Tribuna de opinión

Financiación: ensayo sobre la ceguera

Resulta desalentador observar cómo, ante una reforma que ofrece una solución integral a las demandas históricas de Andalucía, la respuesta oficial sea la hipérbole del agravio

La bandera nacional y las distintas banderas autonomicas.
Javier Lizon / Efe
Gaspar Llanes | Parlamentario del PSOE-A

EN la reciente reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera, entre la retórica previsible y la escenificación del desacuerdo, el consejero de Murcia, Luis Alberto Marín –representante de la comunidad más beneficiada por el nuevo sistema–, recurrió a la literatura para ilustrar su descontento. Evocó a la ministra como la protagonista de El coronel no tiene quien le escriba del Nobel colombiano Gabriel García Márquez.

Por su parte, la consejera de Andalucía, Carolina España, optó también por mantener la ilusión del agravio. Ante la inminente cita electoral, sus declaraciones parecían buscar esconder tras la niebla de la confrontación, la realidad de los casi 5.000 millones de euros que acababa de rechazar. Una situación que nada tiene que ver con el histórico rechazo al Pacto del Majestic entre Aznar y Pujol, cuando nuestra tierra se plantó porque no se le reconocían 400.000 andaluces. Hoy sucede justo lo contrario: estamos ante la mayor oferta de suficiencia financiera de la historia.

Asistimos atónitos a escenas rocambolescas donde quienes tienen la solución a la vista, se tapan los ojos. Si hemos de evocar un título literario para describir este momento, el referente correcto no es García Márquez, sino el Nobel portugués José Saramago: Ensayo sobre la ceguera. Una ceguera voluntaria, inducida por un tacticismo de corto recorrido, que ignora una realidad objetiva que reposa sobre la mesa: la inyección de miles de millones de euros adicionales al sistema de financiación de todas las comunidades autónomas de régimen común.

Para comprender la magnitud de lo que está en juego, el análisis debe partir de un diagnóstico riguroso del sistema que pretendemos superar. Como ha documentado extensamente el académico Ángel de la Fuente, el modelo vigente desde 2009 degeneró en un laberinto de opacidad. No era un sistema federal lógico, sino una amalgama de parches que arrojaba resultados arbitrarios, desvinculados de la capacidad fiscal real y de las necesidades de gasto. Para Andalucía, este caos técnico no ha sido una disquisición teórica, sino una herida financiera cuantificable. Bajo la vigencia de este modelo caduco, nuestra comunidad ha sufrido una infrafinanciación estructural que el propio presidente andaluz cifrada en 1.523 millones de euros anuales hace solo un mes.

Desde una perspectiva andaluza, la nueva propuesta no se debe medir por simpatías políticas, sino por la fidelidad a una hoja de ruta propia: el Acuerdo Parlamentario de 2018. Aquel documento, un hito de consenso impulsado por el Gobierno socialista y suscrito por el Partido Popular, estableció con lucidez los dos pilares necesarios para la viabilidad de la autonomía: corregir el flujo y sanear el stock.

La propuesta actual satisface, con precisión técnica, ambas demandas. Por un lado, corrige la suficiencia al inyectar recursos masivos y basarse en la población ajustada —la variable que mejor refleja el coste real de los servicios—, garantizando que Andalucía reciba lo que le corresponde para cubrir sus competencias con suficiencia financiera.

Por otro lado, aborda el saneamiento de la deuda, una cuestión donde reside una clave intelectual a menudo manipulada. La infrafinanciación crónica obligó a Andalucía a endeudarse para mantener los servicios básicos. Ese pasivo no fue fruto del despilfarro, sino hijo de la insuficiencia del sistema. Por tanto, el mecanismo de alivio de deuda incluido en la propuesta financiera global no es una merced graciable; es un acto de justicia conmutativa. El Estado asume la parte de la deuda que se generó porque el sistema anterior falló.

Combinar ambos instrumentos es la única forma de dotar a Andalucía de resiliencia fiscal para afrontar el futuro sin el plomo en las alas del endeudamiento forzoso.

Resulta desalentador observar cómo, ante una reforma que ofrece una solución integral a las demandas históricas de Andalucía, la respuesta oficial sea la hipérbole del agravio. Es una postura de una "insoportable levedad", por citar a Milan Kundera. Criticar la falta de recursos mientras se rechaza la solución que los garantiza denota una preferencia por el ruido frente a la gestión del bienestar ciudadano. Porque, como nos recuerda el propio Saramago: "La responsabilidad de tener ojos es comportarse como si se viera". Y lo que vemos hoy es la oportunidad de un futuro mejor para Andalucía. No la desperdiciemos cerrando los ojos.

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