Pequeñas posesiones

Ángel Mendoza

La voz de Cádiz

08 de marzo 2014 - 01:00

No hay de qué preocuparse si la final del Falla coincide en la programación con La Voz Kids, salvo que tengas una hija en edad de alucinar con La Voz Kids. A los no iniciados les diré que La Voz Kids es una versión evolucionada de aquellos concursos radiofónicos que ganaban Joselito o Marisol, sólo que ahora los críos no vienen de aldeas subdesarrolladas, sufriendo caritas de postguerra, sino de grandes ciudades, luciendo braques y ropita del Zara. Así que la compatibilidad horaria es un problema porque este año, por fin, te has decidido a escuchar agrupaciones, tras lustros de alejamiento, y a hacerlo, además, acompañado de tu heredera en el mundo, con idea de que conecte de forma activa con sus tradiciones más próximas.

¿Y por qué tan veterano alejamiento? Porque eres un carca -es problema mío- que tiene idiealizado el Falla de cuando no se veía en la tele, de cuando las coplas olían a pólvora, ponían de verdad voz a la voz del pueblo, y se prendían de la memoria de la gente por los atributos que definen a una copla: la letra y la música. Lo que vino después no me gustó tanto, es decir, cuando la vista empezó a ganar al oído, el adocenamiento televisivo a la rebeldía radiofónica , y los decorados super fashion a los cuatro trapos que caracterizaban a una comparsa sin necesidad de agujas de oro, de plata o de bronce. Total, que después de negociarlo con la niña nos sumergimos en la Gran Final para disfrutarla y dejarnos embargar por el entusiasmo de ser de aquí. El caso es que lo único que me embargó de verdad fue la nostalgia (y a ella,el aburrimiento) porque cuando escuché un cuarteto -gente de veitipocos años que llevaban como figura central a un jorobado- eché de menos al pusilánime Masa y al irreverente Peña, quienes hacían el humor grueso más fino que se ha visto nunca. Y cuando esuché las chirigotas -una haciendo bailecitos medio provocativos con canciones de Georgie Dann- eché de menos ese tiempo en el que las de Paco Rosado aunaban elegancia, retranca e inteligencia en un envoltorio musical armonioso hasta la emoción. Y escuchando a Antonio Martín eché de menos a Antonio Martín, autor de comparsas cuyas cintas de casette (de Entre rejas para atrás) yo acababa siempre cargándome de ponerlas tantísimas veces.

En fin, que acabé pasándome a La Voz Kids, porque para ver a andaluces haciendo de andaluces prefiero a Bisbal y a Rosarillo.

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