manolete | centenario de su nacimiento

El Califa majestuoso

  • El próximo martes se cumplen cien años del alumbramiento de uno de los diestros más importantes de la tauromaquia, que falleció por una cornada mortal en Linares en 1947

Manolete, en la Monumental de Las Ventas, en la termporada de 1940. Manolete, en la Monumental de Las Ventas, en la termporada de 1940.

Manolete, en la Monumental de Las Ventas, en la termporada de 1940. / efe

Manuel Rodríguez Sánchez Manolete (Córdoba, 4 de julio de 1917-Linares, 29 de agosto de 1947), conocido también como El Monstruo, es el IV Califa del toreo cordobés.

Si tiramos de hemeroteca -más de un centenar de monografías, por encima del medio centenar de obras poéticas y miles de artículos- la imagen de Manolete es la de un torero inconmensurable y de seriedad senequista, que se entregó sin reserva alguna hasta la trágica cornada de Linares en 1947. Levantaba una expectación tremenda. En plazas monumentales, como Madrid y Barcelona, que por sus elevados aforos es difícil colocar el No hay billetes, Manolete lo conseguía hasta el punto de que era venerado por la reventa.

Un maestro con empaque, quietud, valor sereno... y una vergüenza torera colosal

Como esos grandes actores que llenan el escenario antes de interpretar, Manolete inundaba el ruedo con su sola presencia. Caló por su majestuosidad y empaque, quietud, verticalidad, valor sereno y una vergüenza torera colosal. Descolló en el toreo fundamental, especialmente en la verónica, la media verónica, el natural y fue el creador de la manoletina. Sus obras las rubricaba con la misma entrega, por lo que se distinguió como un estoqueador soberbio. La regularidad, el que le sirvieran la mayoría de toros para su lucimiento, fue otra de las cualidades del gran maestro cordobés.

Opinión de otros maestros coetáneos

En este homenaje a su figura, recojo opiniones de varios toreros de su tiempo con los que llegó a torear, hoy desaparecidos, y cuyos testimonios rescato de grabaciones. Todos ellos, salvo Pepe Luis Vázquez, fueron apadrinados por Manolete, quien únicamente concedió nueve alternativas.

Pepe Luis Vázquez, el espada que más veces actuó con el Califa -alternaron en 122 corridas- nos contó que era su torero más admirado: "Era mucho Manolete. Además de su toreo, era extraordinario con la espada y tenía mucha regularidad". Y sobre lo que siempre incidía era sobre su vergüenza torera: "Llegó un momento en que tenía toda la responsabilidad sobre sí mismo y el público le pedía más y más. Yo ya le advertí que así era muy díficil... Se metió en algo muy duro. No le dejaban respirar. Acostumbró al público a que todas las tardes había que estar bien".

Agustín Parra Parrita, figura en los años cuarenta, quien contrajo matrimonio con Encarnación Vargas Molina, sobrina de Manolete, fue doctorado por Manolete en Valencia en 1945. Parrita afirmaba: "Fue un torero que pisó unos terrenos que los demás no podían y lo hacía todos los días. Los demás no podían estar a esa altura. Además toreaba muy bien con el capote y con la muleta. Y tenía una gran espada".

Jaime Marco El Choni, triunfador en los cuarenta y que recibió la alternativa en su tierra, Valencia, en 1944, idolatraba a Manolete desde sus comienzos hasta el punto de que llegó a conocer al cordobés el día de su alternativa, quien al cederle los trastos le dijo: "Jaime, de manoletista a manoletista". El Choni decía que la personalidad de Manolete era tan enorme que te atrapaba con su sola presencia. Me lo contaba cuando, ya mayor, apostó por un chavalín del que me dijo que sería otro torero irrepetible: José Tomás; precisamente el torero más manoletista de esta época.

Manolo Escudero, uno de los grandes con el capote, a quien apadrinó Manolete en Murcia en 1943, explicaba que el mítico torero cordobés "toreaba de manera excelente con el capote, con los pies asentados y daba unas verónicas como las que ahora sueñan los jóvenes".

Rafael Llorente, alternativado en 1944 en Barcelona por El Monstruo destacaba su toreo mayestático con la muleta, una gran izquierda y su gran espada.

Manuel Martín Vázquez, su primer ahijado, a quien doctoró el 6 de julio de 1941 en Barcelona, nos llegó a contar que Manolete era tan respetuoso con la liturgia taurina que llevaba al extremo todos los detalles hasta el punto de que le citó en la habitación del hotel y estuvieron una mañana entera ensayando la cesión de trastos con toallas y palos, con total solemnidad.

Su carrera

En un apretadísimo extracto de su carrera, se puede decir que entre 1935 y 1947 lidió 1161 reses de 113 ganaderías. Toreó en 42 novilladas y 502 corridas de toros. Donde más actuó fue en Barcelona, en 72 tardes. Perteneciente a una importante dinastía, ya dice con once años a su madre que será torero. Llegó a torear en la parte seria del espectáculo cómico-taurino Los Califas en 1933.

Su primer traje de luces lo vistió en una novillada nocturna en la plaza de Los Tejares de Córdoba, el 12 de agosto de 1933.

Tomó la alternativa el 2 de julio de 1939 en Sevilla, apadrinado por Chicuelo, estoqueando a Mirador, de Tassara. Un toro que, por cierto, se llamaba inicialmente Comunista y al que se cambió el nombre para evitar susceptibilidades en el año en el que se cerraba la guerra civil. Encabezó el escalafón superior en 1943 (71 corridas) y 1944, el año en el que más toreó (92 corridas). Esa temporada realiza una de su faenas antológicas en Las Ventas, el 6 de julio, al toro Ratón, de Pinto Barreiros y su figura ha rebasado el ámbito taurino. Es un icono social al que un grupo de intelectuales, poetas, escritores y periodistas rinden homenaje en el Restaurante Lhardy de Madrid. Entre ellos, Pemán, Marquiere, Foxá o Del Valle.

En 1945, su gran temporada para muchos tratadistas, hubiera quedado en primer lugar del escalafón, pero por una cogida el 29 de junio en Alicante, con fractura de la clavícula izquierda, pierde alrededor de una veintena de festejos y queda, con 71 corridas, por detrás de Arruza.

En 1946 torea medio centenar de corridas en América -México, Perú y Venezuela-. En España sólo actúa en la Beneficencia de Madrid, el 19 de septiembre, cortando dos orejas.

En 1947 es herido en La Beneficencia. Decide torear menos que en años anteriores y en la fatídica tarde del 28 de agosto en Linares cae corneado mortalmente por Islero, número 21, entrepelado, bragado-, de Miura, que le atravesó el muslo derecho, destrozando el triángulo de Scarpa. El toro, que había manseado, le coge cuando el diestro entra a matar muy despacio, arriesgando mucho.

El periodista Antonio Bellón, quien trabajaba en el Diario Pueblo cuando le conocí, me llegó a contar que viajó con él, en el coche de Manolete, camino de Linares y que el torero le confesó: "Cuando llegue octubre dejaré el toreo y tengo pensado casarme con Lupe Sino".

No pudo ser. Así acabó la vida de uno de los maestros más grandes de la historia, que el próximo martes, 4 de julio, hubiera cumplido cien años y cuya tauromaquia continúa siendo fuente de inspiración para nuevos toreros.

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