"Casarse con un dentista ya no es un braguetazo, eso era antes"
Ciudadanos de Cádiz
Salvador Fernández Miró. Treinta años de profesión y unos cuantos más de Carnaval avalan a este reconocido odontólogo y coprotagonista de la recuperación del romancero
Nos recibe un viernes, día que no abre la consulta. Un lujo. "Me quité los viernes a base de madrugar los restantes días de la semana. Las horas del viernes las hacemos de lunes a jueves. También me quité el jueves por la tarde. Porque ese día grabo 'El Farol' para Onda Cádiz", dice Fernández Miró, odontólogo y romancero, las dos facetas por las que Cádiz le conoce.
-"Tú que eres tan guapa y tan lista, tú que te mereces un príncipe, un dentista". La Cabra Mecánica puso a su profesión a gran altura.
-Sí, como de ganar mucho dinero. Siempre fue un tópico. Ganaba dinero en base a lo que trabajaba. La gente asocia los tratamientos de odontología a lo que es caro. De 50 euros de un empaste Hacienda se lleva lo suyo, el material es caro, hay que pagar al personal... Lo que más cuesta en la odontología es el tiempo. Hay implantes que sólo los materiales cuestan mínimo 300 euros.
-No me diga que casarse con un/una dentista no es un braguetazo.
-Ahora no, en aquella época a lo mejor, porque al menos teníamos el trabajo asegurado. Hoy los dentistas no tienen el trabajo asegurado. Es un empresario que tiene que invertir, pagar sueldos, equipos que te llevas pagando durante años... No es tan bonito como parece.
-¿Cómo ha influido la crisis en su profesión?, ¿cuidarse la dentadura es un lujo del que han prescindido muchos?
-En la odontología hay una parte que la gente busca por estética y otra por salud. Esta parte ha seguido más o menos igual, y la persona se va haciendo justo lo que va necesitando. Ha cambiado porque ya los clientes no tienen tanta alegría en el bolsillo. Como estamos dedicados a la oclusión, que prácticamente sólo lo hacemos nosotros... pues tenemos muchos clientes de fuera de Cádiz. Te produce mucha alegría curar casos que no encuentran cura. La gente está desesperada con las migrañas. Y los neurólogos no quieren ni escuchar lo que tenemos que decirles. Clientes que llevan 15 años de tratamiento con medicinas y no se curan. Y aquí, hay casos que tratamos que a la semana están curados.
-Se refiere al CAT (Compromiso Articular Temporomandibular), ¿no? Háblenos de este revolucionario descubrimiento que puede solucionar las migrañas, entre otras enfermedades, en el que usted es partícipe.
-Es revolucionario por las consecuencias que traería. Si alguien de la Junta de Andalucía comprobara esto, se ahorrarían millones de euros. Las migrañas y los vértigos producen numerosas bajas laborales. Y por coste de neurólogos, de otorrinos, que pudieran estar dedicados a otras cosas. El CAT consiste en que hay una falta de espacio entre la mandíbula y el maxilar, que hace que cuando mueves la mandíbula o duermes de lado comprimes una zona inervada por el nervio trigémino y lo estimula. El tratamiento consiste en que la mandíbula no golpee ahí y en abrir un espacio. El problema está entre la mandíbula y el maxilar. Muy sencillo de diagnosticar. Tocas y duele en la zona de la rama ascendente de la mandíbula por la cara interna. Nada más. Y además coincide con el lado de dormir. Los neurólogos no se explican porqué duele un lado nada más. Habitualmente coincide el problema con el lado del dormir. Toda persona que amanece con dolor de cabeza es que mete la mano debajo de la cara en esa parte que le duele.
-Si la solución a los dolores de cabeza las encuentran los dentistas, ¿qué será de los neurólogos?
