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Navidad en San Fernando: Papá Noel regresa para hacer magia en su casa

Casa de Papá Noel en San Fernando.

Casa de Papá Noel en San Fernando. / Lourdes de Vicente

Impacientes llaman a la puerta. Parecía que Papá Noel estaba ya disponible, pero quienes aguardan impacientes a las puerta de su casa, en la Plaza de la Iglesia de San Fernando, aún tienen que esperar unos minutos, apenas son 2 o 3 pero se hacen eternos, para que las puertas se abran una joven vestida de reno –abrigada eso sí– les dé la bienvenida. Javi, María, Lucía y Manuel serán los primeros niños a los que Santa reciba, y sus padres no dudarán en captar el momentos con sus móviles. Ellos dan la salida a unas jornadas en la que esta cabaña, otro año más, acogerá a muchos niños, pero también muchos adultos igual de ilusionados, hasta la víspera de Navidad.

El tiempo, la lluvia, llovizna intermitente, que trae la tarde obliga a suspender el espectáculo inaugural que estaba previsto. Se hará otro día, cuando la meteorología lo permita. Eso no resta entusiasmo a quienes son fieles a la cita con Papá Noel en La Isla, que hacen cola desde un rato antes de las seis de la tarde, para hablar unos minutos con el bonachón de traje rojo y barbas blancas. No hay tantos como habitualmente en años anteriores, pero sin duda vendrán también tardes mejores para acompañar a la cita.

Si fuera el ambiente es húmedo, aunque no frío, dentro la estancia es acogedora. Una auténtica estampa navideña, sin que falten detalles para esa afirmación. Santa se sienta tras saludar desde la portada en un gran sillón con cojines y pieles. El color bermejo de su vestimenta contrata con el verde que viste el elfo que anima los pequeños, y que ayuda al jefe con la magia que hace para entregar caramelos: una veces aparecen en sus manos tras soplarlas en su boca, otra salen de las orejas y otras son descubiertos por los niños en sus propios bolsillos.

Los ojos están puestos en los menores, más grandes o más chicos, más sorprendidos o menos, más atrevidos o más cohibidos, de más o menos palabras. Sus padres, abuelos u otros familiares que les llevan a esta experiencia les alientan a contar qué han juguetes han pedido, Papá Noel también les insisten. “Un regalo amarillo”, suelta Manuel, el más joven de la tarde, luego llegarán más, entre las risas de quienes observan la escena. “Ya sabrás tú a qué me refiero”, pensará sobre las dotes de este personaje navideño que como los Reyes Magos también dejan presentes en casa en estas fiestas navideñas.

Ha sido poco hablador, nada que ver con Valentina y Julia que no han dudado el responder a las preguntas de Santa y su elfo. Se nota la edad porque poco después Lola tampoco responde mucho, pero escucha atenta. Ni Adri que casi no suelta prenda a pesar de acudir muy a juego con la ocasión: cuernos y orejitas de reno y un jersey navideño. No desentona en absoluto con una habitación llena de regalos con grades lazos, guirnaldas y luces, un gran baúl con cartas y un gran árbol en el que llama la atención.

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