José Antonio Hidalgo

La vergüenza de Cádiz

HOY será el día de las protestas, de las culpas; mañana, todo se habrá olvidado y el edificio ya abandonado del Valcárcel se convertirá en un ejemplo más de Cádiz, cuyo nombre debería de aparecer en el Real Diccionario de la Academia como ejemplo de desidia, desprecio, aburrimiento, dejación.

La empresa Zaragoza Urbana debería de estar realizando, en estos días de octubre de 2010, trabajos de mantenimiento del Hotel, encalando fachadas, retocando lo dañado en un edificio que debería de haber cumplido sus tres primeros años de funcionamiento. Así sería si se hubieran cumplido los plazos comprometidos en 2003. Porque siete años después de ideada la conversión del colegio en hotel, todo sigue como estaba. Sin embargo, la promotora se ha gastado decenas de miles de euros en pagar a Diputación parte del dinero comprometido y en pagar también lo ya realizado por sus arquitectos. Y al final, para nada.

Ya nos hemos lamentado desde estas páginas de la oportunidad perdida por Cádiz para contar con un complejo hotelero de lujo; ya hemos mirado con asombro y preocupación ciudadana el espectáculo dado por todas, todas las administraciones en este proceso; ya nos hemos lamentado de la pasividad, el silencio de la ciudadanía ante el incumplimiento de la función principal de sus políticos, que es el trabajo por el bien de la ciudadanía; y el que nadie haya levantado la voz como queja por este proyecto perdido. Ya hemos mostrado nuestra sorpresa por el silencio de una ciudad que deja perder un inversión privada millonaria, única en su historia sin que pase nada, sin que nadie se disculpe, sin que nadie dimita.

Así estamos. Esto es Cádiz. Con el Bicentenario a la vuelta de la esquina. Cádiz, la ciudad que pierde.

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