Cádiz

Decir Emilio

Decir Emilio, es decir tecla, platina, tinta y papel. Y largas horas en Ceballos redactando para una ciudad que era de él.

Decir Emilio, es decir libreta, crónica, Pueblo o Diario. Y un fiel reflejo del Cádiz del tardo franquismo y la Transición.

Decir Emilio, me devuelve al origen de mi oficio, que era el suyo, y a una continua transmisión de conocimiento y bondad.

Decir Emilio, es decir Merello, Pérez Sauci, Perea o Collantes. Y tantos otros que nos precedieron en el oficio de contar.

Decir Emilio, es decir placa, Juman, Kiki o Bernet. Y la viva imagen de una ciudad cosmopolita y universal.

Decir Emilio, es decir barra, Pedrín, La Manzanilla o El Veedor. Y rememorar cinco lustros atrás el sonido grave de su voz: -Niño, nunca serás periodista si bebes sólo Coca-Cola.

Decir Emilio, es decir Antonio, Pepe, Ignacio o Fabián. O Nieves, Carmen, Montse o Inmaculada. Y veladas risueñas contando historias llenas de golpes e ingenio bajo la atenta mirada de Chicón.

Decir Emilio, es decir saludo, hola, hasta luego y adiós. Y un conocimiento de todo Cádiz caminando de Santa María al Mentidero, de la Viña a la Puerta del Mar.

Decir Emilio es decir sol, mar, barca y Caleta. Y veranos de días eternos llenos de caballas y sabor.

Decir Emilio, es decir espera, pleno, moción y San Juan de Dios. Y confidencias de lo que ocurría en la Casa Consistorial.

Decir Emilio, es decir capirote, Caído, Nazareno o Pregón. Y un conocimiento detallado de cuanto mueve ese fervor.

Decir Emilio es decir caja, cuarteta, estribillo y compás. Y muchas noches de Falla en la platea, el escenario o la Cueva del Pájaro Azul.

Decir Emilio, es decir amistad, Antonio, Cabrera y Capitán. Y buenos ratos en el Terraza mirando a la Catedral.

Decir Emilio, es decir Sopranis, Marqués de Cádiz, Pelota y Barquillas de Lope. Y un sinfín de rincones que me redescubrió.

Decir Emilio, es decir coro y Santo Domingo, Armada y Puntales, compromiso y clandestinidad. Y una vida dedicada por entero a la libertad.

Decir Emilio, es decir familia, Ascensión, Emilín y Ascen. Y que falten las palabras en este trance de dolor.

Decir Emilio, es decir Redacción, compañero, amigo y maestro. Y una copa al viento por un hombre irrepetible que se nos va.

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