La tribuna

Rufián, no; Maíllo, sí

Rufián, no; Maíllo, sí
Rosell
Juan Ramón Medina Precioso
- Biólogo Y Escritor

Para saber cómo piensan los separatistas catalanes basta leer a la filóloga Meritxell Laval: “Ya estoy impaciente por ver cómo nos atienden en catalán en todos los servicios públicos (hospitales incluidos), cómo se obliga a los recién llegados a hablar en catalán si quieren vivir y trabajar en Cataluña, cómo el dinero de nuestros impuestos se queda en Cataluña y no se va a las Españas… en definitiva, cómo Cataluña deja de ser uno de los territorios más pobres y maltratados de Europa”.

En esa línea, que no beneficia a los trabajadores de Algeciras, fue elegido diputado Gabriel Rufián por Izquierda Republicana de Cataluña. Lo logró en enero de 2016 y anunció que solo estaría dieciocho meses, plazo en el que Cataluña sería una nación independiente. Quería decir dieciocho años: lleva diez años y su ambición es culminar los ocho que le faltan. De ahí que se alarmase y se cabrease cuando se enteró que Junqueras andaba pensando en Jordi Albert y Elisenda Alemany, sendas figuras autonómicas de IRC, para sustituirlo. Rápido de reflejos, Rufián ideó su propuesta de que todos los partidos de extrema izquierda llegasen a un acuerdo preelectoral. Esos partidos caen en dos grandes grupos: españolistas (Izquierda Española y Frente Obrero) y plurinacionales, que son todos los demás. A su vez, estos se reparten en tres grupos: estatales (Izquierda Unida, Podemos y Movimiento Sumar), regionales no separatistas (Más Madrid, Comunes de Cataluña, Junta Aragonesista, Compromiso y Adelante Andalucía) y regionales separatistas (IRC, Reunirse y BNG). Con esos datos podemos analizar la propuesta de Rufián.

–¿En qué la basa? En el miedo. Pero no a perder su escaño, sino a Vox.

–¿Qué puntos tendría su programa? Antifascismo, dignificación de la vida, autodeterminación y grupo parlamentario plurinacional coordinado.

–¿Es verdad que todos esos partidos quieren lo mismo? La extrema izquierda estatal sería torpe si aceptase el monopolio sobre los impuestos que quieren los separatistas, pues se cargaría las transferencias de las regiones ricas a las pobres.

–¿Qué propone Rufián? Que solo se presente en cada provincia una lista de extrema izquierda.

–¿Cómo se lograría? Renunciando todos los partidos a presentarse salvo el que tenga más implantación en esa provincia.

–¿Y no sería más fácil que solo se presentasen los socialistas?

–¿Qué problemas tendría eso? Que muchos separatistas y comunistas no votarían esa lista única. Cuando el comunista Paco Frutos y el socialista Joaquín Almunia formaron una coalición, fracasaron estrepitosamente.

–¿A qué partidos beneficiaría si se limitase a la extrema izquierda? A los partidos regionales no separatistas, que se librarían de la competencia de los izquierdistas estatales.

–¿A qué partidos perjudicaría? Esencialmente, a los estatales, que tendrían que renunciar a presentarse en todas las provincias donde existiesen partidos separatistas o regionales no separatistas.

–¿Habría alguna excepción a esa regla? Movimiento Sumar, que apenas tiene implantación en ningún sitio.

–¿Qué pasaría con los partidos separatistas? Es dudoso. Por un lado, se beneficiarían de la retirada en sus provincias de los demás partidos de extrema izquierda; por otro lado, se diluiría su mensaje separatista al combinarse con el de partidos plurinacionales, pero no separatistas.

–¿Qué han decidido? Tanto Reunirse (Bildu) como BNG e IRC han declarado que no aceptan la propuesta. El portavoz de Reunirse incluso ha dicho que son de izquierdas, pero antes son vascos.

–¿Qué dirán los otros partidos? Previsiblemente, Movimiento Sumar y los regionalistas no separatistas aceptarán, pero IU y Podemos se negarán.

–¿Qué harán entonces? Podemos se presentará por su cuenta e IU en coalición con los que quieran unirse.

–¿Quién sería el líder de esa coalición? Sería absurdo que un separatista la liderase. Es probable que repita Yolanda Díaz, pues tiene la ventaja de no representar a ninguna fuerza importante. No obstante, esperará a que se lo ofrezcan, que ha sido su línea habitual. El líder natural sería Maíllo, pero dice que prefiere competir en Andalucía. Sin embargo, sería bueno para la extrema izquierda que, al igual que hizo Anguita, liderase la coalición: IU tiene cuatro décadas y es solvente en su sector.

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