Cuaresma

La llama de la Cuaresma prende en el Mentidero

  • El titular del Prendimiento brilla en su traslado a la Catedral para presidir el vía crucis de hermandades

  • Las novedades introducidas por el Consejo funcionan

El Señor del Prendimiento cruza las naves catedralicias durante el resto de las estaciones del vía crucis general de hermandades. El Señor del Prendimiento cruza las naves catedralicias durante el resto de las estaciones del vía crucis general de hermandades.

El Señor del Prendimiento cruza las naves catedralicias durante el resto de las estaciones del vía crucis general de hermandades. / fito carreto

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Hay gestos, símbolos, presencias que denotan la fortaleza de una hermandad medida por la importancia que para sus cofrades tiene esa pertenencia. Y ayer el Prendimiento derrochó fuerza y el peso que tiene como hermandad, pese a su relativa juventud; ese peso que llevaba a ver en las filas de hermanos a hijos y nietos de fundadores, a antiguos hermanos mayores, a hermanos mayores que han sido de otras cofradías, a una cruz de guía portada por la misma persona que lo hace cada Lunes Santo...

No sólo en el apartado humano se vio ayer a una cofradía con fuerza. El Prendimiento irrumpió en la Cuaresma gaditana con una destacada, sorprendente incluso, presentación de su imagen titular. La hermandad del Mentidero confirmó la línea ascendente que en los últimos años viene demostrando -en términos cofrades- este vía crucis de hermandades; y como ya ocurriera las últimas cuaresmas con las imágenes designadas por el Consejo, el titular de la corporación ganó muchos enteros en el día de ayer. Posiblemente lo más llamativo fuera su presentación con las manos atadas, haciendo honor a su advocación y resumiendo sobre la marmórea parihuela cedida por el Consuelo de Jerez la segunda estación del vía crucis.

Llamó mucho la atención también ayer la túnica que estrenaba la imagen y que bendijo el carmelita Ángel Palomino momentos antes de iniciar el camino a la Catedral. Y posiblemente en menor medida también resultaron llamativas las potencias doradas (con las que procesionó el Señor por primera vez, en la Semana Santa de 1980), el cordón dorado que ceñía la túnica o los puños (realizados con la técnica de encaje bolillo).

Todo este conjunto cuadró casi a la perfección en la parihuela de peana alta que iluminaban los cuatro faroles de plata del paso de Medinaceli y que exornaban cuatro pequeñas jarras con lirios morados y tulipanes rojos en las esquinas y la reliquia del Beato Diego -siempre el Beato junto al Prendimiento- en el frontal de las andas, que no llevaban patas porque en su Jerez original se porta con las horquillas que le sirven de soporte y que no se utilizaron ayer. Para eso, entre otras cosas, Francisco Javier Baena dispuso a sus cargadores a lo largo del recorrido.

Una hora bastó para que el cortejo cruzara desde la Alameda hasta la Catedral. La puntualidad fue inglesa en el día de ayer, y si a las siete de la tarde asomaba la parihuela por el dintel del Carmen, aún con las últimas luces de la tarde, a las ocho en punto accedía por Arquitecto Acero a un templo que ayer estrenaba penumbras que invitaron a un mejor desarrollo del vía crucis, en un acierto de la nueva permanente de Juan Carlos Jurado. Otra de las novedades del vía crucis de ayer fue la nutrida presencia de jóvenes tras la cruz de guía, dando mayor presencia en el acto a este sector cofrade.

El rezo de las estaciones, traducidas al lenguaje de signos como se viene haciendo en los últimos años, se fue desarrollando en el interior de la Catedral con el acertado acompañamiento, estremecedor por momentos, de la música de órgano, violín y barítono. Tras la parihuela se situaron las distintas representaciones; primero el clero, presidido por el obispo diocesano, Rafael Zornoza (con el franciscano Francisco González y el carmelita Ángel Palomino que siguieron al Señor todo el recorrido; y con los sacerdotes Jesús García Cornejo, Ricardo Jiménez, Juan Enrique Sánchez, Rafael Fernández y Aquiles López, estos dos acompañando a los cofrades sin tener encomendada ninguna estación ni función durante el acto). Y tras ellos el subdelegado de Defensa, Joaquín González; el director del Secretariado de Hermandades, Alfonso Caravaca, acompañado de Juan Carlos Romero; el presidente del Consejo, Juan Carlos Jurado; y el hermano mayor del Prendimiento, Rafael Galeano.

Tras ellos siguió su acompañamiento una muy nutrida presencia de fieles entre los que había muchas medallas del Prendimiento colgadas en el cuello. Y es que eran muchos los que quisieron acompañar ayer al titular de la corporación del Lunes Santo y que no pudieron obtener uno de los veinte sitios que el Consejo establece para los hermanos de la cofradía designada cada año.

Las palabras de Zornoza tras la última estación, destacando ante la advocación del Prendimiento que "Jesús no está atado a ninguna cadena ni está preso de nadie, sino que nos libra de ataduras para hacernos libres" e invitando a los asistentes a "reconocer el abismo de lo que nos ata, bajar al abismo de nuestro pecado, para llegar así al abismo de Dios, que nos da la libertad". Y tras agradecer "el gran esfuerzo realizado por la hermandad del Prendimiento" para hacerse presente ayer en la Catedral, se inició el regreso al Prendimiento, que al igual que ocurrió durante la ida dejó estampas muy curiosas de esta talla de Alfonso Berraquero y su destacada presentación en la jornada de ayer.

Con él y con el barrio del Mentidero se daba ayer de bruces la ciudad con una nueva Cuaresma, después de unos primeros días más tímidos con motivo de un Carnaval que en el trayecto que recorrió el Prendimiento apenas se dejó ver -salvo por las luces que sí seguían colgadas en la plaza del Palillero-, en un esfuerzo que cada año realiza el Ayuntamiento para eliminar cualquier rastro del Carnaval del itinerario del vía crucis.

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