-La cefalea es una parte muy importante de las consultas de un neurólogo. No quiero pensar que son reacios a plantearse nuestra solución porque perderían clientela. Mientras, los otorrinos sí están receptivos, están viendo que les estamos resolviendo problemas. Los neurólogos no quieren ni oír lo que le queremos decir. Piensan que el estímulo que desencadena las migrañas tienen un origen central, cuando es periférico. Está en la boca. No decimos que lo que han estudiado no valga. Nosotros ya sabemos de donde parte el estímulo. El CAT lo descubrió el doctor Larena hace 15 años. Quitamos las migrañas que diagnostican los neurólogos. Vienen pacientes con varios años dando vueltas por varios neurólogos, con diagnóstico de migrañas. Etiquetan las migrañas, y dan un tratamiento sintomático porque no conocen la causa. Casi todos tienen un CAT. Cuando les quitamos el CAT, las migrañas les desaparecen o les disminuyen un 80-90 por ciento.
-Esos pacientes les estarán eternamente agradecidos. Las migrañas son un calvario.
-Es lo que más satisfacciones te causa. Le cambia la vida a la gente.
-El dentista como confesor. ¿Cuántos secretos se han quedado en su consulta?
-Muchos. A mí me gusta oír a la gente. Y me cuentan muchas cosas, más ahora con la crisis. No vemos un agujero en la boca, vamos más allá. Somos más médicos que dentistas. Algunas veces cuentan cosas graciosas, otras son más trágicas. Pero claro... se quedan aquí.
-¿A qué personaje conocido quisiera ver en el sillón de su consulta?
-La deformación profesional me hace mirar a la boca antes que a la cara. A Pau Gasol, que tuvo una crisis de vértigo, me hubiera gustado tratarle. Casi con toda seguridad tenía un CAT. Migrañoso, con cefaleas... Todos los síntomas.
-Concertamos la entrevista antes de ser elegido jurado para el Concurso de Agrupaciones, de chirigotas y cuartetos. Todo un reto.
-Me convenció Antonio Fernández-Repeto. Tengo amigos en casi todas las chirigotas y era un pequeño problema, pero mi ventaja es que no soy forofo de nadie. Detesto el forofismo en el Carnaval. Yo disfruto con todo.
-Usted salió en coros con la peña Los Dedócratas y en agrupaciones callejeras. Su primer coro fue 'Los aspirinos', con Julio Pardo, en 1978. Ahí salían estudiantes, cuando a los niños de buena familia les dio por el Carnaval.
-Salí en 'Los buhoneros' (1979), 'Los pequeños cantores del Viena' (1980) y 'La corporación bajo mazas' (1981). Con Los Dedócratas empezaron a salir estudiantes. Y el Carnaval de la calle sale del coro de esta peña. De ahí salió la primera ilegal, 'Los buscaoros'. Nosotros, cuando acababa el coro de cantar en los carruseles y era muy temprano, con las ganas de cachondeo que teníamos, nos faltaba algo. Alguien hizo un cuplé que nos aprendimos y que cantamos por los bares. Al año siguiente hicimos 'Los buscaoros' y luego se incorporaron Gómez y Emilio Rosado.
-Tiene el honor de ser uno de los recuperadores del romancero.
-Era una modalidad marginal. El Gómez sacó por primera vez 'Viuda y compañía' con Maqueque. Lo vi y me encantó. Luego sacó 'El romance del ciego'. Le dije que me hiciera uno y sacamos 'La historia de Cádiz', que iba yo con el Chapi. Y fue primer premio. Estamos hablando de principios de los 90. Luego empecé a salir solo.
-¿Prepara algo para 2015?
-No, ando muy liado con el trabajo. Llevo dos o tres años sin hacer nada.
-¿Cuál es el mejor romancero que ha interpretado?
-Herodes y Satanás. Me encantaron. El de Herodes fue políticamente incorrecto, porque decía cosas de los niños que no se pueden decir en público. Los padres que lo escuchaban se reían de lo que no eran capaces de decir ellos.
-¿A qué se debe el auge del romancero?
-En primer lugar la forma de escribir del Gómez, tan sencilla, que a la vez es lo mas difícil. Son cinco, diez minutos, no te exigen cantidad pero sí calidad. No llega a aburrir, sobre todo si es corto. Lo salvas si eres bueno vendiéndolo. Concentras todo tu ingenio en cuarenta, cincuenta o sesenta cuartetas. Eso lo puede hacer mucha gente. El romancero va en auge, en contra de lo que dicen del cuarteto. En el cuarteto están en auge tres o cuatro, pero no la modalidad. En auge estaría si en vez de cuatro hubiera veinte.
