Pequeñas posesiones

ángel Mendoza

La voz de Cádiz

No hay de qué preocuparse si la final del Falla coincide en la programación con La Voz Kids, salvo que tengas una hija en edad de alucinar con La Voz Kids. A los no iniciados les diré que La Voz Kids es una versión evolucionada de aquellos concursos radiofónicos que ganaban Joselito o Marisol, sólo que ahora los críos no vienen de aldeas subdesarrolladas, sufriendo caritas de postguerra, sino de grandes ciudades, luciendo braques y ropita del Zara. Así que la compatibilidad horaria es un problema porque este año, por fin, te has decidido a escuchar agrupaciones, tras lustros de alejamiento, y a hacerlo, además, acompañado de tu heredera en el mundo, con idea de que conecte de forma activa con sus tradiciones más próximas.

¿Y por qué tan veterano alejamiento? Porque eres un carca -es problema mío- que tiene idiealizado el Falla de cuando no se veía en la tele, de cuando las coplas olían a pólvora, ponían de verdad voz a la voz del pueblo, y se prendían de la memoria de la gente por los atributos que definen a una copla: la letra y la música. Lo que vino después no me gustó tanto, es decir, cuando la vista empezó a ganar al oído, el adocenamiento televisivo a la rebeldía radiofónica , y los decorados super fashion a los cuatro trapos que caracterizaban a una comparsa sin necesidad de agujas de oro, de plata o de bronce. Total, que después de negociarlo con la niña nos sumergimos en la Gran Final para disfrutarla y dejarnos embargar por el entusiasmo de ser de aquí. El caso es que lo único que me embargó de verdad fue la nostalgia (y a ella,el aburrimiento) porque cuando escuché un cuarteto -gente de veitipocos años que llevaban como figura central a un jorobado- eché de menos al pusilánime Masa y al irreverente Peña, quienes hacían el humor grueso más fino que se ha visto nunca. Y cuando esuché las chirigotas -una haciendo bailecitos medio provocativos con canciones de Georgie Dann- eché de menos ese tiempo en el que las de Paco Rosado aunaban elegancia, retranca e inteligencia en un envoltorio musical armonioso hasta la emoción. Y escuchando a Antonio Martín eché de menos a Antonio Martín, autor de comparsas cuyas cintas de casette (de Entre rejas para atrás) yo acababa siempre cargándome de ponerlas tantísimas veces.

En fin, que acabé pasándome a La Voz Kids, porque para ver a andaluces haciendo de andaluces prefiero a Bisbal y a Rosarillo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios