El plan de rehabilitación de la Iglesia

  • Diversas intervenciones en templos de la ciudad coinciden en el tiempo Todas se han financiado con fondos propios de parroquias, cofradías y comunidades

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El estado de conservación de los edificios, incluidos los religiosos, no entienden de recortes presupuestarios, de frenos de ayudas institucionales ni de crisis económica de ningún tipo. Lo que sí parece haber entendido la Iglesia gaditana es que las actuaciones que haya que acometer en sus templos deberá hacerse con los medios que esas comunidades puedan disponer. Por eso, como si de un plan de rehabilitación se tratara, en los últimos meses han coincidido varias intervenciones de diverso calado en iglesias de la ciudad, que tienen la premisa fundamental de que se está realizando con las aportaciones que los propios feligreses, las cofradías o las comunidades hacen para asegurar la conservación y el mejor estado de revista posible de estas iglesias.

Hacemos un recorrido, en este reportaje, por las diferentes actuaciones de las que se tiene constancia en la actualidad.

Acaba de terminar en este templo una intervención de gran calado, que curiosamente comenzó con la simple intención de quitar el techo de escayola existente en la nave por el mal estado que presentaba. José Ángel González es el arquitecto que ha dirigido el proyecto, y cuenta que cuando se abrió el techo con la intención de empezar a demolerlo "nos encontramos un edificio muy bien hecho y diseñado, por lo que hemos dejado que sea el edificio el que hable por sí solo". Efectivamente, el techo de escayola se ha retirado por completo, dejando ver "los pórticos de hormigón contundentes" que confluyen hasta la altura actual, que ha ganado cuatro metros con respecto a lo que había antes, lo que ha permitido entre otros beneficios mejorar la calidad acústica de la iglesia.

Además de esto, se han reparado las vigas (sustituyendo los hierros y el hormigón que faltaba o que estaba en mal estado) y se ha pintado el conjunto con colores "unificados, lo que da mayor sensación de paz al edificio". Todo ello, destaca el arquitecto, con un espectacular andamiaje que ha hecho posible que durante las obras se haya podido mantener abierta la iglesia al culto.

Pero no acaba aquí la intervención. Lo que más ha llamado la atención en la renovada iglesia de San Severiano es el espectacular pantocrátor que corona ahora el altar mayor. Según relata el arquitecto, "cuando hicimos el estudio de arriba sabíamos que ahí iba a aparecer un frontón importante, y que dejarlo así sería un parche horroroso". Tras un período de reflexión y discusión entre el equipo técnico y el párroco, "llegamos a la conclusión de que hacía falta un pantocrátor", que en un principio iba a hacer el propio González (también pintor) pero que se le encargó finalmente a su hija, Berta Llonch. "Estamos encantados con el mural, que incluso ha eclipsado la obra", reconoce José Ángel González, sabedor de que la actuación en San Severiano ha supuesto una más que importante aportación contemporánea al arte y el patrimonio religioso de la ciudad.

En la iglesia de extramuros se están realizando obras en estos momentos. Después de importantes actuaciones en el retablo principal o en el exterior del histórico edificio situado en la Avenida años atrás, ahora se está pintando todo el interior. Más de un mes han acumulado ya los trabajos, que aún tiene bastante faena pendiente, según indicaba hace unos días el párroco, Salvador Rivera.

En este caso, las obras y el culto se están compatibilizando con la celebración de las misas durante la semana en una pequeña capilla improvisada en el salón parroquial. "Y ya los fines de semana sí hacemos todo lo posible por abrir la iglesia, adaptándonos como podemos, porque la cantidad de gente que viene el fin de semana a misa no cabe en el salón", expone Rivera, que no da fecha para la finalización de estos trabajos que devolverán toda la blancura a San José.

Posiblemente no resulte apenas perceptible a ojos del que accede hoy a su interior. Pero en la iglesia de San Antonio se ha llevado a cabo una actuación vital para asegurar nada menos que el mantenimiento en pie del edificio, cuya estructura peligraba por una fractura que lo estaba abriendo en dos.

