Hasta que se acordona con cinta policial la triste escena.

Entonces las miradas sí que se posan en el bulto del suelo. En la manta que le sirve de mortaja. Es un hombre. Un hombre muerto. Y entonces la curiosidad se abre paso. ¿Estaría enfermo? ¿Habrá sido una muerte natural? ¿Una pelea, un golpe, el hambre, el frío, la pena? ¿Quién? ¿Qué? Y surgen interrogantes, y uno se pregunta cómo se puede llegar a esa situación. Pero no es tan complicado. Basta con perder un trabajo, un desahucio, una mala racha que se prolonga para dar con los huesos en la calle. Suelen ser varones, el 90%. En la provincia, el perfil es de un hombre de entre 35 y 55 años. En la capital se calcula que unas 125 personas viven en la calle. La ciudad cuenta con un centro de acogida, una especie de albergue municipal, pero este tiene apenas 20 plazas, de las que 8 son para alojados de larga duración y 12 para pernoctar entre tres y siete días. Además, Caballeros Hospitalarios ofrece la posibilidad de dormir en su centro a 15 personas, que pueden estar allí hasta un mes. Cruz Roja presta su ayuda tres días a la semana con su unidad móvil, y Calor en la Noche les da un desayuno en su local y se encarga de ayudar con ropa y alimentos a los sin techo.

A pesar de todo esto, ayer Cádiz asistió a una nueva muerte en la calle, a una nueva derrota de la sociedad ante la crueldad de un mundo donde sigue mandando el dinero.

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