Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
LEO que la policía local le ha puesto una querella a un ciberactivista por llamar calimero a un agente, entre otros insultos de mayor o menor cuantía. Bueno, pues juro por Google que calimero no figura en el amplio catálogo insultológico de nuestro idioma. Si es una referencia a aquel infeliz pollito de dibujos animados, tampoco me parece una infamia. ¿Qué se le infundió al denunciante?
Cuando se insulta a alguien diciéndole, un poné, rastrero, cerdo, asqueroso o mierda, es para sentirse ofendido. Sobre todo si el tipo es un rastrero, un cerdo, un asqueroso o un mierda. Pero, ¿calimero?...
Vaya por delante que estoy, sin fisuras, a favor de la educación y la inteligencia y que detesto la violencia y el insulto, pero ello no debe anular la capacidad de criticar. Y la crítica debe ser provocativa, me atrevería a decir que subversiva pues está en su naturaleza. ¿En qué consiste el respeto, en callarse? No, se puede usar la ironía, incluso el sarcasmo para afear la conducta pública del poderoso, ridiculizar sus contradicciones o satirizar sobre su gestión política. Y poder decirle ratero al que roba, granuja al que miente o no cumple sus promesas, y carajote al que se las da de importante. Claro, que si lo haces bien, simpático, lo que se dice simpático, no caes.
Hoy se abren más posibilidades a la crítica en el mundo digital, que el poder no controla bien y opta por amedrentar. Gente de orden, rastreando con enfermiza dedicación lo que se dice de ellos por los rincones de la red, y a la menor insinuación ¡zas! querella. Tipos blindados en su respetabilidad -que quizá también injurian y difaman amparados en el anonimato- y que se rodean de un batallón de asesores, chivatos y abogados que protegen su fina piel del mundo exterior.
Así van cumpliendo su objetivo: en Cádiz crece un clima de sigilo, de temor a hablar claro y fuerte por miedo a la amenaza del poderoso. ¿Dónde está aquel Cádiz luchador e inconformista? El temor a la querella o a perder el curro o la subvención lo ha reducido a cenizas.
Pero perder el miedo es como curarse de una enfermedad grave.
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