Los arquitectos Juan y Alberto Jiménez Mata son los que han dirigido estas obras, que han sido posible gracias a la implicación de cerca de un centenar de feligreses que están aportando una cuota mensual para hacer frente al préstamo bancario solicitado para costear los trabajos, que se hicieron con carácter de urgencia. Además de reparar la cubierta, se ha rehabilitado la techumbre de madera y se ha reforzado la estructura con tirantes de acero en dos niveles distintos, para evitar esa apertura en dos que estaba sufriendo el edificio. Para rematar la actuación, se ha acometido también la pintura de todo el interior (1.500 metros cuadrados, según puntualiza Alberto Jiménez Mata), aplicando pintura de cal de Gordillo.

Desde finales del pasado mes de octubre está abierto a pleno rendimiento este histórico templo, cuya presencia y culto en la ciudad se ha asegurado gracias a esta "importante obra" -en palabras de los arquitectos- costeada por los feligreses.

También se han hecho una serie de mejoras en la iglesia de San Juan de Dios, cuya propietaria es la hermandad de la Santa Caridad. A la espera de acometer el adecentamiento de todas sus dependencias anexas al templo (una vez cerrado el acuerdo definitivo con el Obispado por el traspaso del antiguo hospital), en las últimas semanas se han realizado labores de adecentamiento y limpieza en el coro del templo, donde se han recuperado algunos tramos de pintura mural que llaman la atención y que podrían estar fechados en el siglo XVIII.

Todas estas pequeñas actuaciones que se están realizando en San Juan de Dios, y que se sufragan con los fondos de la propia corporación, están permitiendo mejorar la zona de exposición de enseres que dispone la hermandad en la parte alta del templo, que últimamente es objeto de visita en las diferentes iniciativas relacionadas con el patrimonio que se están realizando en la ciudad.

Otra cofradía, la de Borriquita, está enfrascada en una importante obra en la capilla que posee en la calle Vea Murguía. Se trata de una reforma integral de esta pequeña capilla, que prácticamente está ya concluida. Según enumera el hermano mayor de la corporación, Ignacio Ortiz, se ha procedido a sustituir todo el techo, a eliminar la madera que forraba las paredes (sustituyéndola por un estucado y un mármol en la parte baja), a retirar las partes del suelo que estaban en mal estado y a repintar bancos y puertas. Además, se ha intervenido también en la pequeña sacristía contigua, adecentando el espacio y dotándolo de nuevo mobiliario que permite una mejor distribución.

Todo esto ha requerido de más de cuatro meses de trabajos, que han venido realizando los propios hermanos de manera desinteresada con la dirección de uno de los cofrades de Borriquita. Sobre este punto, también destaca Ignacio Ortiz que incluso ha habido hermanos que han donado parte o la totalidad de los materiales, para poder llevar a cabo la reforma que se estrenará el próximo viernes, cuando está previsto que los titulares de la cofradía regresen a esta capilla de la calle Vea Murguía desde la vecina iglesia del Carmen.

Otra de las actuaciones que en estos momentos se están llevando a cabo se localizan en la iglesia de La Palma. Rehabilitada hace pocos años, la cofradía (propietaria del templo) está realizando actualmente labores de reparación del deterioro de algunas zonas de las dependencias anexas así como pintado general de todas esas estancias donde se ubican los salones de reuniones y donde se exponen los enseres de la hermandad. Los trabajos, al igual que en el caso anterior, se está llevando a cabo gracias a la implicación y la colaboración de los propios hermanos, según destaca el hermano mayor, Francisco Javier Lucero.

Se completa así este buen número de actuaciones que sirven, en definitiva, para conservar, como si de un plan de rehabilitación se tratara, en el mejor estado posible esta relación de edificios relevantes del patrimonio de la ciudad.

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