Inmigración

La Guardia Civil salva a una patera de un naufragio seguro en Caños de Meca

  • Un agente del Servicio Marítimo saltó a la embarcación para alejarla de la zona de los arrecifes

Los tripulantes de la ‘Río Agueda’ que rescataron de aguas cercanas a Barbate a más de 200 magrebíes tras llegar ayer a su base de Puntales. Los tripulantes de la ‘Río Agueda’ que rescataron de aguas cercanas a Barbate a más de 200 magrebíes tras llegar ayer a su base de Puntales.

Los tripulantes de la ‘Río Agueda’ que rescataron de aguas cercanas a Barbate a más de 200 magrebíes tras llegar ayer a su base de Puntales. / Jesús Marín

Hay días que parecen no acabar nunca. Algunos con varias horas más de las 24 de rigor. Los miembros del Servicio Marítimo de la Guardia Civil lo saben muy bien. Cinco de ellos, de patrulla durante la madrugada del martes en la Río Agueda, llegaron pasada la una de la tarde a la base naval de Puntales con el cansancio en sus rostros pero la satisfacción del trabajo bien hecho. No era para menos. Gracias a su actuación evitaron una tragedia que podría haber sido incluso mayor que la del pasado mes de noviembre, cuando una patera con 46 magrebíes se hundió frente a Caños de Meca y 26 de ellos fallecieron. Las imágenes de los cadáveres arrastrados hasta la playa por las olas siempre quedarán grabadas en la memoria de quienes las contemplaron. Hoy hubo una diferencia con aquel 5 de noviembre: la presencia de unos héroes vestidos de verde.

No recordamos una noche tan movida, porque cuando acabábamos con una patera nos daban otro aviso y teníamos que salir a por otra”, comentaba uno de los guardias ya en puerto.

Si bien todos los rescates fueron complicados, el tercero resultó angustioso por la peligrosidad de la zona hacia donde se dirigía la patera. “Llevaba 70 personas a bordo, sólo tres mujeres, y algunos menores. Habían estado intentando despistarnos para alcanzar la costa, pero tras soltar la caña la embarcación se dirigía peligrosamente hacia la Aceitera, una zona donde las corrientes hacen que el agua parezca hervir, de ahí su nombre”, explican.

La costa cercana a Trafalgar y Caños de Meca se caracteriza no sólo por las fuertes corrientes sino también por los bancos de arena existentes, auténticas trampas mortales para este tipo de pateras con la bajamar. Los agentes recuerdan perfectamente la secuencia de los hechos. “Los detectamos y nos acercamos con cuidado. Al vernos se pusieron nerviosos, a levantarse, a gritar Marruecos no, Marruecos no... Temimos que con el balanceo y las corrientes la patera volcara, lo que habría sido fatal”. Cuentan los agentes que la mayoría no sabía nadar y que apenas unos pocos venían con llantas de ciclomotores atadas a la cintura a modo de salvavidas. “Los alumbramos y vimos que no íbamos a poder abarloarnos a su lado, así que lanzamos una lancha pequeña con dos compañeros para que les ayudaran”.

Uno de ellos fue finalmente el que consiguió subir a la patera y hacerse un hueco mientras su compañero, desde la lancha, les pedía que se sentaran. Esta mañana contaba cómo vivió ese momento. “Lo único que queríamos era sacarlos de esa zona porque estábamos viendo que podían volcar. En el mar las distancias engañan, estás viendo las luces de los Caños ahí en frente, pero hay kilómetro y medio, con corrientes, agotados tras una larga travesía”.

En el mismo lugar naufragó otra con un resultado trágico el pasado noviembre

Una vez que el agente pudo volver a arrancar el motor viró en redondo y dirigió la patera hasta una zona más tranquila cercana a Barbate, donde ya fueron trasladados a una patrullera de Salvamento Marítimo que les llevó hasta Algeciras.

La patera en cuestión, de madera, salió de Kenitra, en la costa marroquí. Desde allí realizó una travesía que pudo haber acabado en tragedia si no hubiera sido por la intervención de la Guardia Civil y de la valentía de estos agentes, que recibían la felicitación de sus compañeros en la base de Puntales. Sin importar el cansancio tras 27 horas de servicio, ni el peligro corrido, solo las vidas humanas salvadas. Y una vez que los cinco héroes volvieron a puerto, otros, igual de dispuestos, igual de anónimos, los sustituyeron, en una misión sin descanso y que se prevé cada vez más intensa ahora que el buen tiempo va a ser la nota predominante en el Estrecho. Ninguno quiere volver a tener que llevar en sus patrulleras los cadáveres de jóvenes que se lanzaron al mar buscando una vida mejor y acabaron dejándosela en el camino. Por eso no dudan en poner la suya en juego con el único propósito de salvarlos.

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