-Usted es una voz autorizada para hacer un diagnóstico del Carnaval en la calle.
-Ha mejorado algo porque la crisis hace que venga menos gente, aunque esto sea malo para la hostelería. Lo que se estaba cargando el Carnaval es la globalización, que ha traído masificación. Gente de fuera que no entiende nada. Como si tú te vas a San Fermín a correr con chanclas. Hacen ruido, botellón.. y vienen a cantar. No se les puede decir que no, pero es que vienen ilegales de toda la provincia. Ya no hay sitio. Hay más gente cantando que escuchando. Cuanto más mala es la agrupación, más ruido hace para llamar la atención. Menos mal que el círculo se abrió y ahora puede hacerse en otros lugares alejados de la plaza.
-Dejó de ser presentador de la Pestiñada cuando la peña Los Dedócratas contó para esa fiesta con una batucada. ¿Hicieron ya las paces?
-Claro, no hubo problemas. Solamente aproveché para dar un toque de atención y no quería ser partícipe de eso. La batucada no es compatible con el Carnaval. Como nadie se le ocurre poner la radio cuando pasa la procesión del Silencio. En la Erizada se metía una batucada en la plaza Pinto y no se escuchaban bien los repertorios. Se empieza con una batucada y como se ponga de moda, se acaba el Carnaval.
-¿Qué tal la oficialización del romancero en un concurso organizado por el Ayuntamiento?
-Siempre hubo concurso oficial. El romancero siempre fue maltratado por la oficialidad. Y se organizaba el concurso en lugares que no cuajaban. Hasta que se organizó en el colegio San Rafael y se colapsó. Pedimos el Falla y nos lo concedieron. Algunos decían que era muy grande el Falla. No, a algunos se les hacía grande. En el Falla estuvo la cosa muy bien. No sé porqué lo cambiaron al Cómico, pero parece que allí funciona también.
-Es usted conocido por participar en el Carnaval de la calle, pero sigue el Concurso del Falla atentamente, en muchas ocasiones lo hizo como comentarista. ¿Cuántos empastes o extracciones le hacen falta al COAC?
-El problema está más en el público que en el propio Concurso. Es menos entendido, sobre todo el del patio de butacas. Y lo que se está cargando el concurso es el fanatismo. En el momento en el que eres fanático de una agrupación, eso no te deja disfrutar del Carnaval. No podemos olvidar que esto es una fiesta, un cachondeo. Hay mucho cafre en el Carnaval. Y se aplaude todo. Porque se han llevado cuatro meses ensayando. Si no te ha gustado, no aplaudas. A la más mínima que una agrupación destaca el público o parte de él se pone en pie y canta 'Campeones'. Como si eso influyera en el jurado.
-Como gaditano y ahora que se acercan elecciones municipales, ¿qué futuro le ve a esta ciudad?
-Esta ciudad tiene un potencial único en el turismo y su historia que no estamos aprovechando del todo. Yo, cuando viajo, me venden cositas históricas como el no va más, cuando en Cádiz lo tenemos a 'patás' en cada esquina. El Carnaval también tiene que dejar dinero, como en Viena lo deja la música. Que haya Carnaval que escuchar todo el año. No hay ni Museo del Carnaval.
-Sólo Carnaval y turismo, ¿no hay más?
-Es que aquí no cabe una industria. No hay suelo. Hay que potenciar lo que tenemos. Que vengan barcos al muelle. Que dragan el Guadalquivir y nadie protesta, por cierto. Turismo histórico de calidad, eso es lo que hay potenciar. Fenicios, cartagineses, romanos... A lo grande. Y la gastronomía. Y seguir siendo capital. Nos queda el funcionariado.
-Muchos saben de su afición al romancero, pero pocos de su amor a la pintura. ¿De dónde le viene?
-De mi madre. Era autodidacta y, no es pasión de hijo, pero no he conocido a nadie que maneje el color como ella. Yo he copiado prácticamente cuadros de todos los pintores conocidos y no he sido capaz de copiar uno de mi madre, sacarle su gama de colores. Llevo un tiempo que pinto menos. Me relaja mucho.
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