Bicentenario de las Cortes

El Castillo y más allá

  • No todo el Bicentenario es San Sebastián. La conmemoración tendría que haber servido para dinamizar Cádiz y crear un nuevo modelo productivo y de ciudad

Que un político hable con claridad aún cuando lo que dice pueda ir contra de sus intereses no es nada habitual. Esta semana el nuevo presidente del Consorcio del Bicentenario, Francisco Menacho, puso sobre la mesa algo sobre lo que ya se venía hablando: las dificultades financieras del Consorcio. Pero la contundencia y claridad de su análisis fue más allá de lo esperado: dijo, con todas las palabras, que el castillo de San Sebastián no estará totalmente rehabilitado de cara al Bicentenario y que, encima, es necesario buscar más dinero para poder utilizar lo que ya está casi ejecutado (las casamatas).

Con esta declaración, Menacho evita cualquier especulación y deja claro que las cosas están muy complicadas, pues la falta de financiación no afecta únicamente a la reforma del Castillo sino que también incide en la programación de actos. La alcaldesa, Teófila Martínez, ha sabido también situarse en una posición de ciudad y en lugar de aprovechar los problemas del adversario ha tendido la mano de apoyo. Ambos son políticos veteranos, ambos han trabajado duro por esta ciudad, desde distintos ámbitos ideológico, y ambos tienen meridianamente claro que el Bicentenario es Cádiz y que la que perderá o no con este evento, con su éxito o su fracaso, será Cádiz.

Puestas las cosas sobre la mesa sólo cabe reclamar al Estado una mayor implicación en este proyecto. Es cierto que la buena sintonía entre la alcaldesa y la entonces vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa de la Vega, facilitó en su día la inclusión de este equipamiento dentro de las infraestructuras del Doce, como venía reclamando el Ayuntamiento desde el año 2000, pero también lo es que la inversión estatal en la recuperación del inmenso castillo se ha ido reduciendo de forma paulatina a medida que se han ido cayendo actuaciones inicialmente previstas en el mismo (accesos, sala de espectáculos cerrada, muelle...) sin que ello haya supuesto una desviación de este dinero ahorrado a ampliar y agilizar los trabajos en el resto de este equipamiento. Todo lo contrario. Como ya adelantó hace unas semanas este diario, el Ministerio de Medio Ambiente ejecuta los trabajos a un ritmo tan lento que llegó a exasperar a los anteriores rectores del Bicentenario, que reclamaron a Costas más agilidad e incluso la posibilidad de meterse ellos mismos en la gestión de los trabajos para así ir adelantando fases.

Con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina y la inmediata llegada del verano, y las vacaciones en la Administración, el equipo de Menacho y Emilio Aragón se las va a ver y desear para lograr un apoyo más claro y decidido por parte del Estado. El vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba, es el presidente de la Comisión Nacional del Doce y, además, diputado por Cádiz. En su mano está dedicar un tiempo a esta cuestión y recordar que en su día ciudades como Sevilla, Barcelona, Valencia o Zaragoza recibieron enormes cantidades de dinero para sacar adelante con éxito los eventos internacionales celebrados en sus ciudades. Por lo pronto, la próxima semana ya hay prevista una reunión entre Rubalcaba y Menacho. El vicepresidente conoce bien Cádiz y la importancia del Doce, y sabe también cómo están las cuentas públicas. Esperemos que tenga la suficiente fuerza para sacar dinero a Hacienda.

Los problemas de financiación en el castillo y en el propio Bicentenario, de los que tampoco se está librando el Ayuntamiento de Cádiz, sacan también a la luz otra cuestión: la deficiente planificación política con la que se puso en marcha este proyecto.

El Consorcio nació como un organismo claramente político, controlado directamente, en su primera etapa, por Gaspar Zarrías, y claramente enfrentado al Ayuntamiento. Su primera gerente, María Luisa García Juárez, no tuvo capacidad para moverse con libertad a la hora de buscar financiación y organizar un equipo técnico adecuado. Sólo hay que recordar las precarias oficinas con las que contaba en San Antonio, para advertir que todo se estaba realizando mal desde el principio. Hoy, más de uno recuerda las premonitorias declaraciones a Diario de Cádiz  de Rafael Román, entonces duramente criticado desde el propio PSOE. Dijo el diputado y entonces portavoz municipal socialista que era fundamental crear la figura de un Comisario y organizar el Bicentenario de la misma forma en la que funcionan las exposiciones universales o internacionales. Hoy, más de uno se lamenta por no haber atendido a esta reclamación, una vez se han descubierto los errores en las decisiones adoptadas por quienes no vivían el día a día de este evento.

