Perversiones gastronómicas El precio de prostituir San Juan de Dios

  • McDonald’s anuncia su apertura en la Plaza de San Juan de Dios de Cádiz

Uno de los menús de la cadena Mcdonalds Uno de los menús de la cadena Mcdonalds

Uno de los menús de la cadena Mcdonalds / DC

Un millón de euros. Eso es lo que exige McDonald’s a sus franquiciados para poder abrir un restaurante. ¿Cuántos hosteleros gaditanos disponen de un millón de euros? A tocateja. Contantes y sonantes. Además, la famosa cadena de comida rápida requiere que sean empresarios comprometidos y en exclusiva. No vale ayuda de ningún familiar. Hay que tener tanto el dinero como la implicación.

"Antes de ingresar a la red, el interesado debe entrar en un largo y completo proceso de formación que dura aproximadamente un año. Durante ese tiempo, tampoco puede ni estudiar ni trabajar. Debe dedicarse por completo a su formación" eso dicen desde la filial española de McDonald’s. ¿Formación empresarial o alienación cultural?

Esta semana Diario de Cádiz ha confirmado que la firma norteamericana se instalará en la Plaza de San Juan de Dios de la capital a lo largo de 2020. El lugar elegido es el local que hasta hace poco ocupaba Evo Banco, un inmueble con una superficie aproximada de unos cien metros cuadrados donde ya se ven los preparativos de reforma. Este sería el segundo local en la ciudad aunque la cadena tiene ya 16 establecimientos en la provincia.

¿Todo cabe en San Juan de Dios? ¿Se imagina un McDonald’s en la Plaza Mayor de Madrid desplazando al castizo bocadillo de calamares?

Hay que congratularse de la llegada de una marca de reconocido prestigio y, sobre todo, aplaudir al audaz empresario que arriesga sus recursos. Sin embargo, sorprende cómo la Plaza de San Juan de Dios, vestíbulo de la ciudad, se desnaturaliza con la aparición de este tipo de restaurantes.

En la esquina del edificio El Fénix, dónde también había una entidad financiera, tenemos otra hamburguesería, Burguer King, que con sus estridentes colores recibe al viajero y provoca un desagradable golpe visual junto a nuestra histórica Puerta del Mar. Discutimos el color verde del carril bici y los badenes para minimizar el impacto sobre un bien de interés cultural pero no nos estorba la tipografía infernal de estos establecimientos.

Estamos convirtiendo la entrada de la ciudad más antigua de occidente en un parque temático lleno de franquicias que rompe por completo la imagen de una ciudad que pretende vivir de su historia y de su patrimonio. ¿Cómo vamos a vender nuestra identidad cultural con una plaza que te da la bienvenida con franquicias y simbolizan una cultura gastronómica ajena?

McDonald’s es algo más que un restaurante de comida rápida, encarna un símbolo de colonización cultural americana. Lo que realmente se está representando tras un Big Mac no es una hamburguesa sino una expresión cultural, una forma de vida que promueve otros valores culinarios y otra visión de la realidad. Esta cadena personifica el capitalismo, el poder.

¿Cómo vamos a vender nuestra identidad cultural con una plaza que te da la bienvenida con franquicias y simbolizan una cultura gastronómica ajena?

Tal como plantea Massimo Montanari, las prácticas de cocina generan tensiones culturales que no tienen neutralidad ideológica. Es decir, no es lo mismo asado que hervido. Desempeñan funciones opuestas en el plano simbólico. Es lo salvaje (carnes, asados, cazadores) frente a lo doméstico (Guisos, fuego lento, la cultura, el ahorro). Es el cuarto de libra frente al cuarto y mitad. Es el Mc Royal Deluxe frente al atún encebollado.

Por eso sorprende que nuestro gobierno municipal le brinde esta oportunidad urbanística y gastronómica a un emblema del capital yanqui. Solo sirve para lanzar un mensaje de modelo alimenticio que perjudica claramente las altísimas tasas de obesidad infantil. No hay un solo dietista en este país que recomiende que comer sano sea alimentarse en un fast food.

Estamos en una sociedad de libre mercado y, evidentemente, no hay que impedir que se puedan establecer negocios de todo tipo en nuestra ciudad pero ¿Todo cabe en San Juan de Dios? ¿Se imagina un McDonald’s en la Plaza Mayor de Madrid desplazando al castizo bocadillo de calamares?

Todo el mundo tiene un precio. Está el precio público de la tasa municipal de apertura que, con la ley en la mano, firmará el concejal de urbanismo y está el coste de humillar a una plaza pública para que las tripulaciones de indonesios de los cruceros hagan cola ante un Mac Pollo.

Regular y ordenar también es posible en esta plaza. Si no lo impide el sentido común, los aromas de aceite de soja se abrirán paso en detrimento de los freidores de los gallegos y de nuestro aclamado pescado frito. Este es el precio de prostituir San Juan de Dios.

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