Por una vez coincido con la gran mayoría de españoles, un 80% según una encuesta. Somos los que estamos de acuerdo con la prisión permanente revisable como pena adecuada para los autores de asesinatos especialmente graves. Nos acusan de que aprovechamos los calentones, el último por el caso de Diana Quer, pero lo que cuenta es que pensamos así aunque a veces olvidemos reivindicar su permanencia ante el intento de derogarla apoyado por partidos plagados de diputados timoratos y pusilánimes a los que no les importa que auténticos monstruos vuelvan a deambular por las calles. La prisión permanente revisable se diferencia de la cadena perpetua en que abre una ventana a la resocialización, harto improbable por la crueldad de estas alimañas. Con esta postura corremos peligro de que los demócratas de boquilla nos dediquen el insulto fácil que está de moda, el de fachas. Pues les digo que a mí me la refanfinfla.

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