Pero el anunciado fracaso del castillo de San Sebastián como equipamiento de referencia para el Doce no debería de hacernos perder cuál debe ser la verdadera finalidad de la conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812.

Cuando una ciudad no tiene capacidad por si sola de mantener un impulso constante para su desarrollo y para su innovación, y desgraciadamente Cádiz no lo tiene al adolecer de un grupo social (más allá de las propias administraciones) con empuje de forma constante y con ganas de superación frente a un colectivo ciudadana adormecido y satisfecho de vivir gracias a los dineros públicos, es necesario contar con un elemento exógeno que permita activar proyectos novedosos y replantearse la realidad.

Ese es el papel de la conmemoración del Bicentenario. Aceptemos la importancia histórica de esta carta magna y de su implicación en el desarrollo democrático de otros pueblos (que no del español pues duró bien poco), pero la apuesta de un Cádiz Constitucional tiene un relativo valor económico para la ciudad. Se podrán poner en uso las grandes bibliotecas gaditana que hasta ahora permanecen ocultas y atraer a investigadores e historiadores de prestigio. Incluso crear una Fundación dedicada al estudio del constitucionalismo y la democracia. Pero nuestro particular PIB apenas crecerá con ello. Será, sí, un valor de prestigio, de cultura y, en sectores muy limitados, de atracción hacia la ciudad. Pero no será ni mucho menos la panacea de Cádiz como capital de la provincia.

El Bicentenario tendría que haberse planteado, y a estas fechas parece que no va a ser así, como la locomotora que arrastre a toda la ciudad para cambiar de forma definitiva su modelo de desarrollo, adormecido desde hace ya años, muchos años.

Ha sido éste el tiempo adecuado para haber concluido todos los equipamientos culturales. Y, sobre todo, para haber planificado con lógica sus contenidos, y no ese peculiar concepto de llenar espacios por llenar (aquí un museo cofrade, aquí uno de títeres... y aquí ya veremos); ha sido el tiempo para planificar y poner en marcha recorridos turísticos e implicar a instituciones privadas (¿para cuándo la apertura de los ricos templos gaditanos, la mayor parte de ellos rehabilitados con dinero público); ha sido el tiempo para 'poner en valor barrios' con características muy especiales, como el Pópulo (historia), Santa María (flamenco) o La Viña (carnaval); ha sido el tiempo para recuperar el espacio portuario, abriéndolo a la ciudad y, sobre todo, creando la gran zona de ocio en la Punta; ha sido el tiempo para eliminar la infravivienda en el casco antiguo; ha sido el tiempo para que la iniciativa privada plantease proyectos e ideas novedosas relacionadas con la apuesta de una ciudad dedicada a la cultura, el turismo y el ocio; ha sido el tiempo para tantas cosas que estaban pendientes...

Y junto a ello, el propio gaditano que aún necesita creerse que esta ciudad sólo tiene futuro si se implica en ella más allá del Carnaval, la Semana Santa y las fiestas varias que completan nuestro calendario vital.

Todo ello debería de haberse concretado en estos años para ofrecer una ciudad preparada más que para el Doce, para el 13, el 14... Para el futuro, su futuro, ni más ni menos.

A cambio, nos encontraremos una ciudad con buena parte de los equipamientos e infraestructuras a medio terminar, con algunos proyectos de calado sin iniciarse aún (hospital, Ciudad de la Justicia, nuevos hoteles...), a lo que se le une la duda sobre el propio castillo de San Sebastián , porque si no se logra terminar de cara al Doce ¿va a haber dinero para terminarlo después de evento, con tanto ajuste económico que aún queda por llegar?

  Post data. Otras administraciones, como el Ayuntamiento, deberían de apuntarse a la claridad de Francisco Menacho a la hora de reconocer obras imposibles de terminar.

Por ejemplo, se sigue empeñando el municipio en que los Depósitos de Tabacalera darán cabida a exposiciones de este evento, cuando estamos metidos ya en mayo y el edificio no es ni de propiedad de la ciudad. Dicen que estará para la segunda parte del Doce. ¿Será verdad? Tal vez sería mejor esperar antes de abrir con cartón piedra por falta de dinero para cosas mejores.

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