patrimonio

Paseo por una Capitanía desconocida

  • Esta semana han comenzado los recorridos por Capitanía para los grupos guiados que visitan el Museo Naval

  • El visitante descubre estancias, mobiliario y anécdotas dignos del palacio

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El grupo escucha entre vitrinas con sextantes, reglas y antiguos mapas las explicaciones de la guía. Están en una de las salas de la planta baja del Museo Naval y de ahí caminarán hacia el rincón reservado para la arqueología. Hasta ese momento el recorrido se ciñe al que el público ha disfrutado durante los últimos meses en las visitas guiadas, pero pocos minutos después -tras detenerse ante el primer mascarón de proa del Juan Sebatián de Elcano y conocer detalles de la antigua capilla, ya desacralizada- se inicia el descubrimiento de una parte del Palacio hasta ahora cerrada a los visitantes, como es la zona noble de la antigua Capitanía. Normalmente se accedería a través del Patio de los Cristales, pero este día (el jueves) la responsable de dar las explicaciones pertinentes hace una excepción. "Me gusta más la entrada desde la Capilla", desvela. Todos la siguen.

Los privilegiados vienen de Puerto Real, y tras la cita en el Museo Naval tienen que emprender la marcha hacia el Observatorio donde les esperan. Ambas propuestas -ligadas al conocimiento y la historia- de la Armada tienen mucha aceptación entre los ciudadanos, los visitantes de los alrededores de San Fernando y los turistas. Los datos refuerzan esta idea, al haber registrado el Museo Naval en 2016 hasta 7.095 visitas, de las que 5.428 fueron tras la inauguración oficial por el Rey Felipe VI en el mes de julio.

El espejo del fondo del Comedor de Gala juega con la profundidad de una sala alargada

Para tener el privilegio de admirar algunas de las estancias de la antigua Capitanía el visitante debe formar parte de los grupos guiados, no podrá acceder si va por libre. La primera que pisará es el Patio de Cristales, un gran espacio con galerías alrededor, en cuyas paredes descansan los retratos de antiguos comandantes generales, que vivieron en este inmueble mientras ostentaban el cargo. "Es abierto, luminoso, como ven, por eso se utilizó durante la visita del Rey Felipe para la foto oficial", detalla la guía, que dirige al grupo que se acerca a los cuadros, que mira hacia la montera de cristal que cubre el patio, hacia las Escaleras Reales, que suben a la primera planta desde el hall trasero (el principal da hacia la calle Real). Arriba vive el actual comandante general de Infantería de Marina por lo que esa área está restringida. De cualquier manera los visitantes observan el cuidado con el que se conservan la alfombra de la Real Fábrica de Tapices que cubre el suelo, los cuatro grabados cuelgan de las paredes y que reflejan la batalla de Toulon o el mobiliario que viste al lugar. "Es una escalera doble, creada para dar imagen de importancia y suntuosidad", añade la mujer que se encarga de contar los entresijos de este histórico edificio.

El Salón de Tresillos es la siguiente parada, un espacio amplio que toma el nombre de los conjuntos de sofá y sillones que decoran el centro de la sala. "Se aprovecha para las grandes recepciones, y entonces se retiran los tresillos", detalla la guía. El lugar mantiene su majestuosidad con el mobiliario y los retratos que de nuevo se pueden admirar en las paredes, y que muestran a grandes marinos, como Jorge Juan; al primer militar español invicto, como fue Álvaro de Bazán; o a Sánchez Cerquero, que intervino en la reforma del edificio. Los muebles fueron restaurados por artesanos de La Isla en la década de los 80.

A este patio dan las tres salas que quedan por visitarse. La primera, que llama la atención por su esplendor, es el Comedor de Gala, en el que es difícil quitar la vista de la impresionante mesa que predomina en el espacio. Tiene capacidad para cincuenta comensales y todos los detalles que guarda "están a la altura" de quienes son agasajados. Entre los muebles originales están una consola-aparador, mesas auxiliares, una vitrina con parte de la porcelana de las grandes ocasiones. "El aparador tiene un juego de sopera y dos ánforas en el que se representan escenas de la batalla de Trafalgar", cuenta la guía. Desde los años 80 cuentan con unos manteles de hilo que se encargaron de bordar las monjas capuchinas, pero además los candelabros que resplandecen, las lámparas de techo... todo respira elegancia, más con el espejo del fondo que aporta mayor profundidad si cabe a un espacio estrecho y alargado.

Con los espejos también juega el Salón del Trono, donde cada 6 de enero se celebra la Pascua Militar. El trono bajo la foto del Rey se elevada dos escalones por encima del resto del suelo, cubierto por alfombras de la Real Fábrica de Tapices. A cada extremo unos muebles muestran "escenas que parecen sacadas de los tapices de Goya".

Finalmente, se exhibe el Salón del Piano o Isabelino, que toma el nombre de su mobiliario, y que se utilizaba para las pequeñas reuniones y los momentos de asueto. Destaca el ajedrez, el piano, el estilo de los enseres, la gran lámpara de La Granja o el retrato de Carlos III. La preciosista mesa central adornada con un centro de mesa con una figura dorada y acompañada de sillas también doradas completan esa imagen de época.

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